Insy Mendoza
El Diario de Hoy
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Estreno. En su pobreza, la donación significa un importante cambio para los escolares. Foto EDH |
Las sonrisas de decenas de niños sirvieron como marco para recibir ayer al empresario Geovanni Ayala, quien visitó el centro escolar Flor de Mangle, en el cantón El Volcancillo.
El llegó en un pick up y al verlo, muchos infantes saltaban y gritaban entusiasmados, Les llevaba un regalo que nunca esperaron tener: Treinta pupitres e igual número de paquetes de material didáctico para facilitar sus clases.
“Les entrego estas cosas y espero que les sirvan”, resumió su discurso.
Avila conoció las necesidades de esta comunidad y en particular de la escuela, por una publicación de El Diario de Hoy hecha el 27 de marzo. El lunes en la tarde hizo realidad su aspiración de ayudarles. Los niños ayudaron a descargar el vehículo.
Cada uno llevaba el pupitre que usará a cambio de los troncos de árboles, sillas prestadas e incluso recipientes de lata que les habían servido para sentarse.
Alegría
Glenda Interiano compartía la alegría de los niños.
Ella es la única docente en el sitio y sabe lo que significa la ayuda proporcionada.
“Gracias a El Diario de Hoy este señor se dio cuenta de nuestras necesidades y se interesó en ayudarnos”, expresó.
Ella indica que ahora la educación será más sencilla, aunque también carecen de pizarras, yeso y reciben clases en una champa con piso de tierra.
Elmer Martínez, presidente de la comunidad agradeció a Geovanni Avila por la colaboración entregada.
“A pesar de que las autoridades nos han olvidado hay personas de buen corazón que están pendientes de nosotros”, expresó muy emocionado.
Buscarán apoyo de más personas
Geovanni Ávila no está conforme con haber donado los pupitres y material didáctico.
Al conocer a los estudiantes y percatarse de las graves necesidades de la comunidad, adquirió un compromiso con los vecinos del sitio.
Les dijo que hará lo posible por interesar a otros empresarios y amigos para que colaboren a atender alguna de las muchas necesidades del centro de estudios.
El constató que en el sitio no hay servicio de electricidad y que la vivienda es un lugar humilde sin ninguna garantía de higiene o seguridad.
Es difícil que los pobladores ayuden por sus condiciones económicas.
La mayoría de ellos se dedica a labores del hogar, o a la obtención de cangrejos o curiles en un estero cercano.
Los más afortunados se dedican a labores agrícolas como asalariados.
Son muchos los vecinos que lamentan estar olvidados por la alcaldía, gobernación y por el gobierno central.
Hoy, sus esperanzas están puestas en la buena voluntad de un benefactor que no está satisfecho con el apoyo que les ha dado y quiere ayudarles mucho más a mejorar.
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