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Cultura del ahorro
La conservación ambiental

La educación sobre la racionalización de los recursos a temprana edad es un tema muy importante, dado que esos son los hábitos que ellos llevan aún al ser adultos.

Publicada 11 de mayo de 2006 , El Diario de Hoy

Takayoshi José Yamagiwa*
El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com

Siendo ciudadano de dos culturas muy distintas y habiendo vivido en esas realidades, he tenido la suerte de poder comparar las dos, considerando varios aspectos para sustraer lecciones de una para la otra. En esta ocasión quisiera concentrarme en las lecciones de la cultura japonesa del ahorro, en el uso de los recursos naturales para la conservación ambiental y eficiencia económica de El Salvador.

Abordo este tema debido a la poca atención que pienso se le ha dado en El Salvador, por su relativa sencillez de aplicación, y por los enormes beneficios potenciales ambientales y económicos que puede traer el hábito del ahorro. También es importante señalar que el tema del ahorro de los recursos naturales es especialmente importante, dada la coyuntura en la cual el precio del petróleo sigue aumentando, se considera la necesidad de racionar la energía eléctrica, y varias comunidades sufren de la escasez del suministro del servicio del agua.

En Japón el ahorro de los recursos es un asunto que es parte de la cultura, que tiene su origen en la relativa escasez de recursos naturales de ese país. Por esto, la racionalización del uso de los recursos se ve en varios ámbitos, incluyendo lo que se le inculca a los niños desde muy pequeños. La educación sobre la racionalización de los recursos a temprana edad es un tema muy importante, dado que esos son los hábitos que ellos llevan aún al ser adultos.

Para comenzar, prácticamente todos los focos que se usan en Japón son de luz fluorescente en vez de incandescente, lo que resulta en un tremendo ahorro en el uso de la energía eléctrica. Además, a los pequeños niños se les educa, usando la palabra mottainai, la que significa “¡Qué desperdicio!”, que sólo las lámparas cuya luz se está utilizando deben estar encendidas.

Se acostumbra también en el verano caluroso de Japón, establecer una temperatura relativamente alta para el uso del aire acondicionado. Así, cuando se acostumbra mantener a 21 grados centígrados los aparatos en El Salvador, en Japón se establecen a 26 grados o más, tal como el señor Embajador del Japón señaló en una entrevista a este periódico hace unos días.

Naturalmente la lógica del ahorro aplica al uso no sólo de la electricidad, sino también del agua y cualquier otro recurso. Para promover el uso racional de los recursos, en los lavamanos e interruptores de las luces eléctricas y aparatos de aire acondicionado en Japón se encuentran calcomanías que constantemente recuerdan ahorrar los recursos.

En parte, gracias a estas prácticas, a pesar de que la riqueza económica per cápita de Japón (Ingreso Grueso Nacio-nal de US$33,860) es superior al promedio de los países de alto ingreso ($28,177), lo es usando menos energía (4,053 kg de equivalente de petróleo per cápita), que el promedio de los países de alto ingreso (5,409 kg), según el Infor-me de Desarrollo Mundial del Ban-co Mundial para el año 2003.

Comparando con El Salvador ($2,180 y 675 kg), Japón es unas 15 veces más rico, pero sólo usa 6 veces más energía que El Salvador. Con estos datos, no sólo se puede entender el relativo poco impacto que tiene la economía japonesa en el medio ambiente, sino también la eficiencia de dicha economía con respecto a los recursos naturales.

Dado que El Salvador también es un país con pocos recursos naturales, a lo que se agrega la pobreza en que se encuentra una buena parte de la población, la cultura del ahorro de Japón ofrece un modelo que se debería de seguir.

Se deberían de hacer campañas permanentes de concientización tanto a los adultos como a los jóvenes del uso racional de los recursos. Además, el sector privado debería de estar atento al uso consciente de los recursos naturales, adoptando programas como el de cobrar a los usuarios por el uso de bolsas de plástico en los supermercados, tal como se hace en Alemania. Este tipo de programa no sólo es amigable al medio ambiente, pero también puede ser rentable para la empresa y podrían ahorrarle al país divisas. Cambios de actitud simples pueden hacer grandes diferencias para el medio ambiente.

*Ph.D. (doctorado) en Economía y consultor independiente. tyamagiwa@gmail.com

 

 

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