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La
Nota del Día
En la cima mundial sin un doctorado
Casi sin excepción los que llegan
arriba son unos apasionados de su trabajo, son innovadores, son responsables
y saben interactuar con sus compañeros de labores y el público.
Publicada 11 de mayo de 2006 , El Diario de Hoy
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| El
Diario de Hoy
editorial@
elsalvador.com
Klaus Peter Löbbe, presidente y jefe ejecutivo de BASF, uno de
los más poderosos conglomerados químicos del mundo, cuenta
en una entrevista del New York Times que de joven soñaba con graduarse
como doctor en ciencias, para poder escalar en una industria que amaba.
Ese sueño, doctorarse, nunca lo realizó, pero sí
el otro, de llegar a la cúspide en una empresa de primer rango
mundial.
En una época se pensaba que alcanzar las más altas posiciones
estaba casi reservado a militares, profesionales, curas o miembros de
grandes familias; era proverbial que un padre prudente dedicaba un hijo
a la milicia, otro al sacerdocio, otro a las profesiones y un cuarto al
servicio gubernamental. Pero en la práctica la vida traía
sorpresas; muchas fortunas se hicieron al margen del molde. De allí
que, como ejemplo, en nuestro país ha habido un vigoroso proceso
de cambio social y empresarial, al punto que son muy raras las familias
que logran sostener un liderazgo a través del tiempo. “Los
catorce” de hace cien o cincuenta años, son muy distintos
a los de hoy; “no hay pájaros de antaño en los nidos
de hogaño”.
A lo largo de la historia, grandes conductores de pueblos han surgido
de los más bajos estratos poblacionales. Hubo califas que iniciaron
como esclavos, reyes pastores (el mítico David de Jerusalem), príncipes
y duques que en su adolescencia fueron soldados rasos. Uno de los banqueros
más connotados de la historia española reciente, entró
a trabajar como mensajero en una sucursal de provincia; el fundador de
Walmart era agente de ventas de Sears.
Pero casi sin excepción los que llegan arriba son unos apasionados
de su trabajo, son innovadores, son responsables y saben interactuar con
sus compañeros de labores y el público. El presidente de
BASF cuenta que por no ser ingeniero, ni mucho menos doctor, no participó
nunca en las investigaciones ni en la práctica de laboratorio.
En lo que sobresalió fue en encontrar cuáles eran las necesidades
de los clientes de BASF y poner en movimiento los procesos que conducen
a desarrollar productos que el público requería, a precios
competitivos. Inspirar a otros y mover a su empresa en la dirección
correcta, ha sido su decisiva fortaleza.
10% inspiración, 90% transpiración
Esto nos lleva a un aspecto de capital importancia: que los jóvenes
deben educarse y disciplinarse en los campos que han escogido, pero sin
olvidar que tener los pies en la tierra y tratar bien con la gente son
características tan valiosas como saber de química o sobresalir
como investigador. Además no se debe olvidar que en la actualidad,
los avances científicos y tecnológicos vuelven obsoleto
cualquier aprendizaje o profesión que se haya hecho. Como lo dijo
a un grupo de graduados Samuel Quirós al recibir un doctorado,
el verdadero estudio y la real enseñanza se descubren una vez que
se dejan las aulas universitarias.
Los jóvenes salvadoreños deben saber que “el cielo
es el límite” para sus anhelos, pero que el éxito
es siempre resultado de un diez por ciento de inspiración y un
noventa por ciento de transpiración, vale decir de mucho esfuerzo
y perseverancia. Lograr que tengan esa visión y espíritu
es la gran tarea de las universidades del país.

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