The New York Times
BOB DART
El
Diario de Hoy
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| Incorporación. Más hispanos están siendo contratados en las zonas devastadas por el huracán Katrina. Foto:
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WAVELAND, Missouri -- Lucio abrió su tienda de abarrotes Mundo Latino Grocery hace poco, entre las chozas de ostiones y de barbacoa en la carretera federal 90.
En un estado donde la Oficina del Censo dijo que sólo 1.7 por ciento de la población era hispana en 2004, la nueva tienda con estantes llenos de comestibles con etiquetas en español es otro signo de cómo la peor tormenta en la historia de Misisipi ha cambiado la cultura costera, quizá para siempre.
“Vi a todos estos trabajadores hispanos que llegaban a trabajar en la construcción después de Katrina” en agosto pasado, dijo el propietario Mario Cano, quien perdió su restaurante de comida mexicana y su casa cerca de esta localidad, en Pass Christian.
“Estuve esperando a la FEMA (Administración de la Pequeña Empresa), a todos esos organismos, para que me ayudaran a reconstruir. Sin embargo, no llegaba nada”, dijo. “Tengo cuentas que saldar y una familia que mantener”.
Vio un nuevo nicho de mercado y le entró. “Almacené productos latinos. El tipo de alimentos que no podían encontrar en Wal-Mart”, explicó Cano. “Estoy construyendo una cocina en la parte de atrás para preparar comida caliente para llevar”.
En efecto, la Súper Horchata, una bebida en polvo de El Salvador, y las bebidas Goya de frutas ahora están junto a las jarras de té helado dulce y las latas de “root beer” Barq en refrigeradores en los centros de trabajo a lo largo de la golpeada costa del golfo en Misisipi.
Entre una población local menguada que aún vive en tráileres proporcionados por el gobierno, hay un acuerdo generalizado de que los trabajadores latinos -- muchos de los cuales están ilegalmente aquí -- están en extremo necesitados.
“Ahora la gente no puede encontrar empleados. Es una de las razones por las que usted puede ver trabajadores migrantes”, dijo John Thomas Longo, alcalde de esta ciudad costera donde Katrina demolió o dañó 95 por ciento de las estructuras residenciales y comerciales. “Y aportan algunas habilidades necesarias como cortar las copas de los árboles”.
“Los trabajadores hispanos están haciendo la mayor parte del trabajo de recuperación y limpieza”, dijo Bill Chandler, presidente de la Alianza por los Derechos de los Inmigrantes de Misisipi. “Pienso que una mayoría de habitantes de la costa realmente aprecia el trabajo que están haciendo”.
Hasta antes de la reciente afluencia, Misisipi estaba entre los estados con menos hispanos del país. La Oficina del Censo estimó que había 49,000 habitantes hispanos en 2004 o 1.7 por ciento de la población total, lo que lo colocaba en el lugar 46 entre los 50 estados.
Fue una estimación baja, dijo Chandler. Incluso antes de Katrina, dijo, la industria avícola, los casinos de apuestas y los hoteles del estado estaban empleando cantidades significativas de trabajadores hispanos.
Ahora, contando los trabajadores de la reconstrucción después de Katrina, Chandler estimó que ahora hay alrededor de 120,000 hispanos en el estado.
El aumento en la cantidad no ha pasado desapercibido.
A principios de este año, el auditor estatal Phil Bryant emitió un informe en el que dice que los inmigrantes ilegales les cuestan a los contribuyentes de Misisipi alrededor de 25 millones de dólares al año por servicios como atención médica y educación.
El informe recomienda que “cualquier dependencia estatal o del gobierno local que no tenga específicamente prohibido por ley debería intentar contar los inmigrantes ilegales con el único propósito de obtener un panorama preciso de cuántos hay en Misisipi y los costos asociados con el uso que hacen de servicios y programas gubernamentales”.
Los defensores de los inmigrantes dijeron que el informe no explica la contribución a la economía y a los ingresos fiscales que los trabajadores hispanos han hecho durante los trabajos de recuperación tras los daños causados por Katrina.
Los contratistas privados de la reconstrucción “son prácticamente toda la economía que hemos tenido”, dijo el alcalde Longo de un ciudad cuya población aún es de menos de la mitad de lo que era antes de Katrina.
En Waveland y en Bahía San Luis, que está junto, dijo, los trabajadores de la recuperación sobrepasan en número a los habitantes que han regresado.
Desempleo nulo
Los ingresos fiscales por las ventas de alrededor de 150,000 dólares al mes -- en gran medida generados por las compras que hacen los trabajadores de la recuperación -- mantiene a flote al gobierno local, dijo. El desempleo es prácticamente nulo, así es que la competición por los empleos no es un tema.
La mayoría de los trabajadores hispanos trabaja para un subcontratista, dijo Chandler, y muchos han sido tratados injustamente.
“Algunos contratistas decidieron que los iban a hacer trabajar y a no pagarles”, dijo.
El Departamento del Trabajo, actuando en función de demandas presentadas por la Alianza por los Derechos de los Inmigrantes de Misisipi, ha recaudado casi 142,000 dólares de un solo subcontratista, dijo Chandler.
El propio grupo por los derechos de los inmigrantes, usando “campañas para avergonzar” y amenazando con solicitar la acción federal, ha recuperado casi 600,000 dólares en salarios no pagados a trabajadores hispanos explotados, dijo.
Victoria Lipnic, la secretaria asistente del trabajo para estándares en el empleo, dijo que la Ley de Normas para el Trabajo Justo se aplica a todos los trabajadores y el departamento no revisa la situación migratoria. “Si se trabaja, se debe recibir la paga”, dijo Lipnic a The Wall Street Journal.
“Que tengan documentos o no es algo que no está dentro de nuestra jurisdicción”, recalcó la funcionaria.
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