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Dejan Diálisis

En el Hospital Rosales fallecen 14 pacientes por insuficiencia renal al mes, y en el Seguro Social la cifra llega a los 20, pero podría ser superior. Más de 30 de los nuevos pacientes que consultan al mes ya no regresan. Un estudio preliminar revela que el abandono del tratamiento está ligado al temor al doloroso tratamiento.


Publicada 9 de mayo de 2006 , El Diario de Hoy

Favorecido. Son pocos los pacientes que son tratados con el método de la hemodiálisis. Foto EDH
Yamileth Cáceres
El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com

El dolor que Roberto Blanco siente cada vez que le hacen la diálisis, muchas veces le ha quitado el deseo de continuar con su tratamiento en el Hospital Rosales. Sin embargo, continúa la dolorosa lucha para sobrevivir, con un catéter rígido que le atraviesa el estómago y sirve para purificarle el cuerpo.

En ese centro de atención registran casi cuatro muertos por semana a causa de la insuficiencia renal, aunque la cifra de fallecidos a nivel nacional sería 16 veces mayor, si se toma en cuenta que sólo uno de cada cuatro enfermos llega a ese hospital.

En el Rosales atienen entre 50 y 60 casos nuevos al mes, pero no todos continúan el tratamiento sustitutivo. Únicamente diez ó doce de ellos se quedan en diálisis peritoneal, por lo que Ricardo Leiva, jefe de Nefrología, presume que el resto muere.

Para él, la principal razón por la que ya no regresan los pacientes es por la falta de recursos económicos, ya que la mayoría se desplaza desde cantones lejanos.

Área del hospital Rosales está sobre saturada

Paciencia. Los enfermos deben esperar hasta una semana por una diálisis. Foto EDH

Muchos de ellos deben esperar entre tres o cuatro días en la sala de emergencia por una cama para que le hagan la diálisis, lo que implica más gastos.

Esta situación se debe a que el servicio está sobre saturado. En el área solamente atienden a 180 de los 310 procedimientos de este tipo; también hay 50 en el programa ambulatorio y 98 en hemodiálisis.

Es decir, que 130 personas están distribuidas en diferentes áreas del hospital. “No regresan y como es una enfermedad que sino se trata adecuadamente la gente fallece al cabo de unas semanas o meses”, comentó Leiva.

El también nefrólogo Ramón García Trabanino maneja otra teoría del porqué los enfermos abandonan el tratamiento: los que reciben diálisis peritoneal con catéter rígido se mueren. “La gente lo sabe, por eso ya no regresan”.

Sus opiniones las sustenta en el estudio denominado “Sobrevida de pacientes con enfermedad renal terminal en el hospital Rosales”.

Para la investigación tomó una muestra de 202 personas que llegaron a consultar entre 1999 y el 2000. De ellos se excluyeron a 15 y de los 187 que quedaron sólo uno estuvo en hemodiálisis.

Los resultados preliminares demostraron que después de 18 meses, fallecieron todos los que recibieron diálisis peritoneal intermitente con catéter rígido.

El informe reveló que el 71 por ciento de ellos (132 pacientes) murió al mes de iniciar el tratamiento. A esa fecha sobrevivían sólo 54, que representaban el 29 por ciento.

A los tres meses, sólo vivían 41. Nueve meses después quedaban 12 pacientes en diálisis peritoneal, quienes fallecieron, luego de permanecer 18 meses en tratamiento.

De éstos únicamente el 24 por ciento falleció en el hospital. Se estima que el resto de defunciones ocurrieron en sus domicilios, aunque esto está pendiente de confirmar.

Trabanino explicó que aún no han terminado de levantar el censo debido a la falta de recursos para contratar a un encuestador que revise las actas en las alcaldía.

Ante tan desesperante panorama, muchos prefieren morir en sus viviendas antes que someterse a la diálisis con catéter rígido, porque este es muy doloroso y cada vez que les realizan una sesión deben pincharles el estómago con una varilla de hierro.

Roberto Blanco es uno de esos enfermos que se somete a ese difícil tratamiento. “Duele, por veces se me va la voluntad por el sufrimiento que uno pasa”.

Blanco tiene 40 años y asiste desde el 2004 al Rosales para que le realicen la diálisis, aunque su deseo es que le pongan un catéter blando para que ya no le pinchen el estómago.

Pero no cuenta con los recursos para comprarlo. Su trabajo en la agricultura no le permite gastar 270 dólares para adquirir el equipo.

El doctor Leiva explicó que muchos pacientes son tratados con un catéter blando en el Hospital Rosales, aunque el costo es elevado.

Piensan abrir otro turno de hemodiálisis

Uno de los mejores programa es la hemodiálisis (limpieza exterior de la sangre), sin embargo, en el sistema público sólo hay 129 personas son atendidas con este método.

En el Rosales, que es el centro con mayor demanda, cuentan con 16 máquinas (en el 2005 solo tenían la mitad de esas). Para este año, piensan habilitar un turno más y atender a 16 personas.

Pese al esfuerzo, el doctor Leiva sostuvo que es imposible tener más pacientes en esta área porque están sobre saturados.

Para atender la demanda tendrían que tener más equipo y personal. “Con la cantidad de pacientes que tenemos creo que ningún país podría soportarlo presupuestariamente”, concluyó el nefrólogo.


Varias posturas

Tres especialistas en nefrología vierten sus posiciones referente a las causas que podrían originar una alta tasa de incidencia de la insuficiencia renal. En el país, las cifras están por encima los parámetros internacionales.

Ramón G. Trabanino Sostiene que el país tiene una tasa de incidencia de insuficiencia renal diez veces más alta que el resto de los países. Para determinar qué pasa, se realizado una serie de investigaciones. El hizo algunas en las que descarta la incidencia de los pesticidas. Los resultados establecen que el trabajo extenuante, las jornadas largas bajo el sol, el consumo de alcohol de mala calidad y la automedicación son las principales causas .

Raúl Palomo. La teoría de él es otra. Sus estudios indican que la principal causa de la enfermedad es la diabetes y la hipertensión por lo que han desarrollado un plan de control y prevención. Basa su afirmación en una investigación realizada en Candelaria, Cuscatlán. En una muestra de 140 personas detectaron que el 49 por ciento de diabéticos tenían signos incipientes de insuficiencia renal y el 42 por ciento de los hipertensos.

Ricardo Leiva. Para él, jefe de nefrología del hospital Rosales, el problema que experimenta el país está asociado al uso de los pesticidas. Esta afirmación la sustenta en un estudio preliminar que realizaron con la OPS y otras investigaciones de expertos en el área. Comentó que la mayoría de los pacientes son hombres que trabajaron en la agricultura y en la zafra por lo que están expuestos a estas sustancias venenosas.


Rufino esperó siete días por una cama

Los minutos se vuelven eternos cuando el dolor aqueja. La falta de una cama para recibir el tratamiento desesperaba aun más a Rufino Interiano, quien es uno de los tantos enfermos que ha tenido que esperar más de un día para que le hagan la diálisis peritoneal con catéter rígido.

Esta vez, con más suerte Rufino, solamente esperó cerca de 20 horas para encontrar un espacio vacío e iniciar el proceso a través del cual le limpian su cuerpo.

“No nos queda de otra, no tenemos otra alternativa”, comentó mientras esperaba en una cama en la unidad de emergencia del hospital.

Rufino llegó acompañado de su esposa, María, quien por segunda ocasión preparó en una mochila ropa para ambos. También llevó una toalla la cual le sirve para acostarse y cuidar el sueño de su esposo.

María extiende la toalla en el piso a los pies de Rufino y ahí pasa la noche entre los quejidos de los pacientes y el corre corre de los doctores en el pasillo.

Ella también porta una manta y unos hilos para bordar y así estrechar la larga espera.
“Uno se siente mal porque quisiera que lo atendieran rápido al verlo quejarse del dolor”, comentó la señora.

En el bolsón también lleva lo que puede para comer y así tener menos gasto durante la estancia en el centro médico.

Esta es la segunda ocasión en que Rufino se realiza la diálisis peritoneal y asegura que la primera vez espero siete días.

“La primera ocasión es peor porque uno no sabe cómo van a salir, uno se siente afligido”, expresó María.

Rufino dice que hace siete años le descubrieron la enfermedad, pero esta avanzó hasta llegar a la etapa final, sin embargo por temor no se había puesto en tratamiento.

“No quería aceptar la diálisis, vine porque ya no podía dormir y sentía que me ahogaba”, narró el señor.

Su temor era morirse con el tratamiento sustitutivo, ya que él ha escuchado que las personas no soportan el dolor cuando les hacen la diálisis y fallecen.

“Queda un dolor grande en el estómago, es lo que daña la manguera”, comentó mientras indica su cuerpo. Pero dice que no tiene otra alternativa.

Sabe que el trasplante es lo ideal para los pacientes con insuficiencia renal en etapa terminal pero sus condiciones no le permiten hacerse una operación.

Él y su familia se resignan y confían en la voluntad de Dios. Por el momento, no trabaja porque la enfermedad lo mantiene débil.

La enfermedad le surgió por su trabajo, ya que laboró durante 24 años de motorista en San Salvador. “Ahí uno se quema el cuerpo”, expresó.

A su cargo tienen dos hijos, quienes han tenido que buscar un trabajo para sostenerse.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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