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Tema sin polémica
Masificación y poder

Que considere polémico el discutir sobre el “matrimonio” entre homosexuales, cuanto que es un punto elemental, racional, natural, en el que es vergonzoso que siquiera se discuta sobre el mismo.

Publicada 9 de mayo de 2006 , El Diario de Hoy

Roberto López-Geissmann*
El Diario de Hoy

editorial@ elsalvador.com

Para algunos la masificación es una degeneración del sentido democrático, ya que lleva el igualitarismo al extremo, prescribiendo la disolución de la persona humana en una masa de individuos anónimos con aspectos similares, gustos análogos y opiniones parecidas..., cuando es que tienen alguna, que a menudo no es más que el reflejo de una manipulación de los medios.

Para otros no se trataría de una “degeneración”, sino por el contrario se explicaría por el hecho de llevar los principios básicos democráticos --en alianza con muchos “ismos” con los que navega hace rato-- a su evolución final, en este esquema no habría que extrañarse puesto que la masificación no sería sino una consecuencia lógica de aceptar el igualitarismo.

Por lo general el hombre promedio se manifiesta en contra de la masificación, afirma que es algo negativo, que debe actuarse para evitar que la sociedad se despersonalice y, claro está, considera que él mismo no es un hombre masa ni mucho menos. Acepta acaso alguna pequeña influencia. Pero honestamente cree que él no, que él definitivamente está lejos de ser eso tan horrible. Sin embargo el proceso de sorber el cerebro de la sociedad va mucho más allá de la afición por el fútbol, el consumo de comida chatarra o la tolerancia al fenómeno peligroso de ruido que se ha dado en llamar música moderna.

Todo lo anterior no es sino resultado de arrastre, consecuencia secundaria, fenómeno aleatorio, por más que conlleve ventajas mercantiles y que refuerce la corriente general. La esencia misma va a los centros de convicciones, creencias, mitos, valores y en general el imaginario histórico y el hacer cultural de las gentes. No es importante que sea adicto a la pizza o que no pueda vivir sin el celular.

Lo grave es que no vea siquiera las terribles crisis que están dándose en varias instituciones, incluyendo religiones. Que no encuentre polémica siquiera en aceptar la clonación, o crea que es un punto “superado” en el que se pierde el tiempo. Que acepte sin chistar como “racional”, progresista y adecuado la elección de gobernantes mediante el sistema de votaciones con que el mundo lo hace desde hace cientos de años, sólo porque así se viene haciendo y se les ha dicho que es lo correcto cientos de miles de veces... aunque el más mínimo esfuerzo serio, solitario, conciente y honesto le diga que es sumamente absurdo.

Que considere polémico el discutir sobre el “matrimonio” entre homosexuales, cuanto que es un punto elemental, racional, natural, en el que es vergonzoso que siquiera se discuta sobre el mismo y que debiera ser, como este mismo de la masificación, un tema sin polémica, de repudio general, para no dar lugar, abrir campo, permitir patente, dar derecho... a la charada, al absurdo extremo y a la burla cruel. (Masificación y poder).

Promoción o educación para la ignorancia

La promoción de muchas y variadas lecturas, un análisis múltiple de las mismas, la exigencia de formas diversas del pensamiento filosófico y político, enseñar a pensar, pedir que se profundice en los temas y que se enjuicie en base a argumentaciones serias... es lo contrario de lo que la modernidad prescribe.

Lo que busca es que la gente reaccione casi pavlovianamente (por reflejo condicionado); que le ponga atención a estrellas de cine, cantantes y hasta DJ`s, antes que a científicos, académicos verdaderos y filósofos; se le enseña a aceptar automáticamente la respuesta fácil, más cómoda, que implique el menor esfuerzo --esto es así en la explicación sociológica como en la religiosa-- y que defienda con argumentos baratos con garras y dientes cualquier situación que le cuestione el “no tener problemas” ni enfrentarse con nadie; busca, finalmente, que todo ello se tenga por el epítome de lo civilizado y correcto: el reino de la libertad y del máximo humanismo.

¿Y el poder? Debiera ser evidente que es de la conveniencia de más de un “poder” el articular una masa maniobrable, que pueda “pastoriarse” sin mucho sobresalto hacia y como se quiera. Ahora bien, la detenida reflexión del caso es que, si bien esto ya se ha intentado a través del Estado, los poderes se han dado cuenta que es muy difícil y no resulta. Que, con todo, es más factible lograrlo “desde fuera” del Estado (con una ayudita y la permisividad del mismo), por lo que el esfuerzo masificador pasa por el extremo empequeñecimiento del Estado, como reducto de la libertad, aunque se quiere hacer parecer todo lo contrario.

*Lic. en Ciencias Políticas.

 

 

 

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