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Para algunos la masificación es una degeneración del sentido
democrático, ya que lleva el igualitarismo al extremo, prescribiendo
la disolución de la persona humana en una masa de individuos anónimos
con aspectos similares, gustos análogos y opiniones parecidas...,
cuando es que tienen alguna, que a menudo no es más que el reflejo
de una manipulación de los medios.
Para otros no se trataría de una “degeneración”,
sino por el contrario se explicaría por el hecho de llevar los
principios básicos democráticos --en alianza con muchos
“ismos” con los que navega hace rato-- a su evolución
final, en este esquema no habría que extrañarse puesto que
la masificación no sería sino una consecuencia lógica
de aceptar el igualitarismo.
Por lo general el hombre promedio se manifiesta en contra de la masificación,
afirma que es algo negativo, que debe actuarse para evitar que la sociedad
se despersonalice y, claro está, considera que él mismo
no es un hombre masa ni mucho menos. Acepta acaso alguna pequeña
influencia. Pero honestamente cree que él no, que él definitivamente
está lejos de ser eso tan horrible. Sin embargo el proceso de sorber
el cerebro de la sociedad va mucho más allá de la afición
por el fútbol, el consumo de comida chatarra o la tolerancia al
fenómeno peligroso de ruido que se ha dado en llamar música
moderna.
Todo lo anterior no es sino resultado de arrastre, consecuencia secundaria,
fenómeno aleatorio, por más que conlleve ventajas mercantiles
y que refuerce la corriente general. La esencia misma va a los centros
de convicciones, creencias, mitos, valores y en general el imaginario
histórico y el hacer cultural de las gentes. No es importante que
sea adicto a la pizza o que no pueda vivir sin el celular.
Lo grave es que no vea siquiera las terribles crisis que están
dándose en varias instituciones, incluyendo religiones. Que no
encuentre polémica siquiera en aceptar la clonación, o crea
que es un punto “superado” en el que se pierde el tiempo.
Que acepte sin chistar como “racional”, progresista y adecuado
la elección de gobernantes mediante el sistema de votaciones con
que el mundo lo hace desde hace cientos de años, sólo porque
así se viene haciendo y se les ha dicho que es lo correcto cientos
de miles de veces... aunque el más mínimo esfuerzo serio,
solitario, conciente y honesto le diga que es sumamente absurdo.
Que considere polémico el discutir sobre el “matrimonio”
entre homosexuales, cuanto que es un punto elemental, racional, natural,
en el que es vergonzoso que siquiera se discuta sobre el mismo y que debiera
ser, como este mismo de la masificación, un tema sin polémica,
de repudio general, para no dar lugar, abrir campo, permitir patente,
dar derecho... a la charada, al absurdo extremo y a la burla cruel. (Masificación
y poder).
Promoción o educación para la ignorancia
La promoción de muchas y variadas lecturas, un análisis
múltiple de las mismas, la exigencia de formas diversas del pensamiento
filosófico y político, enseñar a pensar, pedir que
se profundice en los temas y que se enjuicie en base a argumentaciones
serias... es lo contrario de lo que la modernidad prescribe.
Lo que busca es que la gente reaccione casi pavlovianamente (por reflejo
condicionado); que le ponga atención a estrellas de cine, cantantes
y hasta DJ`s, antes que a científicos, académicos verdaderos
y filósofos; se le enseña a aceptar automáticamente
la respuesta fácil, más cómoda, que implique el menor
esfuerzo --esto es así en la explicación sociológica
como en la religiosa-- y que defienda con argumentos baratos con garras
y dientes cualquier situación que le cuestione el “no tener
problemas” ni enfrentarse con nadie; busca, finalmente, que todo
ello se tenga por el epítome de lo civilizado y correcto: el reino
de la libertad y del máximo humanismo.
¿Y el poder? Debiera ser evidente que es de la conveniencia de
más de un “poder” el articular una masa maniobrable,
que pueda “pastoriarse” sin mucho sobresalto hacia y como
se quiera. Ahora bien, la detenida reflexión del caso es que, si
bien esto ya se ha intentado a través del Estado, los poderes se
han dado cuenta que es muy difícil y no resulta. Que, con todo,
es más factible lograrlo “desde fuera” del Estado (con
una ayudita y la permisividad del mismo), por lo que el esfuerzo masificador
pasa por el extremo empequeñecimiento del Estado, como reducto
de la libertad, aunque se quiere hacer parecer todo lo contrario.
*Lic. en Ciencias Políticas.

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