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Diario de Hoy
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“Desde su oficina al fondo del casino “La Isla del Tesoro”,
Justim Beltram podrá, dentro de muy poco, cambiar instantáneamente
las ruedas de la fortuna en las tragaperras. Beltram está participando
en el desarrollo de una nueva tecnología que podrá cambiar
el “rostro” y las vísceras de las tragaperras. Con
unos cuantos clicks del ratón de su computadora, Beltram puede
reprogramar las mil setecientas tragaperras en el casino, fijando la cantidad
de las apuestas, los porcentajes de las ganancias y los temas de los juegos.
El propósito es captar más del dinero que los jugadores
llevan consigo a Las Vegas, dinero que ahora gastan en hospedaje, comida
y entretenimiento”.
Así describe el New York Times los “nuevos desarrollos”
en la industria de esquilmar tontos y viciosos. De acuerdo con sicólogos,
es posible, cambiando la relación entre chances, ganancias y frecuencia
de juegos, capturar sin posibilidad de escape a cualquier individuo que
se ponga a jugar en las tragaperras. “Sin posibilidad” mientras
le quede un penique en el bolsillo. Una vez que lo desvalijan, esta persona
puede volver a casa, para trabajar duro y regresar a otro despellejamiento.
Hay que partir de un hecho: que el jugador, a la larga, casi nunca sale
ganancioso. Su mejor oportunidad es que por una conjunción de astros
favorables, se haga de una parte de lo que otros pierden. Y el casino
se hace de la otra parte.
En los viejos y novelescos tiempos, cuando Montecarlo era “el”
lugar de las ruletas y el “blackjack”, los perdedores tenían
otra digna opción: ir al hermoso jardín que rodea el casino
y meterse un balazo en la cabeza. En Las Vegas no hay jardines con discretas
esquinas para tal faena.
Nadie sabe hasta dónde puede hundirse
Lo que se nos cuenta debe preparar a los jugadores a una nueva realidad:
que su fortuna se va a decidir, minuto a minuto, desde una celosamente
cerrada oficina del casino. Si comienza a ganar en demasía, le
voltean los chances, o se declara en quiebra el banco del casino, o le
prohiben volver a entrar. En la película “Casino”,
con Robert De Niro, a un hábil manipulador de cartas le rompen
los huesos de las manos para que deje de ganarle a los hábiles
manipuladores de cartas del propio casino.
Lo triste y asombroso es que los chiviadores saben estas cosas pero siguen
en su rollo. En El Salvador es tan grave el problema para muchas familias,
que han tenido que quitarle potestad financiera a algunos de sus miembros.
Al quedarse sin dinero, las muchachas enviciadas se dan a la prostitución
y los muchachos enviciados al comercio de droga para seguir chiviando.
La gente en su mayor parte cree que los vicios están limitados
al consumo físico de alcohol, estupefacientes y tabaco, sin concebir
que el juego afecta la misma zona del cerebro que es vulnerable a la heroína.
Un jugador puede caer en la total de las depravaciones; no sucede a todos
pero le pasa a muchos, sin que nadie sepa de antemano si será o
no una víctima más. Lo triste es que los tahúres
han comprado voluntades en todas las esferas del Estado para que nadie
los toque y puedan seguir en su diabólico negocio.

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