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A 60 años de el principito

El extraño niño de pelo rubio y capa azul apareció en la mente de su creador mucho tiempo antes de que escribiera la obra literaria. En 2006, Francia recuerda las seis décadas desde su publicación


Publicada 7 de mayo 2006, El Diario de Hoy

Dorette Lehman
El Diario de Hoy
vida
@elsalvador.com
Escritos. El principito ha sido inspiración de otros libros. Ha sido traducido a 160 lenguas.Foto EDH

Francia conmemora este año el Sesenta Aniversario de la publicación de la obra de Antoine de Saint-Exupéry, “El Principito”. De este clásico de la literatura universal, se han vendido unos 80 millones de ejemplares, lo que representa un promedio de 3 mil 500 ejemplares diarios. Se le considera el tercer libro más leído después de la Biblia y El Capital de Marx.

Es también la obra francesa con mayor número de traducciones, a unas 160 lenguas y dialectos, desde el kurdo hasta el toba, dialecto de una pequeña comunidad en el sur de Argentina, pasando por los idiomas y dialectos hablados por esquimales, gitanos, nepaleses y en la isla de Madagascar.

Saint Exupéry heredó los derechos de autor a sus cuatro sobrinos y a su esposa salvadoreña, Consuelo Suncín, quien a su vez, al morir sin descendencia en 1979, dejó su parte a su mayordomo y secretario, José Martínez Fructuoso.

Olivier D’Agay, sobrino nieto de Antoine de Saint-Exupéry, actual administrador de los derechos de autor y venta de productos derivados tales como peluches, lámparas, papel impreso con dibujos, discos compactos, DVD y otros rubros, registra ingresos de unos 30 millones de euros al año.

Según los estudiosos de su obra, Saint-Exupéry tenía en mente al personaje de El Principito desde hacía mucho tiempo, lo cual se comprueba en las figuras que trazaba en su correspondencia y garabatos que dibujaba hasta en los manteles de los restaurantes. En ellos toma forma el famoso personaje infantil, rubio, vestido con una larga capa, rodeado de estrellas.

En 1942, cuando Saint Exupéry se autoexilia en Nueva York para escapar de la amenaza nazi, Elisabeth Reynal, la esposa de un editor, le propuso escribir un cuento para niños. Antoine terminó el libro en seis meses, el cual viene a ser una obra autobiográfica; ya que en él describe los paisajes, desiertos, volcanes, árboles que como piloto vio durante sus vuelos. Trabajaba todas las noches, fumando y tomando café sin parar. Despertaba a los amigos e invitados de la casa a cualquier hora para leerles partes del cuento.

Juntos. El artifice de la famosa obra literaria junto a la salvadoreña Consuelo Suncín Sandoval. Foto EDH

A principios de diciembre, las ilustraciones y la redacción final de la obra estaban listos. Se publicó una versión en francés y otra en ingles.

Según el filósofo Martín Heidegger, El Principito es una de las grandes obras del existencialismo. Pero cada lector tendrá su propia opinión al dejarse llevar por su alma de niño, como lo dice el autor en la dedicatoria: “Ä Léon Werth, quand il était petit garcon” (A Léon Werth, cuando era niño) “Toutes les grandes personnes ont d’abord été des enfants” (Todos los adultos fuimos primero niños).

Una vida de aventuras

Antoine de Saint-Exupéry nació el 29 de junio de 1900 en Lyon, Francia, en el seno de una familia de aristócratas.

A sus 12 años un vecino lo invitó a volar, hecho que marcará su vida. A los 21 realizó su servicio militar y aprendió a pilotar aeronaves.

Como piloto su vida fue una larga sucesión de aventuras. Era toda una leyenda. Saint-Ex, como también le llamaban, fue pionero de la Aeropostal, la primera línea aérea para transportar correo en Europa; sufrió varios accidentes en el desierto; fue esposo de la salvadoreña Consuelo Suncín Sandoval, con quien mantuvo una difícil relación y por fin el suceso de su misteriosa muerte a los 44 años.

Por otra parte está Antoine, Tonio, para sus amigos quienes lo describen como un fumador empedernido, un hombre generoso, excelente narrador, un compañero ideal, que se pasaba las noches contando historias. También se le recuerda como un botarata, siempre sin dinero, poseedor de fortalezas, pero frágil al mismo tiempo.

Su madre tuvo que encargarse de criar a sus cinco hermanos después de la muerte prematura de Jean de Saint-Exupéry, el padre, quien falleció a la temprana edad de 44 años. Antoine tenía cuatro en aquel momento. Marie, la madre, les lee la Biblia y los Cuentos de Andersen a sus hijos y se preocupa por desarrollar sus talentos artísticos.

El joven Saint-Exupéry escribe poemas y los ilustra con acuarelas. Más tarde conocerá a las personalidades importantes del mundo literario parisiense.

En 1926 emprende su aventura con la Aeropostal. Los primeros vuelos le llevan a España, después a Casablanca, Marruecos y Dakar, Senegal. En esta época descubre el desierto, adopta como mascotas a un camaleón y un zorro de la arena, que más tarde inspirará el zorro del Principito.

En 1929 fue designado Director de la Aeropostal en Argentina. Entre 1929 y 1935 se publicaron tres de sus libros “Correo del sur”, “Vuelo nocturno”; y en 1939, “Tierra de Hombres”.

En 1938 Antoine de Saint-Exupéry se lanza a una loca travesía: cruzar las Américas desde Nueva-York a Punta Arenas, Chile, a orillas del Estrecho de Magallanes, o sea 14 mil kilómetros de recorrido. En Guatemala, perdió el control de su avión al despegar. Este accidente lo dejó en estado de coma con múltiples fracturas. No volvería a recuperarse.

Durante los sucesos de la II Guerra Mundial, Saint-Ex cae en crisis de remordimiento por no estar en Francia, luchando por la liberación del país. Apenas una semana después de la publicación de El Principito, Saint-Ex se embarca en un buque de transporte de tropas rumbo a Europa. Conmocionado por la muerte de sus amigos, Guillaumet, Reine y Mermoz, todos pilotos de la Aeropostal, Saint-Ex dejó una carta en la que decía: “Si me derriban, no voy a tener remordimientos”. Por otra parte, cuando se despidió de Consuelo, le dijo: “Deben derribarme para que me sienta lavado y limpio en medio de esta guerra extraña”. Estas palabras fueron premonitivas.

El 31 de julio de 1944, a las 8:30 de la mañana, Saint-Ex despega de Córcega en el que será su último vuelo. Tenía que sobrevolar la región de Grenoble, cerca de la frontera entre Francia e Italia, para localizar tropas alemanas. En el trayecto, su avión desapareció para siempre. Como Icaro Antoine De Saint-Exupéry, en la búsqueda del absoluto, se quemó las alas.

 

 

 


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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