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La Nota del Día
Se celebra hoy el Día del Trabajo

Nuestro mundo capitalista es el heredero espiritual de lo que son las más nobles tradiciones humanas

Publicada 1 de mayo de 2006 , El Diario de Hoy

El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com

En un buen número de países, incluyendo el nuestro, se celebra este uno de mayo el “Día del Trabajo”, conmemorando de manera ostensible a los mártires de Chicago, pero que es en realidad una fecha instituida por Carlos Marx en honor de su amigo el poeta alemán Enrique Heine. La efemérides, por lo mismo, se asocia a dos sucesos fundamentalmente contrarios, que a su vez inspiran actitudes básicas y en oposición sobre lo que es la naturaleza del trabajo y cómo se puede promover con mayor efectividad el bienestar de los laborantes en todo el mundo.

El primero de ellos pretende que con medidas arbitrarias, incluyendo la toma del poder por grupos que dicen representar a los trabajadores, es que se logra mejorar las condiciones de vida y empleo de los mismos. La corriente marxista es la que ha impuesto el comunismo en un sinnúmero países y mantiene posiciones militantes frente a la opción democrática y liberal; el segundo se deriva de lo que fue el sacrificio de esos mártires de Chicago, un pequeño grupo de policías asesinados por una bomba terrorista, que murió en la defensa de la ley, de la libertad y del derecho a la propiedad.

Formalmente es bajo los regímenes socialistas donde los trabajadores han podido llenar sus aspiraciones, al instaurarse un Estado cuya finalidad manifiesta es la defensa de sus derechos y el logro de sus objetivos.

Pero en la práctica se descubre que bajo el socialismo, la mayoría de sus súbditos apenas cubre sus necesidades más apremiantes, no puede asociarse y está forzada a laborar donde se les asigna un empleo, al que no puede renunciar sin caer en delito.

El calvario del sindicato libre de Polonia, “Solidaridad”, la ley marcial impuesta sobre los polacos para someterlos a la obediencia del régimen, son los hechos que nuestros trabajadores salvadoreños deben siempre tener ante sus ojos, para no correr el peligro de sucumbir a esas mismas situaciones.

“Trabajadores todos, defendamos a Occidente”

Los comunistas se vieron obligados a erigir alambradas de púas y muros de la vergüenza, para que nadie escapara al exterior y fuera autónomo en la búsqueda de la felicidad, de la prosperidad y del propio progreso. Cuando en circunstancias especiales las puertas de esas gigantescas cárceles se abren, se producen grandes éxodos, como ocurrió en el incidente del Mariel, en Cuba.

La norma en el mundo Occidental, e inclusive en países pobres como el nuestro, es a la inversa: los hombres no tienen a un solo amo o un solo empleador, que sería “el Estado”, sino que disponen de muchísimas opciones. Ellos pueden escoger la ocupación que les reporta mayores beneficios o siquiera la que les aburre menos. También pueden, sin restricciones, buscar nuevos horizontes, dejar sus países, ir a otros departamentos o ciudades.

En las naciones capitalistas se pueden comprar artículos diversos, en la cantidad que se desee, sin que sea el “encargado del barrio” quien asigne tarjetas de racionamiento, dependiendo de cómo se haya uno “portado”. Además, cada persona tiene la posibilidad de iniciar sus propios negocios, sean estos una siembra de cereales, un taller mecánico o una empresa de componentes electrónicos.

Pero hay algo de una importancia muchísimo mayor: que el capitalismo es el sistema que se deriva de una tradición moral y legal, cuyos orígenes se remontan a los Diez Mandamientos de Dios, a las luchas de milenios por la libertad, a los mecanismos de la razón.

Nuestro mundo capitalista es el heredero espiritual de lo que son las más nobles tradiciones humanas.

 

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