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Suecia es uno de los países más desarrollados del mundo, y a diferencia de otras naciones igualmente desarrolladas o inclusive más ricas, como en el caso de los Estados Unidos, Suecia, el más grande de los países nórdicos, se caracteriza además por ser una sociedad con un enorme sentido igualitario y con un celoso respeto por los derechos humanos de todas las personas, o al menos de casi todas las personas.
Una breve visita a este país escandinavo me ha servido para reflexionar sobre la enorme necesidad que tenemos en El Salvador de repensar y de discutir con seriedad sobre la sociedad que queremos construir y sobre la mejor manera de lograrla. Una de las tragedias nacionales es que nos hemos pasado muchos años intentando construir una sociedad sobre la base de modelos que han fracasado. Y esto lo hemos hecho además con una terrible actitud de imposición por parte de pequeños sectores de la sociedad.
Con modelos fracasados no me refiero sólo al derrumbe de los socialismos, me refiero sobre todo al modelo que ha imperado en nuestro propio país desde hace varios años y que hoy, a pesar de las promesas, nos tiene en medio de una sociedad que igualmente no es capaz de procurar bienestar a la mayoría de sus ciudadanos.
No hace mucho, un alto funcionario del actual gobierno dijo públicamente que no comprendía por qué el país no ha crecido en más de un década, si El Salvador ha sido el lugar en donde se han aplicado más al pie de la letra las recetas neoliberales del Consenso de Washington. Otra funcionaria dijo hace varios años atrás que si el modelo no ha funcionado es porque “aunque el modelo liberal es bueno, las condiciones locales no han dejado que se desarrolle como debe ser”. Eso mismo solían decir los comunistas cuando se les cuestionaba sobre el fracaso del así llamado socialismo real.
Lo cierto es que tanto uno como otro han fracasado porque, de diferente forma, ambos --de raíz o de método-- perdieron el horizonte que debería guiar el desarrollo de una sociedad: los ciudadanos. Y con esto me refiero a todos los ciudadanos.
Los suecos entendieron eso hace muchas décadas atrás y decidieron construir un modelo social y económico propio, que rehuía tanto de las ideologías absolutas como de la tentación de otorgar a un pequeño grupo de personas el privilegio de decidir los intereses de todas las personas. Los suecos construyeron su modelo sobre la base de dos principios: Primero, sobre una fuerte convicción de que era imposible lograr el desarrollo nacional con la existencia de grandes diferencias entre los miembros de la sociedad, y, segundo, sobre el convencimiento de que cualquier proyecto de nación sólo era posible con el acuerdo y la participación de todos los ciudadanos, y no sólo de unos cuantos.
Esos principios se cristalizaron en una visión política que, en palabras de los propios suecos, buscaba “sacar a Suecia de la pobreza de una vez por todas, sobre la base de una sociedad donde todos los ciudadanos, independientemente de su sexo, clase y orígenes sociales, tuvieran garantizada una seguridad económica básica”.
En el lapso de 50 años y luego de dolorosos conflictos, Suecia emprendió una serie de reformas sociales que, sobre la base de esos principios, el igualitarismo y la inclusión, le llevaron a ser una de las sociedades más desarrolladas del mundo.
Eso luego de que a finales del Siglo XIX era uno de los países más pobres de Europa. En la actualidad, a pesar de los cambios globales, del derrumbe de las utopías y de los propios problemas sociales, Suecia sigue siendo una sociedad ejemplar, inclusive para la comunidad de países desarrollados.
Más allá de las enormes y obvias diferencias entre nuestras sociedades y de las posibilidades reales de transformación que ofrece el entorno mundial actual, es claro que Suecia tiene una lección muy importante que ofrecer a El Salvador: no es posible construir una sociedad económicamente sostenible y socialmente próspera sin incluir a todos y sin un pacto nacional en el que concurran todas las fuerzas sociales. Y eso, como ya hemos dicho insistentemente, depende en buena parte de los liderazgos políticos nacionales.
*Director del IUDOP de la UCA y columnista de El Diario de Hoy.

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