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Siempre termina devolviendo al mundo y a la suerte su felicidad o sus tesoros. Al irse o al morir quedan sus riquezas y sus grandes ilusiones en el polvo del sendero. Al dejar de amar, sólo quedan en el aire las flores rotas de su romance fugaz.
Si alguna vez fue tuyo el amor, siempre lo será. Si algo anhelado fue nuestro, aunque haya sido un momento, seguirá en cierta forma siéndolo. Aunque en el mundo diario lo hayamos perdido. Es el momento de la eternidad. Donde un instante de dicha puede llenar el universo entero y toda una vida.
Se puede decir que nada es del ser humano, pues al final de su existencia deja todo en este desierto de la vida, el “Samsara” para los remotos hombres del reino perdido de Lemuria. El Samsara (”infra mundo” para los mayas americanos) era este valle de lágrimas y de amaneceres que es el planeta. El mismo mundo material que nos enfrenta a la miseria y maravillas del alma humana. Al final aprendemos que devolviendo a la vida sus sueños y tesoros, ésta nos da a cambio la eternidad de su promesa.
Día a día
Derrumbe del comunismo
El derrumbe del comunismo no fue causado tanto por la incapacidad del sistema para proveer bienes materiales, sino por su amoralidad, por lo espiritualmente vacío, por su carencia de principios, por lo ruin de sus objetivos.
Aunque la Unión Soviética ya había pasado por lo peor en cuanto a opresión, a crueldad, al desprecio absoluto por la vida y por las más elementales normas de convivencia, cargaba con la infamia de su pasado y perseveraba en mantener una casta de déspotas, carniceros y criminales a la cabeza del Estado. La solución para el Kremlin no era abrir sus sociedades y emancipar a los sometidos pueblos, sino perseguir las voces disidentes.

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