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La
Nota del Día
El cardenal aprueba protegerse del Sida
Las declaraciones del cardenal Martini señalan no un cambio de rumbo, pero sí una postura más realista de la Iglesia frente a la pandemia del horror
Publicada 27 de abril de 2006 , El Diario de Hoy
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Diario de Hoy
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Los condones, afirma el cardenal Carlo María Martini, antiguo arzobispo de Milán y en su momento candidato al papado, pueden ser “el menor de dos males” cuando, en determinadas circunstancias como la pandemia de Sida de África, es la mejor forma al alcance de una persona para protegerse. Un esposo o esposa que sufre de Sida, agrega el cardenal Martini, “tiene el deber de proteger a su pareja, como a la vez ésta de protegerse”, usando condones en sus relaciones íntimas.
En ningún momento el cardenal Martini repite la disparatada tesis de que los condones son inefectivos por ser permeables al virus del VIH, lo que volvería inútil el uso de guantes quirúrgicos en operaciones o tratamientos médicos. Nadie en su sano juicio, tampoco, alega que el condón protege en un ciento por ciento a quien le usa, pues la mala calidad u otros contactos pueden volverlos inefectivos.
Cada quien es responsable de emplear los condones en forma sensata sabiendo que siempre hay riesgos, sobre todo si frecuenta lupanares, no atiende su higiene y actúa bajo la influencia de embriagantes. Idealmente las parejas deben ser fieles entre sí, evitar tentaciones e informarse de las realidades del mundo en que viven.
Eso es el caso de África que sirve de ejemplo al cardenal Martini. Ninguna región del mundo está más infectada de Sida que el Continente Negro, donde hay zonas en las que casi la mitad de los pobladores sufre del mal. Una de las trágicas consecuencias de la pandemia es que cada vez hay más niños, millones de ellos, sin padres, sin maestros y sin la más elemental asistencia. Enseñar a los adultos el adecuado uso del condón es prácticamente la única manera de revertir el curso al desastre total que llevan los africanos, en especial los de la región subsahariana.
Revísense prácticas, no principios
A Dios gracias y pese a las desconfiables estadísticas de nuestro país, la incidencia del Sida a nivel nacional es “manejable”. Pero eso no significa que en algunas barriadas y en ciertos grupos (obviamente hetairas y vendedores de sexo) nos acercamos a condiciones africanas, donde no vale aquello de “ser fiel a la pareja”. Mujeres que han descendido a los más tristes niveles, pobres borrachos e imberbes irresponsables, necesitan que se les diga otra cosa y se les suministren los adminículos para no contagiarse. En esos casos la fertilización no cuenta y por tanto no se rompe la sana doctrina de la Iglesia y se ayuda a esos marginales a no enfermarse, lo que además encaja con la postura del cardenal Martini. Defender a las familias de las perversas prédicas de los Herodes (pululan las asociaciones dedicadas al control de la natalidad) no choca contra prácticas que también salvaguardan la vida y la salud.
Las declaraciones del cardenal Martini señalan no un cambio de rumbo, pero sí una postura más realista de la Iglesia frente a la pandemia del horror. Eso debe contribuir a que se enfríen muchas cabezas calientes que han venido propagandizando contra el condón en la creencia de que “los buenos principios” por sí solos van a detener el diluvio. La escueta información aparece en el italianísimo Corriere della Sera del sábado 22.
Las realidades obligan a revisar prácticas aunque no principios ni moral.

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