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| Ollanta Humala podría
convertirse en el nuevo Presidente de ese país. |
The New York Times
El
Diario de Hoy
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El pasado siempre está a la vista en las imponentes oficinas
generales del Partido Acción Popular, de Perú. Los salones
de juntas en su interior están adornados con fotografías
en blanco y negro de dirigentes del partido, hombres cuyo control sobre
el Congreso fue indisputable en alguna época.
Sin embargo, en una tendencia que refleja las menguantes fortunas de partidos
políticos de corte tradicional a lo largo de Latinoamérica,
los peruanos eligieron solamente a cuatro candidatos de Acción
Popular para el Congreso, integrado por 120 miembros, en este mes, y el
candidato del partido para presidente terminó en un distante quinto
lugar.
Desde Venezuela hasta Argentina, muchos de los partidos tradicionales
que erigieron dinastías a través del clientelismo y la política
despiadada --pero que también ofrecieron estabilidad, una clara
ideología y funcionarios experimentados que estaban listos para
gobernar-- se están desintegrando.
Desilusionados por la corrupción y por el hecho que no se ha logrado
generar prosperidad, los electores están siendo cautivados con
frecuencia cada vez mayor por movimientos nuevos, en su mayoría
de izquierda, que prometen redistribuir la riqueza, castigando a los partidos
tradicionales y poniendo de cabeza los sistemas.
La insurrección ha llegado al tiempo que los latinoamericanos se
han ido frustrando con las prescripciones económicas respaldadas
por Washington, como el comercio y la privatización sin límites.
Los nuevos dirigentes y movimientos que ellos llevan al poder, sin embargo,
amenazan con dar origen a un altercado político que podría
debilitar a países que de por sí son inestables.
“Hay una crisis en el sistema político de América
Latina que va de la mano con la crisis económica”, aseguró
Iván Hinojosa, analista político por la Universidad Católica,
en Lima. “Algunos partidos se recuperan, pero no así muchos,
y en su lugar están todos estos nuevos e impredecibles movimientos”.
En Perú, en las recientes elecciones para presidente, el electorado
le dio la mayoría de los votos a Ollanta Humala, cuyo Partido Nacionalista
fue creado apenas el año pasado. Humala, de 43 años de edad,
aseguró que los políticos tradicionales sencillamente no
habían cumplido, dejando a los electores en busca “no sólo
de un nuevo mensaje, sino de un nuevo mensajero”.
“Estas personas son los mismos candidatos de hace 20, 30 años”,
aseguró en una entrevista, al referirse a los políticos
tradicionales y sus políticos. “Ellos tienen más canas
y están un poco más gordos, pero son las mismas personas,
y ellos han destruido al país”.
El cambio se ve incluso en lugares tan lejanos al sur como Argentina,
donde uno de dos partidos políticos que han gobernado por largo
tiempo, la Unión Radical Cívica, ha estado al margen del
poder desde que su líder, Fernando de la Rúa, renunció
a su presidencia en 2001, al tiempo que la economía se venía
abajo. En países más septentrionales como Costa Rica, el
Partido de Unidad Social Cristiana ha quedado en desorden a causa de escándalos
de corrupción, los cuales envolvieron a dos de los ex presidentes
del partido.
Modificaciones
Sin embargo, es en los cinco países andinos donde los partidos
tradicionales han sido derrotados en repetidas ocasiones, y donde las
alternativas han sido las más impredecibles.
En Bolivia, la elección de Evo Morales, indígena aymará,
como presidente en diciembre pasado, indicó la eliminación
de un partido tradicional e insurrección para otros tres que habían
dominado la política desde que el país regresó a
la democracia, en 1982. Incluso, el que fuera en alguna época el
omnipresente Movimiento Nacional Revolucionario, el cual encabezó
la épica revolución del país en 1952, ganó
apenas un puñado de escaños en el Congreso.
En Venezuela el Acción Democrática y el COPEI, dos partidos
que han dividido el botín de una economía productora de
petróleo durante 40 años, han quedado tan debilitados a
causa de la presidencia de siete años de duración de Hugo
Chávez que abandonaron unas elecciones parlamentarias programadas
para diciembre y perdieron toda representación en la Asamblea Nacional,
compuesta por 167 escaños.
Los dos partidos tradicionales de Colombia han sido tan apaleados por
la influencia del Presidente Álvaro Uribe que uno de ellos, el
Liberal, perdió 12 de sus 29 escaños en el Senado en comicios
efectuados en marzo, en tanto que el otro, el Conservador, ha sido cooptado
en una coalición de movimientos a favor de Uribe.
A lo largo de América Latina, el tumulto político ha cobrado
fuerza con la introducción de la descentralización, que
desde los años 90 les ha permitido a electores en varios países
elegir a sus propios alcaldes y otros dirigentes locales por primera vez.
Medios de comunicación noticiosa cada vez más agresivos
y, a veces, independientes, también han apilado desprecio sobre
los viejos partidos, al tiempo que le prestan nueva visibilidad a nuevos
movimientos.
Chris Sabatini, prominente director de estrategia por el Consejo de las
Américas- Sociedad Américas, dijo que el cambiante terreno
político había dado voz a regiones que habían sido
desatendidas por largo tiempo, convirtiendo temas relativos a las escuelas,
la delincuencia y obras públicas en un aspecto crucial de elecciones
locales.

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