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El gran comercio que vivió, creció y murió en la capital

San Salvador. La mayoría de negocios de los años 70 cerró. Algunos, como Monte Carlo, aún funcionan. Los edificios que ocuparon las carteras de Economía y Trabajo se encuentran en abandono.


Publicada 23 de abril de 2006 , El Diario de Hoy

Cuatro generaciones. El almacen Monte Carlo, en la 1a. Calle Poniente, aún funciona. Es atendido por Esperanza González. Foto EDH

Enrique Carranza
El Diario de Hoy

metro@elsalvador.com

Para muchos capitalinos hablar de la década de los años 70 es recordar tiempos en que la floreciente San Salvador estaba en su mayor apogeo.

Los portales frente a la plaza Libertad, embellecían el centro de la ciudad. Además, durante la noche, las luces de mercurio con su color amarillento aportaban un ambiente colorido.

Los edificios, muchos de ellos que aún se conservan en el Centro Histórico, tenían en su estilo arquitectónico marcada influencia europea.

La población se había concentrado en los barrios del centro como El Calvario, San Esteban, Candelaria, La Vega y otros.

La mayor parte de los ministerios del gobierno funcionaban en el Palacio Nacional. Otros, en las cercanias como el caso del ministerio de Trabajo, que estaba ubicado en la intersección de 2a. Avenida Norte y la Alameda Juan Pablo II.

El de Economía se encontraba en un imponente edificio de siete niveles, entre la 3a. Calle Oriente y la 4a. Avenida Norte.

En ese tiempo, los empresarios nacionales y extranjeros vieron la posibilidad de mejorar sus negocios en lugares estratégicos de la metrópolis.

Con esa visión varias arterias fueron utilizadas para llevar acabo ese propósito como la 2a., 4a., y 6a. Avenida Norte y Sur. Fueron reconocidas por la diversidad de mercancías que allí ofrecían.

Tiendas norteamericanas como SEARS se instalaron en la zona. Los nacionales también aportaron su ingenio emprendedor para establecer sus negocios.

La familia Bigit, originaria de San Vicente, abrió uno de los almacenes. “Lo hizo mi padre. El almacén estaba al final de la 4a. Avenida Sur”, recuerda Héctor Bigit.

En la 1a. Calle Oriente se ubicó Monte Carlo, un negocio de la familia Hasbún. “Son cinco generaciones por las que ya paso Monte Carlo y aquí estamos”, dijo Esperanza González, administradora del establecimiento.

La empleada, quien tiene casi cuatro décadas de trabajar para la familia Hasbún, explicó que los tiempos han cambiado.

“Antes había más movimiento. En los meses de diciembre existían las noches de compras y la gente sí salía a comprar al centro de la ciudad”, dijo.

De la zona comercial de los años 70, la mayoría de almacenes se fueron del lugar. Monte Carlo se mantiene en el mismo local, mientras que otros negocios ya no existen. Los locales de los comercios de prestigio se han convertido en bodegas.

Los edificios gubernamentales terminaron su vida útil con el terremoto de octubre de 1986.

La Cámara de Comercio siente la baja en las ventas del centro

De la década de los 70 a la fecha, el panorama en el centro de San Salvador ha cambiado.
Los almacenes se trasladaron a los grandes centros comerciales que fueron construidos en la periferia de la ciudad capital.

Aunque la 2a., 4a., y 6a., Avenida Sur y Norte, aún mantiene algún movimiento con los pocos comercios que quedan.

Para la Cámara de Comercio e Industria de El Salvador, la situación del Centro Histórico tiene explicación lógica.

“Lo que paso fue un período de transición. La población se trasladó a residir a Santa Tecla, la Escalón y Soyapango. Ante esta situación, la visión de donde tenía que estar el comercio cambio”, dijo Jorge Angulo, presidente del comité de comercio, de la Cámara.

Sostuvo que ese fenómeno no es propio de El Salvador y que sucede en América Latina, Estados Unidos y Europa.

Según Angulo, las ventas en el Centro Histórico han bajado. “La gente sólo pasa a ver en el centro. No llega a comprar, y eso afecta al comerciante”, expresó.

Otro aspecto que señaló como causa de las bajas en los negocios, es el crecimiento de las ventas ambulantes en plena calle y en las aceras.

“No estamos en contra de ellas (las ventas). Ellos son comerciantes igual que nosotros, pero si se necesitan regulaciones”, sostuvo.

Consideró que la alcaldía debe ser quien llame a las partes afectadas con el fin de establecer diálogos que permitan resolver el problema.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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