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Desde Washington
Marchas pro inmigrantes en E.U.

Algunos líderes y organizaciones ahora quieren seguir adelante y usar el ímpetu de las últimas semanas para fomentar una huelga nacional el 1 de mayo y demostrar así el impacto económico de los inmigrantes

Publicada 21 de abril de 2006 , El Diario de Hoy

Marcela Sánchez*
El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com

Desde Chicago hasta Wash-ington, de Phoenix a Los Ángeles, esta primavera ha visto las calles de este país colmadas con marchas pro inmigrantes, por lo menos un centenar hasta ahora, varias con unos100.000 participantes o más. Algunos califican estas masivas manifestaciones como un nuevo movimiento por los derechos civiles hispanos.

Las alusiones han estado ciertamente presentes, los manifestantes han cantado “Venceremos”, la versión en español de “We Shall Overcome”, el himno del movimiento por los derechos civiles afro americanos de los 60; oradores han hecho eco al clamoroso llamado de Martin Luther King por que “dejen resonar la libertad”, y pancartas han proclamado que “Nosotros también tenemos un sueño”.
Aunque impresionantes, estos eventos son apenas el albor de un movimiento, si es que ya se le puede llamar así.

El propio tamaño y la cantidad de marchas no reflejan una estrategia fría y calculada por parte de un liderazgo unificado, sino una indignación amplia y espontánea impulsada por medios de habla hispana, que rápidamente pasaron la voz acerca de medidas migratorias draconianas que estaban avanzando en el Congreso. In-cluso los grupos defensores de los inmigrantes, activistas comunitarios, académicos, sindicatos e iglesias que habían incitado a individuos y medios, quedaron sorprendidos con la cantidad de participantes, particularmente estudiantes que abandonaron las aulas para entrar a su primera lección práctica de activismo cívico.

Algunos líderes y organizaciones ahora quieren seguir adelante y usar el ímpetu de las últimas semanas para fomentar una huelga nacional el 1 de mayo y demostrar así el impacto económico de los inmigrantes. Durante el “Día sin un inmigrante”, los participantes dejarán de trabajar, evitarán comprar productos estadounidenses y se unirán a nuevas marchas.

A no todas las organizaciones de inmigrantes y activistas les convence la idea. Algunos, particularmente en la Costa Este, temen que sea prematuro y que estropee lo que han sido hasta ahora manifestaciones positivas y pacíficas.
Pero incluso si el 1 de mayo fuera tremendamente exitoso y ciertos sectores de la economía terminaran paralizados por un día, las exigencias de los inmigrantes --sus metas y aspiraciones-- no quedarán necesariamente más claras de lo que están hoy. Hasta ahora el flamante movimiento ha estado definido por las medidas punitivas a las que se opone.

Precisar la causa que defienden es más difícil. Nativo V. López, presidente nacional de la Mexican American Political Association y uno de los voceros oficiales del boicot, lo admite y afirma que lo que los inmigrantes quieren va desde una amnistía hasta un permiso temporal de trabajo. Inmi-grantes legales encuestados recientemente por Bendixen and Associates, estaban casi tan contentos con permitir que quienes viven acá ilegalmente se hagan ciudadanos como con enviarlos a sus países después de un tiempo. López, quien asegura representar a medio millón de inmigrantes legales e ilegales, sólo aceptaría una legalización plena e inmediata.

Para el año 1963 --año del discurso “Tengo un sueño” de Martin Luther King-- la mayoría de estadounidenses se oponía a la segregación. En encuestas citadas en el libro “America in Black and White: One Nation, Indivisible”, de Stephan y Abigail Thernstrom, el porcentaje de estadounidenses blancos que entonces creía que “los negros debieran tener igual oportunidad que la gente blanca de conseguir cualquier tipo de empleo” era 83, a diferencia de 42 en 1944.

En contraste, no existe un consenso pro inmigrante en este país hoy en día. Una encuesta emitida el mes pasado por la organización independiente Pew Research Center encontró que los estadounidenses están casi divididos por igual en cuanto a lo que debería hacerse con los inmigrantes ilegales: una tercera parte quiere que puedan quedarse permanentemente, otra tercera optaría por crear un programa de trabajadores temporales y la otra tercera parte los deportaría.

Determinar cuáles derechos pueden hacer valer los inmigrantes ilegales en Estados Unidos todavía está plagado de complicaciones, dejando pocas bases claras para un consenso tanto entre los inmigrantes como entre los ciudadanos estadounidenses. Como los recientes debates del Congreso lo demuestran, no hay una respuesta fácil.

Un trato separado para personas cuyo único delito ha sido el de entrar clandestinamente a este país, para buscarse la vida no es tampoco algo moralmente complejo, por lo menos para cerca de una tercera parte de personas en Estados Unidos. Si eso se convierte algún día en el modo de pensar de la mayoría, será esencial para transformar las marchas históricas recientes en un movimiento pleno bien organizado, coordinado y exitoso.

*Columnista del Washington Post.

 

 

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