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La Nota del Día
Hay escasez de agua, pero abunda el agua

Ojalá que el gobierno se aboque a analizar el asunto y eche adelante un programa de pequeños embalses y reservorios para comenzar a resolver el problema del agua

 

Publicada 21 de abril de 2006 , El Diario de Hoy

El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com

La llegada de lo que se anuncia como un copioso invierno ofrece una importantísima oportunidad para crear reservorios que vengan a aliviar la falta de agua en muchas zonas y comunidades. En ninguna parte el agua “brota de la tierra”, sino que siempre son aguas que traen las lluvias o la nieve, y que se infiltra o se embalsa naturalmente para luego transformarse en manantiales y ríos.

Viera Altamirano recordaba haber conocido a un buen agricultor que “fabricaba riachuelos y ojos de agua” con un método muy sencillo: construía tapadas en los cauces naturales de su terreno, lo que permitía al agua infiltrarse al subsuelo o formar pozas, abasteciéndolo durante los meses secos. Y eso mismo se hace en muchos países pero por desgracia no en El Salvador, donde padecemos sequía a pesar del generoso régimen de lluvias con que contamos. Y la política de aguas de los gobiernos raya en lo elemental y casi absurdo: profundizar los pozos a medida que el manto freático se aleja de la superficie y bombear agua desde el lago Suchitlán para proveer el gran San Salvador. Otra cosa nunca se les ha ocurrido.

Tarde o temprano, por desgracia, nuestra imprevisión nos costará caro: el agua se ha convertido en un bien esencial en el mundo, al extremo que se calcula que las guerras del mañana serán, en gran medida, disputas por el agua. Una parte de los conflictos del árido Medio Oriente se origina por las disputas por el agua; el río Jordán es el único caudaloso (estirando el concepto) de esas partes, lo que irrita a judíos y palestinos, quienes darían cualquier cosa por tener los inviernos salvadoreños.

Construir pequeñas y medianas represas no requiere de grandes conocimientos o habilidades ingenieriles: a fin de cuentas es lo que hacen los castores en regiones septentrionales. Los animalitos derriban árboles, forman un dique primario y las malezas que arrastran las corrientes terminan por sellarlo para que nazca el reservorio. Y una vez que se forma la poza, reverdece el área que la circunda.

Agua, alegría, deporte y verdor

Aquí vamos en contra sentido, considerando la muerte de las lagunas pequeñas (la Verde de Alegría) y el estado de los cauces de antiguos ríos que ahora sólo se llenan con correntadas por unas cuantas horas. Lo que asombra y aflige es que los lugareños se resignen a quedarse sin agua y, literalmente, no muevan un dedo para guardar la que en ciertas semanas del invierno corre en medio de sus comunidades.

Las tapadas se pueden hacer con un pequeño tractor o, siguiendo el ejemplo de los castores, con los propios brazos. Por ello pedimos al Ministro del Medio Ambiente actuar como el Deus ex Machina, el duende benefactor que enseña a la gente de los pueblos cómo hacer para tener agua invierno y verano.

Ojalá que el gobierno se aboque a analizar el asunto y eche adelante un programa de pequeños embalses y reservorios para comenzar a resolver el problema del agua. Eso, en todo caso, costará menos que construir acueductos, perforar pozos cada vez más profundos y montar estaciones de bombeo crecientemente más costosas. Además las lagunas son siempre un lugar de esparcimiento y alegría para quienes viven alrededor.

 

 

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