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| Exigencia.
Año tras año, supuestos estudiantes realizan protestas con las que pretenden exigir que elEstado aumente el presupuesto del centro de estudios estatal. Foto
EDH |
El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com
Pareciera que la suerte está echada; las múltiples gestiones impulsadas por la octogenaria rectora, María Isabel Rodríguez, para hacer realidad un préstamo con el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) para fortalecer y modernizar la Universidad de El Salvador quedarán truncadas porque los sectores universitarios temen que con este empréstito por 25 millones de dólares que asumiría el Estado sea el inicio de la privatización.
En un lacónico comunicado de la Asamblea General Universitaria, publicado el 6 de abril pasado, se hace un llamado al Consejo Superior Universitario “a rechazar la fuente de financiamiento del BID, porque amenaza con abrir espacios para iniciar la privatización de la UES”.
Para rematar esta posición, la Asamblea General Universitaria, demanda a los diputados de la Asamblea Legislativa que “no apruebe decretos que comprometan la autonomía universitaria con préstamos con instituciones financieras como el BID...”, al tiempo que exigen su posición tradicional de financiar la UES, con fondos directos del Estado.
El Proyecto ESO160
Para el BID, este proyecto está en la etapa de preparación.
- Según el organismo internacional el proyecto pretende “apoyar la modernización y fortalecimiento de la Universidad de El Salvador” a través de diversas acciones.
- El préstamo “financiará programas en las facultades multidisciplinarias, enfocados en las necesidades de desarrollo productivo de las regiones”.
- Además, pretende impulsar los “centros de excelencia”. En estos se fomentará la investigación y se incentivará la productividad de los profesores.
- Parte de los fondos sería destinado a dotar de mejor infraestructura y equipo a las facultades. |
Todos los sectores de la vida nacional, incluido los universitarios, coinciden en señalar la necesidad de elevar la calidad académica de la universidad, en colocarla como centro de la educación superior nacional, que desarrolle investigaciones científicas y sociales que contribuyan al desarrollo nacional; sin embargo, cómo hacer esto lleva a un sinnúmero de posiciones y caminos, que básicamente se resumen en dos, aquellos que buscan mantener el estatus quo, vinculados con los sectores más izquierdistas, y los modernizantes, a la cabeza la rectora Rodríguez Ruiz.
Dicho de otra manera, la disyuntiva sobre cómo financiar la universidad estatal termina en lo mismo, “subsidiar la oferta” y dejar de lado las políticas para el “subsidio de la demanda” como se hace en muchas universidades estatales de Sur América.
En la Universidad de El Salvador está por primar la tesis de los izquierdistas que no solo temen a la posible privatización de la universidad, al libre mercado, la modernización de las instituciones, sino perder el financiamiento directo del Estado y el libre ingreso de estudiantes a la universidad, los pilares de la concepción tradicional de la universidad estatal.
Además, y en esto coinciden estudiosos no solo de El Salvador sino de Latinoamérica, se teme perder la posibilidad de que la Universidad siga siendo el bastión de grupos izquierdistas que se oponen al capitalismo y el neoliberalismo; una de las razones que esgrimen los opositores al préstamo es que forma parte del Plan 2021 y País Seguro, programas gubernamentales que cuentan con el apoyo del BID.
“No existe coincidencia en las concepciones de competitividad internacional y desarrollo que están detrás del Plan País Seguro y la Estrategia del BID” dice Raúl Moreno, uno de los ideólogos que rechazan negociar el empréstito.
Los temores de la izquierda
La revisión de la estructura de financiación de la educación superior, bajo el principio general de “cambiar la financiación de la oferta por el subsidio de la demanda”, se interpreta como la eliminación progresiva de la financiación estatal para someterla al libre juego del mercado y sustituirla por la auto financiación.
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Estos conceptos, según los grupos más izquierdistas, son el fundamento de la privatización de las universidades y pilar de la política neoliberal.
Esta concepción radicalizada, y enmarcada en las ideologías izquierdistas, deja de lado herramientas que pueden ayudar directamente a los estudiantes y a las universidades como son los créditos educativos y fortalecer la alianza estratégica entre la universidad y el sector productivo a través de la venta de servicios, investigaciones, proyectos, seminarios o talleres.
Uno de los trabajos que sirven de base a las posiciones izquierdistas, elaborado por el economista Raúl Moreno, se denomina “Educación Superior en América Latina y el rol del BID”, presentado en diciembre del año pasado a las autoridades, la Asamblea General Universitaria y el Consejo Superior Universitario de la Universidad de El Salvador.
Un resumen del trabajo fue publicado por el Colatino, en abril de este año; en él se plantea los “grandes temores”, uno de ellos que “la modernización del sistema de gestión universitaria no debe debilitar la capacidad de los órganos colegiados para decir sobre cuestiones estratégicas”.
De igual manera que se reivindica el “carácter público y su compromiso social”, delineado por garantizar que la Universidad “garantice su opción preferencial por los sectores sociales marginados y empobrecidos; su contribución a un proceso de transformación y autodeterminación social; su compromiso con un desarrollo social, justo y sustentable...”.
Según Moreno, el proyecto de préstamo con el BID no debe ser negociado; “la necesidad de financiamiento no justifica poner en riesgo la autonomía, la visión, la misión y la naturaleza de la Universidad”, sostiene.
Con quién pelea la UES
Tratando de justificar la ortodoxia de su accionar, en una entrevista publicada el año pasado en “El Faro”, la rectora María Isabel Rodríguez dijo “Schafik (Hándal) me dijo a mi que ya hicieron la revisión técnica (del proyecto BID) y no encontraron nada”; sin embargo, las fuerzas internas de la universidad, sobre todos los más radicalizados y vinculados directamente con el FMLN, no comparten esta visión y al parecer han hecho prevalecer su posición.
| EN QUÉ SE INVERTIRÁ |
| El BID ha definido qué áreas se fortalecerán con el préstamo |
$3 millones
Serán invertidos en agilizar la gestión del gobierno universitario. La burucracia ha sido identificada como uno de los obstáculos para que la Universidad de El Salvador sea un centro de enseñanza superior eficiente. |
$9 millones
La mayor parte del dinero proveniente del préstamo se invertirá para “mejorar la calidad académica” de la institución. Con esto se pretende que los profesores mejoren sus capacidad de investigación y su productividad. |
Estos grupos, vinculados con el BPJ, la BRES, sostienen que las autoridades universitarias, a la cabeza la rectora Rodríguez, están en función del plan de gobierno de ARENA, pretenden privatizar la UES e iniciar el desmontaje de servicios fundamentales como el programa de becas.
Sin embargo, la rectora se defiende y sostiene que lo que se trata es “modernizar la UES, obtener recursos y hacerla más eficiente... esto incluye la descentralización”.
La rectora, que cuenta con el apoyo de los sectores modernizantes de la universidad, busca cambiar “porque es una Universidad con una cantidad de cosas que la retrasan a nivel administrativo, no es dinámica, no es flexible”.
Insiste, esto “no es privatizar, no es iniciar la privatización sino modernizarla....”, según ella, hay dos cosas que explican la oposición al préstamo BID, “temor al cambio y la próxima elección de autoridades universitarias. Hay dos candidatos que están muy involucrados en la oposición”.
Además, y esta es otra variante que explica la oposición al préstamo; los sectores más radicalizados de la UES, vinculados al FMLN formando parte de los llamados grupos sociales, “no pueden permitir que al interior de la casa haya políticas de modernización que puedan hacer ver el apoyo al gobierno de ARENA”.
La Universidad, con más de 30 mil estudiantes seguirá estando igual, o lo que es peor se deteriorará aún más; el presupuesto de más de 45 millones de dólares (el 1.67 por ciento del PIB) seguirá siendo prácticamente el mismo y los casi 500 mil dólares que se destinan a la investigación seguirán siendo exiguos... y todo, porque se teme a la privatización, al mercado y se sigue actuando bajo los lineamientos ideológicos.

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