elsalvador.com WWW
Portada Nacional El País Deportes Metro Negocios Editorial RUZ Vida Internacionales Por el mundo

Buses nuevos sufren maltrato de usuarios

Dos caras. La Ruta 38 B ha renovado pocas unidades; la 23, la mayoría de su flota. En ambos casos, el deterioro es evidente

Publicada 5 de abril 2006, El Diario de Hoy

En buen estado. Una unidad de la ruta 23 circula por la Calle al Volcán, en Mejicanos. Foto EDH

Yamileth Cáceres
El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com

Viejos o nuevos, no importa, la apariencia siempre es la misma. Bien por el paso del tiempo y la falta de mantenimiento, bien por el maltrato de los usuarios, el hecho es que la tapicería rota, las paredes rayadas son algo habitual en las unidades del transporte público.

La 38 B, que hace su recorrido de Apopa a San Salvador, es una de las rutas que tiene la mayoría de las unidades que sobrepasa los 15 años de fabricación. El tiempo en la carretera se nota en cada parte del bus.

La esponja de las bancas ya no es tan confortable, los resortes y el metal del respaldo se dejan sentir y las quejas de los pasajeros empiezan a aparecer.

“Hay algunos que están bien, pero otros andan muchos asientos arruinados, hay vidrios que cuesta subirlos”, comentó Eugenia Joaquín, quien utiliza con frecuencia la ruta.

Hallar un timbre que funcione en las unidades viejas es casi imposible. Más bien es algo propio de las unidades nuevas. Y no todas.

Son las 10:00 de la mañana. Un estudiante viaja en uno de estos vehículos, su parada está próxima, se levanta y busca el botón, pero en su lugar encuentra hoyo de metal. El chofer ve el intento por el espejo, detiene su marcha y luego sigue.

El moho en la puerta y en los barandales también son compañeros de viaje en unos vehículos que por ley deberían estar jubilados hace tiempo.

El deterioro de la puerta, los golpes de las llantas cuando caen en un hoyo invitan a bajar a más de uno.

“Uno dice en este bus viejo no me voy, mejor espero uno de los nuevos”, comentó una pasajera, ella solo los aborda cuando va precisa.

Permitir la circulación de estos buses es una decisión que han alargado los diputados. Ayer, el viceministro del ramo, Mauricio Chavarría se refirió a una nueva oportunidad para el cambio de los buses más viejos.

Tiempo cumplido. Varias personas se conducen en un bus de la ruta 38 B, en Apopa. Foto EDH

Siempre pasa

En esta ruta, como en otras del Gran San Salvador, no hace falta quien cuente que el vestido o el pantalón se les quedó trabado en una de las latas saltadas.

Fredy Martínez, presidente de la Asociación de Empresarios de Autobuses de Apopa, comentó que ellos le dan mantenimiento a las unidades, pero algunos usuarios los dañan.

En Mejicanos, la situación pinta casi del mismo color, la mayoría de las unidades de la ruta 23 fue renovada, pero se mantienen con las bancas dañadas.

Son asientos con un forro gris que muestran poco uso, pero no hay una unidad que ande los asientos en perfectas condiciones.

Rajados, con el algodón saltado y manchados por todas partes, a los usuarios no les queda otra que sentarse sobre la propia esponja de unas unidades que, como explica Carlos Palacios, socio de la ruta, fueron adquirieron a mediados y finales de 2004. “A veces los manchan con plumones y rompen los asientos, todos los arruinan, hay gente que no los cuida”, comentó el motorista Salvador Velázquez.

Dos de cada tres unidades son viejas

“Cada quien, según sus posibilidades, le da mantenimiento, estamos en un proceso de renovación”, manifestó Fredy Martínez, presidente de la ruta 38 B.

Es consciente que 36 de 51 unidades deben salir de circulación por tener más de 15 años de fabricación, pero para ellos estos buses están en buen estado mecánico.
La parte externa también tratan de mantenerla en condiciones, pero asegura que es difícil.

“Tenemos un problema, los pasajeros rompen los asientos y los manchan”, agregó Martínez.
Los empresarios aseguran que la ruta no es rentable por el exceso de unidades y el precio del diésel.

Pasajeros no son cuidadosos

“La gente no aprecia o valora las unidades nuevas”, comentó Carlos Palacios, empresario de la ruta 23, que hace su recorrido entre Mejicanos y San Salvador.
Cuentan con 17 unidades nuevas, pero con frecuencia son dañadas por los usuarios.

Palacios explicó que casi cada mes deben mandar a reparar la tapicería.
Los asientos, con un buen uso, tienen una duración de tres años, pero estos no pasan de 30 días en óptimas condiciones.

“Después dicen que es uno el descuidado, la gente lo hace en el momento que se les ocurre”, dijo el empresario. La ruta tiene 30 unidades, dos de ellas de más de 25 años.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

elsalvador.com WWW