Por
Eduardo Castillo/AP
El Diario de Hoy
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| Sin temor. María Isabel Miranda muestra
uno de los anuncios en los que ofrece una recompensa por los supuestos
plagiarios de su hijo. Foto AP |
MÉXICO. María Isabel Miranda no dudó en acudir
a las autoridades cuando su hijo fue secuestrado a mediados de 2005, y
tampoco vaciló en indagar por su cuenta para dar con su paradero.
Pero nunca imaginó que su trabajo resultaría más
efectivo que el de la policía.
Hugo Alberto Wallace, un capitalino de 36 años y dueño de
una empresa de fumigación, fue secuestrado en julio del 2005. Un
hombre y dos mujeres cumplen detención domiciliaria y no precisamente
por la investigación de la policía, sino por la tarea detectivesca
y la valentía de su madre.
El caso se conoció en febrero de 2006, cuando en tres puntos de
la capital aparecieron carteles enormes con la fotografía de un
sujeto identificado como César Freyre Morales y la leyenda “Si
fuiste víctima de este delincuente denúncialo’’.
Un par de semanas después, los anuncios fueron cambiados por otros
con la foto de un hombre identificado como Jacobo Tagle, a quien Miranda
señala como otro de los presuntos secuestradores de su hijo, y
por quien incluso ofreció una recompensa de unos 23,000 dólares
a quien lo capture y entregue a las autoridades.
Wallace, separado de su esposa y con una hija de 10 años, salió
la noche del 11 de julio de 2005 de su casa en el sur de la ciudad para
ir al cine con una mujer identificada como Juana Hilda González.
Esa noche fue la última que Wallace habló con su madre.
Preocupada, ella comenzó a preguntar a amigos y familiares sobre
su paradero.
Inicia la odisea
Miranda decidió organizar una búsqueda por la ciudad que
permitió localizar la camioneta de su hijo abandonada en una calle
del sur de Ciudad de México.
Ese día comenzó la odisea de Miranda para dar con los captores
de su hijo. Presentó una denuncia por desaparición en la
Procuraduría General de la República (PGR) y la de la Ciudad
de México y comenzó a indagar por su cuenta, en primer lugar
con los vecinos del lugar donde apareció la camioneta.
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| Del recuerdo. Hugo Alberto Wallace, de 36 años,
ha sido secuestrado. Foto AP |
Ahí le contaron que habían visto que alguien hizo bajar
de la camioneta a un joven y lo metieron a un edificio a una cuadra de
donde encontraron el auto. Relataron que no es la primera vez y que al
edificio suele llegar un hombre al que identifican como César Antonio
Fernández, que parece “policía judicial’’,
está armado y tiene un tatuaje en cada brazo.
La madre de Wallace no supo que su hijo estaba secuestrado sino 30 días
después de su desaparición, cuando recibió una carta
de los presuntos plagiarios. De nuevo fue a las procuradurías y
levantó una nueva denuncia, ahora por secuestro.
Con ayuda de vecinos, amigos, del Internet e incluso de directorios telefónicos,
Miranda comenzó a tener direcciones, nombres y fotografías
de supuestos plagiarios.
Su búsqueda la llevó al estado de Morelos, al sur de la
ciudad de México, donde había trabajado en la procuraduría
estatal un hombre llamado César Freyre Morales “que correspondía
a las características que me habían dado; tenía los
tatuajes que me decían: en el brazo derecho a su mamá y
del lado izquierdo como unas llamas’’.
A partir de ahí obtuvo direcciones de casas a las que llegaba a
vigilar. En uno de esos lugares descubrió que Freyre vivía
con su pareja Juana Hilda González, la mujer con la que su hijo
había ido al cine el día de su desaparición. También
averiguó que tenía relaciones con Daniela Salazar
Una vez identificadas las direcciones donde se movía Freyre y las
mujeres con las que salía, Miranda redobló su vigilancia.
El 26 de enero de 2006 entró al restaurante donde trabajaba Salazar.
Se sentó a comer, y en un momento la mujer se detuvo casi junto
a su mesa a platicar con una compañera del restaurante. Miranda
escuchó que decía que en dos días se iba a ir con
Freyre a El Salvador.
“Ahí tomé la determinación de detener a César’’,
dice. Llamó a uno de sus hermanos para que la acompañara.
Ambos esperaron a que Salazar saliera del restaurante y la siguieron en
un taxi hasta su domicilio, de donde salió Freyre.
Sin pensarlo, la madre de Wallace se le acercó y lo encaró
demandándole que le entregara a su hijo, y en respuesta el supuesto
secuestrador le apuntó con un arma.
Miranda cuenta que en segundos, su hermano se acercó por detrás
de Freyre y lo derribó, tiempo que ella aprovechó para correr
y solicitar ayuda a unos policías capitalinos que pasaban por el
lugar.
Antes de ser llevado por la policía, Freyre alcanzó a decirle
“que esto no había terminado, que todavía quedaba
mucha gente de su banda fuera y que me iba a matar, no sólo a mí,
sino a mi nieta y a mi hija”, recuerda.
La valentía de Miranda ha permitido la detención de tres
personas y dice que no se detendrá hasta que todos los responsables
sean detenidos y recupere a su hijo o al menos su cuerpo. Un funcionario
de la PGR le aseguró que lo mataron, aunque su cadáver no
ha aparecido.
La investigación del caso Wallace está a cargo actualmente
de la PGR, que mantiene en detención domiciliaria a Freyre, Salazar
y González. Miranda sólo espera que se haga justicia por
su hijo.

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