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Madre desafía a secuestradores

Valentía. Acepta que teme por su vida y aunque sabe que su hijo podría estar muerto asegura que no se detendrá hasta ver a los captores tras las rejas


Publicada 4 de abril de 2006, El Diario de Hoy

Por Eduardo Castillo/AP
El Diario de Hoy

internacionales@elsalvador.com
Sin temor. María Isabel Miranda muestra uno de los anuncios en los que ofrece una recompensa por los supuestos plagiarios de su hijo. Foto AP

MÉXICO. María Isabel Miranda no dudó en acudir a las autoridades cuando su hijo fue secuestrado a mediados de 2005, y tampoco vaciló en indagar por su cuenta para dar con su paradero. Pero nunca imaginó que su trabajo resultaría más efectivo que el de la policía.

Hugo Alberto Wallace, un capitalino de 36 años y dueño de una empresa de fumigación, fue secuestrado en julio del 2005. Un hombre y dos mujeres cumplen detención domiciliaria y no precisamente por la investigación de la policía, sino por la tarea detectivesca y la valentía de su madre.

El caso se conoció en febrero de 2006, cuando en tres puntos de la capital aparecieron carteles enormes con la fotografía de un sujeto identificado como César Freyre Morales y la leyenda “Si fuiste víctima de este delincuente denúncialo’’.

Un par de semanas después, los anuncios fueron cambiados por otros con la foto de un hombre identificado como Jacobo Tagle, a quien Miranda señala como otro de los presuntos secuestradores de su hijo, y por quien incluso ofreció una recompensa de unos 23,000 dólares a quien lo capture y entregue a las autoridades.

Wallace, separado de su esposa y con una hija de 10 años, salió la noche del 11 de julio de 2005 de su casa en el sur de la ciudad para ir al cine con una mujer identificada como Juana Hilda González. Esa noche fue la última que Wallace habló con su madre. Preocupada, ella comenzó a preguntar a amigos y familiares sobre su paradero.

Inicia la odisea

Miranda decidió organizar una búsqueda por la ciudad que permitió localizar la camioneta de su hijo abandonada en una calle del sur de Ciudad de México.

Ese día comenzó la odisea de Miranda para dar con los captores de su hijo. Presentó una denuncia por desaparición en la Procuraduría General de la República (PGR) y la de la Ciudad de México y comenzó a indagar por su cuenta, en primer lugar con los vecinos del lugar donde apareció la camioneta.

Del recuerdo. Hugo Alberto Wallace, de 36 años, ha sido secuestrado. Foto AP

Ahí le contaron que habían visto que alguien hizo bajar de la camioneta a un joven y lo metieron a un edificio a una cuadra de donde encontraron el auto. Relataron que no es la primera vez y que al edificio suele llegar un hombre al que identifican como César Antonio Fernández, que parece “policía judicial’’, está armado y tiene un tatuaje en cada brazo.

La madre de Wallace no supo que su hijo estaba secuestrado sino 30 días después de su desaparición, cuando recibió una carta de los presuntos plagiarios. De nuevo fue a las procuradurías y levantó una nueva denuncia, ahora por secuestro.

Con ayuda de vecinos, amigos, del Internet e incluso de directorios telefónicos, Miranda comenzó a tener direcciones, nombres y fotografías de supuestos plagiarios.

Su búsqueda la llevó al estado de Morelos, al sur de la ciudad de México, donde había trabajado en la procuraduría estatal un hombre llamado César Freyre Morales “que correspondía a las características que me habían dado; tenía los tatuajes que me decían: en el brazo derecho a su mamá y del lado izquierdo como unas llamas’’.

A partir de ahí obtuvo direcciones de casas a las que llegaba a vigilar. En uno de esos lugares descubrió que Freyre vivía con su pareja Juana Hilda González, la mujer con la que su hijo había ido al cine el día de su desaparición. También averiguó que tenía relaciones con Daniela Salazar

Una vez identificadas las direcciones donde se movía Freyre y las mujeres con las que salía, Miranda redobló su vigilancia.

El 26 de enero de 2006 entró al restaurante donde trabajaba Salazar. Se sentó a comer, y en un momento la mujer se detuvo casi junto a su mesa a platicar con una compañera del restaurante. Miranda escuchó que decía que en dos días se iba a ir con Freyre a El Salvador.

“Ahí tomé la determinación de detener a César’’, dice. Llamó a uno de sus hermanos para que la acompañara. Ambos esperaron a que Salazar saliera del restaurante y la siguieron en un taxi hasta su domicilio, de donde salió Freyre.

Sin pensarlo, la madre de Wallace se le acercó y lo encaró demandándole que le entregara a su hijo, y en respuesta el supuesto secuestrador le apuntó con un arma.

Miranda cuenta que en segundos, su hermano se acercó por detrás de Freyre y lo derribó, tiempo que ella aprovechó para correr y solicitar ayuda a unos policías capitalinos que pasaban por el lugar.

Antes de ser llevado por la policía, Freyre alcanzó a decirle “que esto no había terminado, que todavía quedaba mucha gente de su banda fuera y que me iba a matar, no sólo a mí, sino a mi nieta y a mi hija”, recuerda.

La valentía de Miranda ha permitido la detención de tres personas y dice que no se detendrá hasta que todos los responsables sean detenidos y recupere a su hijo o al menos su cuerpo. Un funcionario de la PGR le aseguró que lo mataron, aunque su cadáver no ha aparecido.

La investigación del caso Wallace está a cargo actualmente de la PGR, que mantiene en detención domiciliaria a Freyre, Salazar y González. Miranda sólo espera que se haga justicia por su hijo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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