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Flor de Mangle, lugar de muchas carencias

La Unión. Las viviendas están construidas con plástico, láminas, cartón y otros materiales. Pese a las condiciones, los niños y adultos no descuidan su educación

Publicada 27 de marzo de 2006, El Diario de Hoy

Aprendizaje. Las condiciones del centro escolar no son las adecuadas, pero los alumnos no dejan de asistir a clases. Foto EDH


Insy Mendoza
El Diario de Hoy
elpais@elsalvador.com

En la comunidad Flor de Mangle, la pobreza llegó para quedarse. Está ubicada a orillas de la carretera del Litoral, en el cantón El Volcancillo de La Unión.

Ranchos de plástico, láminas, cartón, piedras, bahareque y palmas forman las casas de una comunidad integrada por unas 50 familias y que urgen de atención.

“Nos sentimos en el olvido. Pensamos que no existimos en el mapa”, dice Elmer Martínez, un residente.

En el lugar no hay servicio de energía eléctrica, carecen de letrinas y pocos tienen un pozo para abastecerse de agua. Lo único a su favor es que son propietarios de los solares donde viven.

Una camándula de necesidades
La comunidad requiere de casas dignas
- Son 50 familias que viven en la extrema pobreza.
- Una champa de lámina, bahareque y cartón es la escuela.
- La población estudiantil es de 30 alumnos.
- Las edades de ellos van de los siete a los 14 años.
- Para llevar el sostén familiar, los hombres se dedican a la extracción de moluscos y también punches.
- También siembran maíz y maicillo; sin embargo, eso no les da mejores ingresos.
- Claman por poder contar con servicios básicos para mejorar su calidad de vida.

Delia Aguilar, gobernadora política de La Unión, expresa que “sinceramente no conozco la comunidad”, pero luego se contradice cuando afirma que le pidieron silabarios, cuadernos y lapiceros.

Mientras tanto, Juan Santos, gerente de la alcaldía unionense, adelantó que “hay un proyecto de vivienda digna” y que el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) les ha dado un préstamo. Pero antes se hará un estudio para saber quién en realidad necesita ayuda.

“Hace un año que estamos en gestión con el Viceministerio de Vivienda.El proyecto va”, aseguró.

Glenda García llega de un cantón cercano a dar clases voluntariamente.

“Les enseño el ‘pan del saber’. La comunidad es muy pobre”, dice. Una champa es la escuela; trozos de palo, los pupitres, no hay pizarra y los alumnos no tienen cuadernos.

Pese a ello niños y adultos ya saben leer y escribir.las mujeres hacen los oficios domésticos o venden punches y curiles que sacan de un estero cercano. Los hombres se dedican a la pequeña agricultura o de mozos.

Así transcurre la vida en este lugar donde la el Estado y la alcaldía olvidaron su labor social, pues afirmaron erradicar “la pobreza extrema”.

Las condiciones de vida en el lugar son difíciles, sin que instituciones municipales ni gubernamentales den muestras de querer ayudar.

Viven con la esperanza de tener una casa

El Presidente Antonio Saca prometió, en su campaña, construir sus casas. Y en la comunidad Flor de Mangle no pierden la esperanza de que lo cumpla.

Aprendizaje. Las condiciones del centro escolar no son las adecuadas, pero los alumnos no dejan de asistir a clases. Foto EDH

Pero no sólo Saca hizo el ofrecimiento. El proselitismo tocó sus puertas con un paquete: los candidatos ofrecieron casa, energía, agua, letrinización y mejoras en la escuelita.

El presidente de la comunidad, Elmer Martínez, asegura que viven en el olvido.

“Sacamos punches y curiles porque estamos cerca del estero. Nuestras mujeres se dedican al hogar. No tenemos letrinas, no hay atención del Ministerio de Salud”, dice.

Zalatiel Bautista también lamenta las carencias y la ausencia de las entidades: “Los políticos nos ofrecen mucho, pero sólo son promesas. Esperamos el proyecto de vivienda y confiamos en que el presidente nos cumplirá”, dijo.quí no podemos ocultar la miseria en la que estamos viviendo por eso les suplicamos a las instituciones y otros organismos que nos den su mano de apoyo.

 

 

 


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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