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| Sin espacio. Las camas permanecen unidas en la sala de maternida. Hay poca ventilación. Foto EDH |
Y. Pérez/F. Torres
El Diario
de Hoy
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El orden y la higiene son características marcadas en los hospitales de San Miguel y Usulután.
Pero esto no significa que la atención dada a los pacientes sea satisfactoria.
Hay limitaciones de recursos que se agudizaron con los sismos de 2001 y, hasta la fecha, afectan el servicio que se brinda.
Algunos consultorios funcionan en galeras que fueron llamadas provisionales hace cinco años y que aún esperan a ser sustituidas por edificios nuevos.
Definitivamente faltan insumos, al extremo que, en San Miguel, muchas veces los pacientes que se someterán a diálisis deben comprar su catéteres porque no alcanzan los asignados a la unidad correspondiente.
Las cuotas
Hay un círculo vicioso difícil de romper en la prestación de servicios. Las llamadas cuotas voluntarias se destinan para cubrir algunas necesidades de los centros asistenciales. Incluso hay trabajadores que reciben su sueldo de ellas.
Varias veces, autoridades superiores han reiterado que no se puede obligar a nadie a pagar por servicios en hospitales públicos.
Pero las quejas por ello abundan, pese a que no siempre las tarifas solicitadas son elevadas.
Para el caso, en el hospital San Pedro, de Usulután, piden a los pacientes cuotas que van de los 75 centavos a los nueve dólares, según la atención que reciben.
Las trabajadoras sociales atienden a decenas de personas cada día por peticiones de exoneración de estos pagos.
María Chávez se queja de haber sido maltratada por estas empleadas que le reprocharon buscar servicios sin tener para pagar.
En San Miguel, las quejas son por las incomodidades.
Gran parte del edificio resultó dañado y aunque algunas áreas han sido rehabilitadas, no hay espacio para todo.
Tampoco el personal suficiente, a criterio de muchos pacientes que no culpan a médicos y enfermeras de las horas de espera que deben tener, sino a la necesidad de más personal.
A este centro refieren a pacientes graves de otros centros del oriente. Faltan elementos básicos como sillas de ruedas y camillas.
En el servicio de consulta externa atienden a no menos de 150 personas cada día. La sala de espera hace honor a su nombre y hay pacientes que permanecen ahí hasta cuatro horas para recibir atención.
La esperanza de todos es que la remodelación del edificio, que iniciará en junio, supere las limitaciones que todos padecen.
La falta de espacio es uno de los problema en áreas del San Pedro
Recorrer el área de ginecología en el hospital San Pedro, de Usulután, es suficiente para ver la necesidad de espacio y mobiliario.
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| María Chávez, usuaria de servicios médicos.Foto EDH |
Las pacientes se encuentran una junto a otra, con poco espacio para desplazarse y con escasa ventilación.
Peor es en las áreas de consulta externa y especialidades, que funcionan en instalaciones “provisionales” con paredes de lámina y pisos de tierra.
El acceso al área de emergencias es tan reducido que dos pacientes que lo crucen al mismo tiempo lo hacen ver abarrotado.
La galera en que funciona esta dependencia es cerrada y con poca aireación.
Los afortunados son los “encamados”, ya que la sección está en pabellones separados y tiene sanitarios aseados. Al reconstruirse el centro asistencial se contempla establecer consultorios por especialidad en emergencias.
El servicio funciona bastante mejor hoy
De 2003 a la fecha, la atención en el hospital San Pedro ha mejorado considerablemente, piensa el director del centro, Juan Francisco Sánchez. Destaca que pueden atender a 130 “encamados”.
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| Juan Francisco Sánchez. Foto EDH |
Rechaza las quejas por pagos obligados, “la mayor parte son exonerados”, expresa al detallar que las cuotas voluntarias significan un ingreso de cerca de 1000 dólares al mes.
Piensa que la atención es rápida y eficiente. Cuentan con 17 médicos residentes, 42 especialistas y tres ambulancias, dos de ellas viejas.
El profesional rechaza los señalamientos de algunos empleados sobre que haya limitaciones en este aspecto. “Son abastecidas de combustible con el presupuesto”, expresa.
La situación mejorará considerablemente al iniciar el proyecto de reconstrucción del edificio que tendrá un costo de siete millones de dólares.
Otros dos serán destinados a la adquisición de equipos. No hay fecha para concluir.
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