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La Nota del Día
El momento se presta para corregir rumbos

La tarea por delante requiere del concurso de las mejores y más experimentadas cabezas de la nación, incluidas personas que ya forman parte del equipo del Ejecutivo.

Publicada 26 de marzo de 2006 , El Diario de Hoy

El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com

Las elecciones del doce de marzo marcaron una pausa importante en la marcha de la vida pública, la que deben aprovechar el gobierno, los partidos políticos y el sector productivo para revisar políticas y programas y hacer las necesarias correcciones. Como “después de la batalla todos son buenos generales”, es posible a través del análisis objetivo, establecer cuáles fueron los errores y cuáles los aciertos de su gestión, para afinar el rumbo.

Los gobiernos son los que más se benefician al evaluar éxitos y fracasos. Eso les permite renovar su equipo de funcionarios, como es del caso hacer aquí y ahora.

Con el paso de los meses se siente más y más la falta de un grupo de trabajo dentro del Ejecutivo, capaz de formular políticas, leyes y programas congruentes con un sistema de economía de mercado, vale decir con lo que está determinando el rumbo del mundo contemporáneo. Las leyes promulgadas los últimos dos años contradicen la intención de modernizar el Estado, establecer reglas claras y fomentar la creación de empleo; en ciertos casos se ha ido a contrapelo de la intención; en otros se ha caído en un populismo “light” que genera expectativas difíciles de cumplir.

Es particularmente peligroso priorizar “lo social” sobre lo económico, por la simple razón de que no se cosecha lo que antes no se sembró. La mejoría social, entendiéndola a grandes rasgos, es el resultado del crecimiento económico; cuando no existen reales incrementos en la producción y el empleo, los programas “de interés social” son siempre muy limitados en sus alcances, de poca incidencia en la vida de la gente y a costa del resto de la población. Se fabrican casas para resolver necesidades en áreas marginales, pero con ello se resta fuerza al crecimiento. Es además grave que los demagogos y traficantes de ilusiones de inmediato ofrecen el triple de lo que se puede cumplir.

Que las mejores cabezas piensen

Hay leyes que se deben suprimir, como la que deja en una nebulosa el impuesto global a las empresas. Por culpa de tal disposición es que El Salvador no se transformó en un centro financiero regional; en vez de asentarse aquí los conglomerados bancarios, se fueron a Panamá para que el Fisco no los desvalijara. Los patrocinadores de esa ley olvidan que con justa razón los capitales “votan con sus pies”, yéndose con sus bártulos a países donde no les amenacen.

Similares políticas benefactoristas fueron las causantes de la pobreza que padecemos. En los años sesenta y setenta, tanto el gobierno estadounidense como la CEPAL y organismos internacionales de parecido corte, presionaron a El Salvador para decretar altos niveles de impuestos, fortalecer los sindicatos, regularlo todo y “repartir riqueza” a través de acciones sociales. Los mayores excesos se dieron con las ruinosas políticas confiscatorias del duartismo durante los años de la locura; las iniciativas sociales incluyendo la reforma agraria para beneficiar al campesino y pequeño agricultor, nos hundieron en la bancarrota y son la causa de la actual pobreza, la que hemos ido superando gracias precisamente a la liberalización económica propiciada por los últimos gobiernos.

La tarea por delante requiere del concurso de las mejores y más experimentadas cabezas de la nación, incluidas personas que ya forman parte del equipo del Ejecutivo. Hay demasiado en juego para no revisar lo actuado.

 

 

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