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| Velación. Deudos de uno de los cuatro
hombres acribillados el sábado, retiran el cadáver de
Medicina Legal de San Vicente. Foto: EDH |
Jorge Beltrán
El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com
Asus cinco años, Bryan Mejía no entiende que después
de hoy ya no verá a su padre más que en fotografías.
Ajeno al significado de la palabra muerte, el niño preguntaba “si
la caja (ataúd) en la que llevarán a su padre sería
bonita”.
Bryan no comprende que desde el sábado anterior ha quedado sin
padre, luego de que dos mareros lo mataran junto a tres hombres más.
Joel Mejía, 27 años, era cobrador de un bus de la Ruta 540
que recorre entre Zacatecoluca y el Puerto La Libertad. Lo asesinaron
junto a Elmer Ayala, motorista de la unidad, Ismael Alvarado, de 16, y
Willian Rodríguez.
A diferencia de Bryan, los parientes de Alvarado están conscientes
de lo grave que es el problema y cuán indefensos trabajan los transportistas.
Ellos hacen sus propias críticas y conclusiones.
De la policía dicen que no actúa porque les tiene miedo
a los pandilleros. De las autoridades gubernamentales, en general, piensan
que deberían actuar en vez de tanto hablar, y de la Procuraduría
de Derechos Humanos, que no debería defender a los mareros cuando
éstos son capturados.
Muerte anunciada
A Joel Mejía le venían anunciando la muerte desde hace un
mes, cuando le pusieron una pistola en la cabeza mientras trabajaba.
Desde ese día, los mensajes de texto al celular le llegaban con
frecuencia. Le decían que él sería el próximo
en ser asesinado.
Al final de la jornada, Joel se recostaba en una hamaca y llamaba a su
mujer para enterarla de las amenazas.
Ella le rogó que ya no trabajara más como cobrador, pero
no le hizo caso, confiado en que era muy conocido en la ruta y cumplía
con los 50 dólares semanales de renta que los mareros le exigían.
El último mensaje que Joel y su mujer leyeron le fue enviado tres
días antes de que lo mataran. De nuevo los ruegos cayeron en saco
roto.
Las indagaciones que las familias dolientes han hecho revelan que fueron
mareros los que cometieron el cuádruple asesinato. Incluso señalan
a pandilleros de la lotificación Miraflores, de San Pedro Masahuat.
Ataque
Los testigos les han contado a las familias dolientes, que dos hombres
con camisas mangas largas, de buen aspecto en cuanto a vestir, abordaron
el bus en el cantón Cangrejera. Llevaban Biblias bajo el brazo
y en cuanto se subieron comenzaron a predicar.
Pero al llegar a un tramo desolado de San Luis Talpa, los sujetos sacaron
sus armas. Mejía suplicó por su vida diciendo que ya había
pagado la renta.
En eso, Ismael Alvarado se tiró del bus. Mejía le gritó,
a destiempo, que no lo hiciera porque los matarían. Y así
fue.
Primero mataron a Mejía, luego a Ayala, y por último dieron
alcance a Alvarado. Hecha la matanza, los dos sujetos abordaron un pick
up rojo en el que al parecer viajaban sus cómplices.

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