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Tema para meditar
El Día Internacional de la Mujer

Yo creo que entre todos tenemos que cambiar reorientando las creencias, aplicando adecuadamente los valores, generando actitudes diferentes y en la realidad, cambiando esta situación en el trato de la mujer

Publicada 12 de marzo de 2006 , El Diario de Hoy

Pedro Roque*
El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com

Quizás por el bullicio, los desórdenes, las irregularidades, las denuncias y lo machacante de la campaña electoral, no nos dimos cuenta esta semana de la celebración en muchos países del Día Internacional de la Mujer. En algunos, se cumplía un aniversario más, desde que las mujeres tienen derecho al voto. Así estaba el mundo de atrasado, o no sabían, que en la tierra hay más mujeres que hombres. O bien, como aún, desgraciadamente, en algunos países, siguen creyendo en la superioridad del hombre sobre la mujer.

Dios nos ayude a que cada día seamos más los que creemos en la igualdad entre las mujeres y los hombres y que lo importante de ambos géneros, es su capacidad de convivencia, de conservación de nuestra especie, de integración y protección de la familia y que trabajando juntos, serio y duro, podemos hacer crecer nuestro país.

Son terribles las estadísticas que mostró la televisión internacional sobre el maltrato a las mujeres. Decían que en México una de cada cuatro tiene que cambiarse de empleo por acoso sexual, que cuatro de cada diez se sienten acosadas sexualmente y que al año se producen unas ciento veinte mil violaciones. No sé cuáles son las cifras en El Salvador, pero partiendo de que diariamente hay entre once y catorce homicidios, los números seguramente se parecen.

En la moderna España, la “violencia de género” ha crecido o bien hoy se sabe más que antes sobre la violencia intrafamiliar y así los números indican, que cada dos semanas, tres mujeres son víctimas mortales de sus propios esposos o compañeros de vida.

Yo creo que entre todos tenemos que cambiar reorientando las creencias, aplicando adecuadamente los valores, generando actitudes diferentes y en la realidad, cambiando esta situación con nuestras acciones y responsabilidades en el trato igualitario de la mujer.

En España, el Presidente del Go-bierno Rodríguez Zapatero apelaba en un discurso a los “buenos empresarios” a que reconozcan los mismos derechos a los hombres y a las mujeres, pues según las estadísticas, por el mismo trabajo cobran menos que los hombres. ¿Usted sabe cómo es aquí?

Yo me di cuenta de esta situación en 1968 y desde entonces creo debe haber igualdad entre el hombre y la mujer. De estudiante en Alemania, trabajé unas vacaciones en la ciudad de Bingenbrück, en una fábrica de interruptores eléctricos, haciendo una operación sencilla de soldadura.

El supervisor me puso a trabajar en un grupo con tres señoras y una de ellas amablemente me enseñó cómo hacer la soldadura. Yo, por ser hombre, ganaba por hora más que ellas, sencillamente porque eran mujeres y ellas para compensarlo y ganar lo mismo, tenían que trabajar por lo menos treinta por ciento más y más rápido que yo.

Hablando entre ellas en alemán, suponiendo que quizás yo no entendía, comentaron que era injusto que yo el primer día ganara más que ellas, que tenían mucho tiempo de estar haciendo ese trabajo.

Pensativo, terminé el turno reflexionando, que para la fábrica, la empresa de automóviles que los utilizara y para quienes compraran los vehículos, era indiferente quién había hecho las soldaduras, lo importante era que fueran buenas.

Al día siguiente les pedí que me explicaran cómo funcionaba el sistema de producción y me dijeron que era el mismo para los hombres y para las mujeres, si producían más de una determinada cantidad cobraban un sobresueldo, pero que las bases para las mujeres eran un poco más bajas que para los hombres… Así de injusto.

Desgraciadamente, aun existen estos criterios de desigualdad en la valoración y en la compensación por el mismo trabajo obrero y, en lo profesional, en casi en todo el mundo, las mujeres tienen que competir más entre ellas y esforzarse mucho más para llegar y mantenerse en los mismos puestos gerenciales o directivos que los hombres.

Hablando con mi esposa sobre este asunto exclamó: Y además, nos enamoramos, nos casamos o juntamos con los hombres, los amamos y concebimos y parimos con la misma esperanza, amor y dolor a las niñas y a los niños, que nacen íntegros y sin prejuicios, pero nosotros mismos desde pequeños los predisponemos.

Tienes razón, le contesté. ¿Y cómo hacer para cambiar?, me preguntó. ¡Amarnos más!, le respondí. Es la única solución… Amarnos más como personas que como seres de diferente sexo. El amor perdura, el sexo es fugaz y momentáneo.

Pero aún así, sonriendo murmuramos lo que dicen los franceses: “¡Que viva la diferencia!”.
¿Y usted que piensa sobre este asunto?

*Ingeniero y columnista de El Diario de Hoy.

 

 

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