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Perfil
Don Roberto Quiñonez Meza nació en Santa Ana, el
2 de marzo de 1927. Graduado de Ingeniería Industrial y Humanidades
en la Universidad de Stanford, en Estados Unidos. Desde 1977 hasta
1980 fungió como Embajador de El Salvador en Washington.
Fue gerente general de Industrias La Constancia. Fundador de la
Asociación Nacional de la Empresa Privada (ANEP) y de la
Asociación Nacional de Anunciantes de El Salvador (ANAES).
Presidente y fundador de Arrinsa Leasing y de la Feria Internacional
de El Salvador. Es padre de cuatro hijos fruto de su matrimonio
con doña Clelia Sol. |
Paola Michelle García
El Diario de Hoy
vida@elsalvador.com
Incansable trabajador, don Roberto Quiñónez Meza —un
hombre de porte elegante, de corazón sencillo, que ha dedicado
su vida entera a la administración de empresas— se ha destacado
por sus grandes aportes al gremio empresarial de El Salvador.
Nacido en la Ciudad Heroica, Santa Ana, aseguró que desde muy pequeño,
en su familia le inculcaron el amor por el trabajo.
“Mis padres y abuelos me enseñaron una ética de trabajo,
que creo la tenemos todos bien interiorizada en la familia; y eso me hizo
trabajar toda mi vida”, comentó don Roberto.
Así, desde su juventud, laboró incansablemente en diferentes
empresas del país. Durante más de 30 años, trabajó
como administrador en Industrias La Constancia.
Después, desde 1977 hasta 1980, don Roberto incursionó en
la carrera diplomática, cuando fue nombrado Embajador de El Salvador
en Washington.
“Según me dicen los diplomáticos de carrera, ser Embajador
en Washington es la posición más codiciada, y yo estuve
allá dos años y medio”, dijo el empresario.
Antes, ya había sido fundador de la Asociación Nacional
de la Empresa Privada (ANEP).
Además, en 1965 fundó la Feria Internacional de El Salvador.
“Fueron tres años de trabajo para lograr una feria que durará
tanto tiempo, y que ha perdurado hasta ahora. En aquel entonces, sólo
teníamos unos 10 ó 12 países participantes”,
recordó don Roberto.
En este contexto, el reconocido empresario se define a sí mismo
como “un hombre trabajador”.
“Estuve también de presidente del Consejo Nacional de Publicidad,
así que he andado haciendo travesuras por todos lados. Y mi última
travesura es el ITCA (Instituto Tecnológico Centroamericano), ese
es mi broche de oro”, puntualizó Quiñónez Meza.
En la intimidad
Padre de cuatro hijos, don Roberto confesó que hace aproximadamente
unos 55 años experimentó el “amor a primera vista”,
cuando conoció a su esposa, doña Clelia Sol.
“Mi esposa es una magnifica cocinera. Desde el primer momento en
que nos vimos fue amor. Ya llevamos 55 años de casados”,
dijo.
De su niñez en Santa Ana, don Roberto recuerda “una ciudad
tranquila, donde vivió una época para hacer amistades, que
perduran hasta hoy”.
“Con mis amigos de infancia, en los parques —que todavía
no eran pavimentados— jugábamos chibolas, trompo, yoyo. Era
una infancia sabrosa y tranquila”, dijo.
Sin embargo, pese a la pasividad de su ciudad natal, el empresario recordó
que su niñez fue interrumpida por “un espacio de dificultad”
en 1932. “Recuerdo que a varias familias nos metieron en una sola
casa. Para nosotros de cipotes era una fiesta, porque no entendíamos
el problema; pero nuestros papás y tíos estaban en la Guardia
Civil, que fue una organización cívico-militar de defensa”,
afirmó Quiñónez Meza.
Amante del deporte, en su juventud practicó durante varios años
el basquetbol y también el fútbol americano.
“Me dediqué a jugar con un equipo que se llamaba ‘El
independiente’ (...) Después me fui a Estados Unidos, jugué
fútbol americano —que no me fue muy bien— donde perdí
un riñón, porque me dieron un golpe fuerte y tuve un trauma”,
rememoró.
En los años de su juventud, también perteneció a
los BoyScouts, donde hizo muy buenos amigos, con quienes disfrutó
inolvidables excursiones y campamentos.
Así, a lo largo de sus 79 años, con muchas anécdotas
que contar —según confesó don Roberto— uno de
los momentos más difíciles en su vida fue la muerte de su
hijo, José Roberto.
“A él (José Roberto) lo perdimos durante la guerra.
Tuvo un accidente en helicóptero (...) Definitivamente ese fue
uno de los momentos más difíciles, del dolor no se sale,
pues las cicatrices quedan, pero en fin, son cosas de Dios”, detalla
don Roberto con voz entre cortada.
En este contexto, otro de los momentos más duros para el reconocido
empresario fue el secuestro de su esposa, en 1984, en Miami, Estados
Unidos.
Y pese al sufrimiento y los instantes de alegría, don Roberto aseguró
con voz firme: “Yo no cambiaría mi vida aquí en este
país por nada del mundo”.
“El Salvador me ha dado todo lo que tengo y todo lo que soy, y lo
que tengo no sólo en cosas materiales, sino mi familia: mis hijos,
mis hermanos, mis nietos y mis sobrinos”, puntualizó don
Roberto, un verdadero caballero.

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