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Eduardo Vázquez Bécker*
El Diario de Hoy
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A pesar de lo que digan los profetas de la inconformidad y del desastre, estamos mejor que antes; la pobreza ha ido cediendo terreno, cada día más gente se incorpora al sistema de educación y de salud; se está protegiendo el medio ambiente como nunca se hizo antes; el agua, con lamentables excepciones, está al alcance de más población que hace veinte años; se hacen esfuerzos por revitalizar el agro; las remesas aumentan cada día de manera considerable; en fin, estamos tomando conciencia de que los problemas de desarrollo no son cosa del vecino, sino cosa nuestra y que, a pesar de los terremotos, las tormentas y los obstáculos dejados por el conflicto armado, cada día somos más fuertes.
Debemos reconocer que existen problemas, que deben ser enfrentados y resueltos de manera realista, sin más pasión que la necesaria, sin humo en la cabeza. El Presidente Saca tiene en su equipo de gobierno personas muy inteligentes, que ven los asuntos de nación de manera objetiva, que trabajan con un concepto en el que la seguridad somos todos y que ésta va más allá de los hechos violentos y del crimen organizado; que privilegian las ideas razonables y coherentes más que las ideas luminosas y desorientadoras; que trabajan con los pies en la tierra y, sobre todo conscientes de que la violencia, la corrupción, el desgano y el crimen, son una grieta en el sistema por donde se cuela la inestabilidad y el desorden; situaciones que si no se atienden terminan siendo agua en el molino de quienes no pueden vivir en democracia.
Otra cosa es la inseguridad que la marea roja vocifera: Que los pobres nunca fueron tan pobres como ahora; que el Tratado de Libre Comercio los hará más pobres aún; ¡abajo el imperialismo norteamericano y el capitalismo neo liberal!; ¡abajo los Estados Unidos!; ¡viva el pensamiento filosófico de los tres reyes magos: Castro, Chávez, Evo!; ¡que vivan las maras!. Con esa gritería producen inseguridad favorable sólo a sus fines y propósitos. Olvidan que hubo época en la que El Salvador fue el granero de Centro América y que por su actividad industrial fue llamado el Hong Kong de América Latina. La inseguridad era entonces de otro tipo.
La campaña permanente de los rojos por exagerar la inseguridad, tiene como objetivo desprestigiar al país, saben que con inseguridad no hay crecimiento económico, ni social, ni moral. El Partido Comunista y las organizaciones de izquierda, “prestadas” como ellos dicen, no cejan en sus esfuerzos por dañar al país. Por esa razón se oponen en la Asamblea Legislativa a los préstamos para seguridad, para educación, para salud, para el ambiente etc., por eso atrasan acuerdos internacionales, que significan trabajo para los salvadoreños. La bancada roja ocupa sus curules para fomentar el odio y la inseguridad. Afortunadamente el pueblo no les cree, sabe que le están dando gato por liebre.
No es cierto que estemos peor que antes, lo que ocurre es que, como en toda sociedad democrática, hay de todo: Tenemos problemas por falta de leyes adecuadas, por casos excepcionales de negligencia administrativa, fiscal y policial; por magistrados y jueces que nunca debieron serlo; por empresarios que persisten en viejas políticas de expoliación, pero de ahí a que estamos hundidos en la inseguridad hay gran trecho.
El verdadero problema de inseguridad que afecta al país se encuentra en la violencia orquestada por la izquierda. Los problemas sociales y económicos por los que atraviesa El Salvador no se arreglan de la noche a la mañana, con arengas o agitaciones callejeras, vociferando contra el sistema capitalista, anunciando la caída del imperialismo o el fin del mundo, se resuelven con políticas de desarrollo social efectivo, con medidas de gobierno que sean honestas y claras.
El pueblo debe entender que mientras los comunistas radicales controlen al FMLN, no habrá solución a nuestros problemas; debe entender que el verdadero propósito de los izquierdistas (comunistas) es obtener mayoría calificada en la Asamblea Legislativa para hacer ingobernable al Estado y crear pretextos para justificar una revolución bolivariana con boinas rojas, pupusas y chilate.
*Lic. en Derecho y periodista.
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