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Tema del momento
La gran oportunidad

En mi opinión dejarle la mayoría a un partido que se declara abiertamente partidario de la dictadura cubana, de los métodos de Chávez y Evo Morales es una irresponsabilidad

Publicada 9 de marzo de 2006 , El Diario de Hoy

Marvin Galeas*
(Segunda parte)
El Diario de Hoy

editorial@ elsalvador.com

La entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio con los Estados Unidos, nos llegó justamente en medio del proceso electoral. Las reacciones de los dos partidos mayoritarios ante el hecho, dicen más que cualquier promesa de campaña, discurso o anuncio de televisión sobre sus ideas de cómo encarar los desafíos del país. Visiones totalmente encontradas.

Ambos partidos trataron de sacar ventajas políticas del hecho. ARENA lo anunció como un logro de su gestión, a través de campos pagados y encuentros de sus dirigentes con los medios informativos. El FMLN movilizó a sus bases para impedir el tránsito por carreteras y avenidas, quemar llantas, manchar paredes y gritar iracundas consignas contra el acuerdo comercial. Las cosas están bien claras.

Un partido, más allá de sus mensajes coyunturales, le apuesta a la libertad económica, base de todas las demás libertades, para sacar adelante al país. El otro sigue aferrado a la vieja creencia de que la “justicia social” se logra destruyendo riquezas para repartir miseria, cerrando la puerta al mundo, articulando un discurso de falsa dignidad patriótica frente al imperio, estimulando el odio y el resentimiento entre los diferentes sectores de la sociedad.

Esas son en realidad las dos opciones. Si los resultados de ambas propuestas no fuesen conocidos, quizá sería lógico tener ciertas expectativas sobre cada una de ellas. Pero la historia allí está. Los pueblos que escogieron la libertad económica, es decir la democracia política, la economía de mercado, el Estado de Derecho son los más desarrollados y felices del mundo.

Los que se inclinaron por la retórica populista incendiaria, los que apostaron por el Estado revolucionario, jefeado por el “compañero presidente”, que siempre habla a favor de los pobres y es látigo de los poderosos y del imperialismo, no sólo son los pueblos más empobrecidos; son también los que viven en permanente estado de tensión y guerra. Siempre alertas a entregar hasta la “última gota de sangre”. Siempre con el alma en un hilo atrapado entre tremendistas opciones “patria o muerte”, “revolución o muerte”, “socialismo o muerte”.

Es cierto que las elecciones del domingo no son presidenciales. Sin embargo el resultado podría incidir en torcer el rumbo que lleva la nación. Siempre será sano que haya en la República pesos y contrapesos en el ejercicio del poder. No nos debería angustiar que un partido de oposición llegara a tener más diputados que el partido del gobierno. Pero ese es un escenario ideal cuando se trata de partidos con profundas convicciones democráticas.

En el país el principal partido de oposición es antisistema. Así lo dijo en una entrevista uno de sus principales dirigentes. Y no dijo sólo eso. Afirmó que no cree en la alternabilidad. De lo que se trata es de llegar para quedarse a como dé lugar. Al estilo de Chávez en Venezuela. En mi opinión dejarle la mayoría a un partido que se declara abiertamente partidario de la dictadura cubana, de los métodos de Chávez y Evo Morales es una irresponsabilidad que la podemos pagar muy caro como nación.

La cuestión acá no es si simpatiza con el partido ARENA o no; si se simpatiza con el Presidente Saca o no. El dilema es, como decía en un programa de televisión don Enrique Altamirano, entre los sensato y lo insensato. El TLC, como gran oportunidad para el país, podría irse por el resumidero, si sus acérrimos enemigos obtienen las armas legales, es decir puestos legislativos y alcaldías para torpedearlo.

En vez de tres años de incremento en el intercambio comercial con el mercado más rico y más grande del mundo y todo lo que ello significa, tendríamos tres años de calles tapadas, llantas quemadas, diatribas incendiarias. Eso sí todo a favor de los pobres. Las opciones están sobre la mesa.

En estos días previos al día de las votaciones debemos reflexionar serenamente sobre el tipo de país que queremos: uno que aproveche las oportunidades que nos ofrece el entorno mundial. O uno que se encierre en quimeras ideológicas derrotadas por la historia. Cada uno de nosotros tiene, gracias a Dios, el poder de decidir.

*Columnista de El Diario de Hoy. marvingaleas@cinco.com.sv

 

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