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| A brincos. José Vásquez fue
ayudado por dos amigos para llegar al Rosales. el joven dio saltos
a lo largo de dos cuadras por la protesta.
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El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com
Maternidad
“Caminé bastante y por poco pierdo la cita”
Felicita Montes tuvo que caminar varias cuadras con su bebé de
nueve meses en brazos y su hija de siete años junto a ella para
no perder la consulta que desde hace días esperaba en el Hospital
de Maternidad.
El severo congestionamiento lo generó un grupo de sindicalistas
que partió desde el Reloj de Flores hacia Gobernación. El
transporte en el que se conducía Felicita desde Ilopango se desvió
de su recorrido normal y llegó tarde al nosocomio.
“Hemos caminado más porque es un problema que cierren las
calles”, dijo la señora mientras caminaba bajo el sol cubriendo
a su hijo con una manta. Felicita tuvo suerte.
Otras personas perdieron la consulta médica programada para ayer.
Además, a muchos visitantes se les hizo imposible ingresar a los
centros médicos para ver a sus familiares internos.
H. Rosales
“Nos asustamos cuando vimos los desórdenes”
Con muletas y su pierna derecha fracturada, José Ricardo Vásquez
tuvo que caminar con ayuda de su hermano y un amigo, desde el Parque Cuscatlán
hasta el Hospital Rosales para que le enyesaran la pierna derecha.
El bloqueo de las arterias cercanas al nosocomio impidió que el
taxi en el que se conducían, desde la Colonia Costa Rica, los dejara
en un lugar más cercano. “Nos asustamos con los desórdenes,
pero ayer no nos pudieron atender, aquí es difícil que le
den cita rápido y que le den medicina, mi hermano también
está recibiendo tratamiento por diabetes y no podemos perder el
control”, dijo Carlos Vásquez, hermano del paciente. José
sufrió la fractura, luego que un vehículo lo golpeara, hace
ocho días, cuando intentaba cruzar la calle en la colonia La Mascota,
al salir de su trabajo.
H. Rosales
“Iba a la parada del bus, cuando estalló una cosa”
Mientras las explosiones y disparos resonaban en las calles, un ambiente
de tensión y nervios se apoderó de los empleados y pacientes
del Hospital Rosales. Blanca Estela Enríquez, una mujer residente
en Nueva Concepción, Chalatenango, se desmayó luego de quedar
casi entre el fuego.
Horas antes de los disturbios entre manifestantes y la policía,
esta mujer, que ronda 50 años, llegó al hospital desde “Chalate”
con el fin de donar sangre para ayudar a su hija enferma de lupus. Para
alguien en ayunas, explicó, el susto fue tremendo.
Una doctora se aprestó a atender a la mujer. La taza de café
dulce y palabras de consuelo no eran suficientes para calmarla. “Iba
para la parada a tomar el bus cuando cerca estalló una cosa redonda
que tiraron. Como pude me ayudaron a entrar”, explicó.

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