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| Fuerza cuscatleca. El coronel Rubén Rubio
(izquierda) da instrucciones a los soldados salvadoreños. Foto
AP |
Jeremy Redmon
CAMPO DELTA, IRAQ
El Diario de Hoy
internacionales@elsalvador.com
Ellos eran jóvenes tenientes en la guerra de El Salvador que
duró 12 años. Actualmente son coroneles y generales, los
soldados endurecidos por la batalla que se apoyan en esas experiencias
aquí, en el sur de Iraq.
“Nuestro conflicto interno nos ayudó. Nos dio la experiencia
para llegar a este país y hacer que la opinión popular se
percatara de que el Ejército está de su lado”, dijo
el teniente coronel Carlos Alvaro Rivera Mora, de 44 años, quien
sirvió en las fuerzas armadas de El Salvador a lo largo de los
últimos 10 años de la guerra.
“Si bien las causas han sido diferentes para explicar los conflictos”,
prosiguió, “los resultados han sido los mismos, como la pobreza.
Nosotros hemos estado lidiando con los resultados de los conflictos de
la misma forma”.
El Salvador, al igual que Iraq, ha luchado con una violenta insurgencia.
De 1980 a 1992, se estima que miles murieron a consecuencia de la guerra
en ese país de Centroamérica. En lo que se considera uno
de los últimos episodios de la Guerra Fría, asesores militares
de Estados Unidos entrenaron a fuerzas gubernamentales en El Salvador,
al tiempo que los guerrilleros comunistas del FMLN recibieron ayuda de
Cuba y de la Unión Soviética. La guerra terminó en
1992, cuando el gobierno y los izquierdistas firmaron un tratado.
Mora fue uno de los integrantes del V Contingente de El Salvador, grupo
de aproximadamente 380 soldados de infantería, fuerzas especiales
e ingenieros. La unidad regular del Ejército (estadounidense) está
por terminar un servicio de seis meses de duración por el sur de
Iraq, en las provincias de Babil y Wasit.
Las obras
Los salvadoreños dicen que ya completaron 31 proyectos de infraestructura
pública, cuyo valor asciende a más de cuatro millones de
dólares, durante su estadía aquí. Asimismo, reconstruyeron
carreteras y puentes, construyeron plantas para el tratamiento de agua
y restauraron el suministro de electricidad para más de un millón
de personas.
Ellos llevaron a cabo estos proyectos, dijo Mora, al amparo del gobierno
local, para de esa forma lograr que los residentes percibieran que sus
líderes electos tienen el poder de ayudarles.
Buena parte de las obras se llevó a cabo en el área de Hillah,
región donde los textiles y el procesamiento de dátiles
constituyen las mayores industrias. El alcalde de Hillah, Imad Lafta Al-Bayty,
dijo que la tasa de desempleo de su ciudad es de aproximadamente 75%.
Para algunos proyectos, los salvadoreños se unieron al Primer Batallón,
al 108 Regimiento Armado, así como a una de las unidades de la
Guardia Nacional de Georgia, que también están acantonados
en el sur de Iraq.
“Es un honor trabajar lado a lado con las fuerzas de la coalición”,
dijo el coronel Rubén O. Rubio, de 46 años, el comandante
del V Contingente, quien estuvo entre los oficiales que pelearon en la
guerra de su país. “Para nosotros, fue una gran oportunidad
de hacer amigos. Eso es lo más importante aquí: hacer amigos”.
Rubio se hizo amigo del teniente coronel John King, uno de los comandantes
de la 108. King nació en Ciudad de México y domina el español.
“Nadie vende la democracia mejor que los soldados salvadoreños”,
dijo King, quien es el jefe de policía en Doraville, Georgia.
Los salvadoreños ayudaron en la seguridad de casillas electorales
en la provincia de Babil, para que los electores iraquíes pudieran
depositar sus votos en las históricas elecciones de octubre y diciembre.
“Hubo muchos cambios para que se lograra la democracia y la libertad,
aunado al desarrollo sostenido, en El Salvador. Esa experiencia nos ayudó
aquí”, comentó el general Eduardo Mendoza, de 47 años,
otro de los veteranos de la guerra de El Salvador. Actualmente es el subcomandante
de las fuerzas de la coalición en algunas porciones del centro
y el sur de Iraq.
La unidad de Rubio se concentró en obras relacionadas con asuntos
civiles en Iraq, pero King destacó que los salvadoreños
son conocidos en Iraq por su ferocidad durante el combate. Los iraquíes,
notó King, le advierten en broma que nunca haga enojar a los salvadoreños.
Con fama de aguerridos y de amigos
Los connacionales se mezclan confiados con los iraquíes.
Cuscatlán VI
Misión Iraq
Periodista: Jorge Beltrán
Es admirable la manera cómo los soldados salvadoreños son
bien recibidos a donde quiera que llegan en Iraq. Entre los 27 países
de la coalición multinacional son, quizá, los únicos
que se mezclan con aparente confianza entre niños, jóvenes
y adultos engabanados.
Me atrevo a pensar que la confianza les llega cuando los niños
y adolescentes, descalzos y de escaso vestir para las inclemencias del
clima de allá, apuñan las manos con los pulgares hacia arriba
y dice: “Salvadoreño, good”. O quizá cuando
los adultos, en cuanto los divisan, llevan su mano derecha al lado del
corazón al tiempo que les pronuncian un “zadiki, amigo”.
Los salvadoreños son indentificados por la minúscula bandera
que portan al lado derecho de sus chaquetas militares y por el pequeño
pabellón, algunos medio raídos por el viento, que llevan
izados en las antenas de los vehículos blindados en que se desplazan.
En cuanto llegan a un lugar, son rodeados por muchos muchachos. Los iraquíes
saben que de un militar salvadoreño obtendrán algo más
que su amistad. Los niños piden jugos, galletas o cualquier cosa
que se pueda beber o comer.
Otros, los más listos en el afán de pedir, acosan a los
salvadoreños con un “guivme one dólar”, cosa
que pocas veces los salvadoreños conceden.
Guerreros amistosos
Pero los salvadoreños no sólo gozan de tener la virtud de
amigos, sino de dejar bien puesto el honor de las armas. La fama de guerreros
se la granjearon aquel 4 de abril de 2004, en Nayaf, cuando, pese a que
un cuscatleco murió, una patrulla evitó ser capturada por
una turba de terroristas leales al cabecilla Muqdata Al Sadar.
Aunque los cuscatlecos poco se acuerdan de aquella hazaña. Estos
más bien fundan su confianza en que cada contingente demuestra
con obras de infraestructura y de amistad que han llegado a esas tierras
a ayudar, no a dañar.

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