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Carlos Sandoval*
El Diario de Hoy
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Un debate de actualidad, sumamente preocupante, es el de las publicaciones de viñetas, cómics o dibujos contra los mahometanos en la prensa europea y, el de las consiguientes réplicas contra los cristianos en la prensa árabe. Estos dimes y diretes vienen provocando, por efecto de la bola de nieve, cascadas de violencia cerril que sobrepasan la imaginación.
Lamentablemente no se trata de una ficción creada por unas simples caricaturas, sino de un conflicto entre dos civilizaciones que bien se podría llamar "La guerra de las caricaturas", en recuerdo de H.G. Wells, con la diferencia de que el plató del escritor británico es pura ficción y la del Oriente Medio cruda realidad.
Quienes creíamos confiados que la intolerancia y el fanatismo religiosos eran cosas de la Edad Media, los tercos hechos nos devuelven a la realidad. Tras la muerte de Mahoma, a principios del Siglo VII, los ejércitos islámicos comenzaron a difundir e imponer el Corán.
Bajo la consigna de la yihad (guerra santa) conquistaron la península arábiga, Constantinopla, Bagdad, Damasco, Jerusalén, parte del norte de Africa y la Península Ibérica. Creían que morir en el campo de batalla era el mejor medio de ganar el paraíso. No hay la figura del retorno del Mesías, como los cristianos que lo siguen esperando desde hace tres siglos. Lo grave es que ahora, en el Siglo XXI, los musulmanes se proponen reconquistar las tierras perdidas.
La religión cristiana nació con la crucifixión de Jesucristo en el Siglo I y la divulgación del Evangelio por los profetas en el mundo. La religión islámica surgió en el Siglo VII d.c. en medio de la querella iconoclasta en Bizancio. El Papa León III prohibió y mandó a destruir todas las imágenes religiosas, lo que provocó un violento enfrentamiento que se prolongó durante más de un siglo.
La religión musulmana, en cambio, sí autorizaba la veneración de los íconos. Andando el tiempo, los papeles se cambian. Los cristianos veneran diversos íconos y los musulmanes tabúes intangibles. La "shariah" (ley coránica) les ordena adorar la figura de un profeta sin rostro o la de un dios oculto.
Lo inimaginable, en medio de la tragedia, es que la disputa religiosa ha traído como cola una "guerra de caricaturas". Ante la publicación en los medios cristianos de las caricaturas sobre Mahoma, los musulmanes replican con caricaturas sobre el holocausto. En una de éstas, titulada "Auschwitz 1942", se muestra a una persona, con la estrella de David en la espalda, que lleva un fardo hacia el interior de un campo de concentración, en cuya entrada hay un letrero que dice: "El trabajo libera", y en otra, bajo el título de "Israel 2002", aparece la misma persona con un fusil de paso hacia otro campo de concentración, en el que aparentemente se desarrolla una batalla, con la leyenda: "El trabajo libera". Hay una tercera en donde Ana Frank fornica con Adolfo Hitler.
Ni en las viñetas cristianas ni en las musulmanas aparece el arte, sólo reflejos de odio racial y religioso.
Si todo se quedara en el nivel de las caricaturas, no habría ningún problema, pero cuando se llega a la violencia física, a la saña irracional, sólo se exhibe intolerancia y fanatismo. Los cristianos dicen que la religión de Jehová es la única verdadera y los islamitas la de Alá.
Pero el principio de tercero excluido enseña que si dos juicios se contradicen no pueden ser falsos los dos. En consecuencia, sólo uno es verdadero. Por otra parte, se plantea un problema teológico sin aparente solución, pues si cada religión alega que la suya es la única verdadera, entonces ambas cometen el delito de blasfemia, porque se niegan recíprocamente.
Parodiando a Voltaire se podía decir que la intolerancia es absurda y bárbara, es el derecho de los tigres, con la salvedad de que los felinos sólo se exterminan por el alimento, y los hombres por simples caricaturas.
*Columnista de El Diario de Hoy
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