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El Santo que usaba máscara

No murió martirizado, ni realizó ningún milagro, pero este personaje tiene su pedestal en la cultura popular latinoamericana


Publicada 27 de febrero 2006, El Diario de Hoy

Adda Montalvo
El Diario de Hoy
vida
@elsalvador.com

¿Quién dice que los superhéroes son exclusivos de la cultura estadounidense?
México puede decir que dio vida al “Santo, el enmascarado de plata”, un representante de la lucha libre de la segunda mitad del siglo XX, que se convirtió en el “Superman” con un cuerpo no tan atlético, para muchas generaciones.

El dúo

Lo admiraba desde pequeño, cuando leía los paquines con sus fantásticas aventuras.
Así Ernesto Godoy “Rayman”, actual administrador de la Arena El Salvador, conoció el mito de El Santo. Años después, tuvo la oportunidad de conocer a la leyenda en México. Allá incluso hicieron un dúo en el cuadrilátero y ganaron un campeonato. Más tarde, en 1979, lo eligió para personificar al “Hijo del Santo” en una película con fines publicitarios. Para Godoy, el Santo se empezó a volverse famoso por sus movimientos extravagantes, aunque asegura que la lucha libre a mediados del siglo XX era más de “llaveo” y apegada al piso que la actual que es más “acrobática”. Rayman, quien además de luchador es también arquitecto, recuerda que el enmascarado de plata vino al país en la década de 1960 y dio un espectáculo en el antiguo Teatro Popular, que se localizaba donde ahora es el ex Cine Libertad. Al hacer una retrospectiva con sus fotografías con el héroe mexicano dice que “era su ídolo”.

Rayman. El actual administrador de la Arena Santa Anita fue fiel seguidor del luchador.

Bajo la máscara se escondía Rodolfo Guzmán Huerta (1917 -1984) y vestido con su inseparable traje plateado, se convirtió en un “mito moderno” tal como lo define Álvaro A. Fernández en su libro “Santo, el enmascarado de plata”, publicado en México en 2004.

Su imagen se tornó “portadora de símbolos de fuerte arraigo (en la sociedad mexicana) al encarnar valores, sueños y aspiraciones de una nación en plena modernización, ansiosa de emblemas de identidad”, dice el autor.

Fernández añade que en el México moderno los tradicionales iconos culturales, como el charro o el indio, son desplazados por otros de temáticas urbanas gracias a los medios de comunicación masivos que por ese tiempo nacían.

Y así se crea el nicho idóneo para el Santo, una especie de superhéroe, que combina la tradición de lucha libre mexicana y “recicla la figura hombruna de un macho pero con una ética más o menos intachable”, opina el antropólogo salvadoreño Rafael Lara Martínez.

Popular

Cuando la fama del Santo rebalsó de los cuadriláteros, el cine, los paquines e historietas fueron los encargados de masificar su leyenda. Antes de volverse el “enmascarado de plata”, Guzmán peleaba en el bando de los “ruidos” o villanos.

Al volverse del bando de los buenos (los “técnicos”), logró dar el salto al cine.

“El personaje se inserta en la mente de los desposeídos, los débiles (...) este tipo de personajes satisfacen una necesidad no sólo de conocimiento sino emotiva y afectiva”, dice el antropólogo nacional Ramón Rivas.

No sólo dejó huellas en México, sino en toda Latinoamérica. Ahora, cabe la pregunta: ¿es posible que El Salvador tenga un personaje tan popular como El Santo?

Ambos antropólogos opinaron que el Jorge “El Mágico” González se ha convertido en casi un mito del mundo del fútbol, a pesar que no ha tenido el apoyo del cine o cómics; ni ha tenido el matiz de luchador de la justicia.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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