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La Nota del Día
Hamas, la terrorista y una frágil paz
En la distorsionada versión del Islam que mueve masas en el Medio
Oriente, cada fiel puede tomar como suyo la aplicación de la regla,
incluido matar en el acto al que blasfema o transgrede lo que se consideran
límites.
Publicada 24 de febrero 2006 , El Diario de Hoy
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El
Diario de Hoy
editorial@
elsalvador.com
La victoria de Hamas en Palestina, victoria democrática como democrático
fue el triunfo de Adolfo Hitler en 1930 y el de Evo suéter hace
pocas semanas, cambia de raíz el mapa político del Medio
Oriente. La principal víctima son los acuerdos de Oslo y el esquema
de negociaciones entre palestinos y judíos; la segunda es Al Fatah,
que cae por el peso de la corrupción y el cinismo de Arafat. Pero
Hamas inicia gobierno sin tener plan de gobierno y además enfrentando
a Israel y al mundo civilizado al negarse a reconocerlo como un Estado
soberano y al no renunciar al terrorismo.
La victoria de Hamas, se nos dice, se considera una segunda muerte de
Arafat. Hay temas en que coincide Hamas con la derecha israelita. Uno
es la oposición de ambos al muro defensivo: Hamas no lo quiere
porque representa reconocerle fronteras al Estado judío; los israelitas,
por su parte, prefieren la frontera abierta pues pueden tomar represalias
militares no sólo contra los terroristas y sus cabecillas, sino
contra la estructura en que Hamas se apoya, desde escuelas hasta guarniciones.
Ambos, Hamas y la derecha de Israel se opusieron a Al Fatah por su hipocresía
y su corrupción. Arafat pretendió aspirar a una paz entre
ambos beligerantes, pero su objetivo era aprovechar esa paz semicaliente
para continuar ordeñando al resto de estados árabes con
el chantaje del terrorismo. Y en tal función también actúa
Hamas.
Otro componente es la división de las masas musulmanas. Hamas es
sunita y se une a los grupos egipcios; Al Fatah es shiita y mantiene alianzas
con Irán, el principal instigador del terrorismo en el Medio Oriente.
En ambos casos, la religión tiene el efecto de los agujeros negros
en el espacio sideral, al impedir la incorporación de vastas regiones
al mundo contemporáneo, a la comunidad de naciones desarrolladas.
La vuelta a raíces desvanecidas
A esto se agrega otro hecho: que los regímenes dictatoriales del
Medio Oriente están usando el pretexto de las caricaturas del profeta,
para levantar a masas de fanáticos contra Occidente. En Sudán
los enloquecidos musulmanes están atacando templos cristianos y
matando a gente indefensa. El desbordado furor ha hecho presa de ciudades
pese a que muy pocos han visto las caricaturas, que de hecho no tienen
gran importancia. Está claro que no hay que atizar panales de avispas
ni revolver manicomios.
Hay otro ingrediente en el siniestro brebaje. Durante el Medioevo y hasta
ya entrada la modernidad, la pureza de la fe y la defensa del cristianismo
estuvo siempre en manos de clérigos; los tribunales eclesiásticos,
la Santa Inquisición y la vigilancia era parte esencial de las
funciones de la Iglesia. Y aunque hubo fanáticos y delatores, ningún
laico tomó en sus manos perseguir y menos matar herejes.
En la distorsionada versión del Islam que mueve masas en el Medio
Oriente, cada fiel puede tomar como suyo la aplicación de la regla,
incluido matar en el acto al que blasfema o transgrede lo que se consideran
límites. De allí la dificultad extrema de armonizar lo esencial
de la doctrina con las realidades actuales; la tendencia y la presión
es “volver a las raíces”, lo que significa revivir
lo imposible y en cierta manera negar la historia, los cambios operados
en los mil quinientos años transcurridos desde que Mahoma emprendió
la Hégira.

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