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Los rescatistas
Se acercan a mineros
México. Los equipos de búsqueda
usan sólo herramientas manuales por temor a ocasionar otra explosión.
Mientras avanzan, tienen que reforzar los túneles, para prevenir
nuevos derrumbes.
Publicada 23 de febrero de 2006, El Diario de Hoy
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| Sin perder la fe. La escena de la tragedia se
ha convertido en un lugar de oraciones por la vida de los trabajadores.
Foto EDH |
Agencia Reuters
El Diario de Hoy
internacionales@elsalvador.com
Los enojados familiares de 65 trabajadores atrapados en una mina de carbón
de México acusaron ayer a la empresa de negligencia, mientras los
rescatistas se acercan despacio a los hombres, con la esperanza de que
aún estén vivos.
Los equipos de rescate, que trabajaban frenéticamente, estaban
ayer todavía a 30 metros del lugar donde se hallaban dos hombres
cuando una explosión de gas derrumbó parte de la mina en
la madrugada del domingo, y el progreso era sumamente lento.
A las puertas de la mina de Pasta de Conchos en el estado norteño
de Coahuila, las familias agotadas por la larga espera acusaron a los
propietarios de la mina y hasta los jefes del sindicato de mineros de
ignorar los reclamos de seguridad.
“Como ellos no son los de abajo, les vale madres (no les importa
nada)”, protestó Laura Calzoncit, cuyo tío es uno
de los atrapados.
“Ya es mucho, ya no creemos lo que nos hablan. Hablan puras mentiras”,
agregó abrazando a su madre.
Raúl Alvarez solía trabajar en la mina y dijo que abandonó
su empleo porque las condiciones eran terribles. El sujeto pasó
dos días sin dormir en la puerta principal, esperando alguna noticia
sobre el destino de su hermano y de dos cuñados.
“Esa era una bomba de tiempo, faltaba mucha seguridad allí
adentro”, dijo sobre la mina, donde los trabajadores ganan alrededor
de 60 dólares por semana.
Desesperados
Las mujeres gritaron cuando un periódico local fue pasado de mano
en mano. El diario traía fotos de trabajadores cavando una larga
fila de tumbas en un cementerio cercano, aparentemente preparándose
para la muerte de los mineros.
“¿Por qué nos quieren quitar las esperanzas que tenemos?”,
gritó Calzoncit. Cuando el jefe de la mina, Rubén Escudero,
les explicó a los familiares el progreso en los complicados esfuerzos
de rescate, un hombre le gritó: “Queremos resultados, no
avances”.
Hasta el momento no ha habido contactos con ninguno de los mineros desde
la explosión, pero los equipos de rescate, ejecutivos de la empresa
y funcionarios de Gobierno, insisten en que los trabajadores todavía
podrían estar vivos si están cerca de un pozo de aire.

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