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Julia Regina de Cardenal*
El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com
El artículo publicado en Noticias Globales, Buenos Aires, el 16 febrero 2006, sobre un testimonio ejemplar en Australia, nos da una clara idea sobre las contradicciones progresistas.
El 14 de febrero, la Cámara de Representantes de Australia sancionó la ley que autorizaría el uso de la droga abortiva Mifepristona o Myfegine, con la que se fabrica la RU-486. El Senado había aprobado la medida el 9 de febrero sin tener en cuenta, que en EE.UU. se ha montado una investigación del Congreso, debido a la muerte de ocho norteamericanas y gravísimas complicaciones de salud de otras 850, que usaron Mifepristona para abortar.
La Organización Mundial de la Salud incluyó esta píldora abortiva (NG 726), entre los “medicamentos esenciales” a pesar que no tiene fines terapéuticos, sino que es un producto diseñado para matar bebés en el vientre materno.
Además, la fabricación de la Mifepristona es un negocio entre la industria farmacéutica occidental y China, en el que está involucrada la FDA del gobierno norteamericano (vid. NG 368 USA: El extraño comercio de la RU-486).
El ministro de Salud australiano, Tony Abbott, se negó por motivos
éticos y médicos a autorizar dicha droga, que ahora los
abortistas imponen por vía parlamentaria. Abbott, que fue atacado
por los que se autodefinen como "tolerantes y pluralistas",
por "permitir que sus convicciones éticas y creencias religiosas
personales influyan en su acción pública", y por pedir
a los parlamentarios que voten en conciencia.
Más de 200 médicos católicos, pertenecientes a la Asociación San Lucas, del territorio de Queensland de Australia, anunciaron su renuncia a la Australian Medical Association y al Royal Australian College of General Practitioners. Ambas organizaciones apoyaron la legalización de la Mifepristona.
"Con la RU-486 no sólo se mata a un ser inocente, sino que
además las complicaciones para las mujeres --incluyendo muertes--
la hacen totalmente inaceptable. No aceptamos pertenecer a una asociación
que recomienda estos crímenes", declararon los valerosos médicos.
Estos renunciantes saben se les cerrarán muchas puertas pues la
Australian Medical Association tiene 5,670 miembros.
En la actualidad, es raro tener testimonios de valentía como este,
cuando muchos profesionales cristianos callan ante problemas similares
usando el argumento: "más vale estar adentro, así se
pueden cambiar las cosas" o "es mejor no quemarse".
En nuestro país, el año pasado salió una noticia sobre la promoción de abortivos en 70 escuelas en Sonsonate, a niñas desde 12 años. El Ministerio de Salud se vio involucrado en este proyecto al mismo tiempo de haber una denuncia en el Consejo Superior de Salud en contra de estos abortivos.
El Consejo Superior de Salud dio su fallo a favor de estas drogas, argumentando que no había pruebas de que fueran abortivos. Como resultado, cualquier menor puede adquirirlos sin restricciones y sin importar las consecuencias.
Es un negocio tan bueno, pues se vende a niñas y mujeres sin explicarles cuándo usarlos, por lo que, en la mayoría de los casos, compran y repiten varias veces el procedimiento esperando, sin éxito, eliminar a un bebé que ya está implantado, pero teniendo otros efectos. Una de las secuelas que se han descubierto es cáncer en los testículos de los adolescentes que sobrevivieron los abortivos que usaron sus madres cuando ellos estaban en su vientre.
Felicitamos a los médicos que dan un buen nombre a su profesión
recordando el Evangelium Vitae de Juan Pablo II que dice: "A veces
las opciones que se imponen son dolorosas y pueden exigir el sacrificio
de posiciones profesionales consolidadas o la renuncia a perspectivas
legítimas de avance en la carrera".
Ojalá en El Salvador imitemos este buen ejemplo, oponiéndonos a intereses poderosos económicos y políticos que atentan contra los derechos fundamentales a la vida y salud de todas las personas.
*Columnista de El Diario de Hoy.
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