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| Descuido. Pese a los avances se advierte que el país posee rezagos en desarrollo social. . Foto
EDH |
Guatemala
El
Diario de Hoy
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Dos cubetas con cangrejos en un mercado de Miami. Una está tapada y la otra no. “¿Por qué la diferencia?”, pregunta un cliente. “Porque los primeros son salvadoreños. Si no los cubro se me escapan”, contesta el vendedor. “Y los otros son cangrejos guatemaltecos. Cuando uno trata de fugarse, los demás lo tiran hacia adentro. Ni siquiera hay que cuidarlos.”
La conocida y apócrifa historia le vino a la mente a Marco Antonio Barahona, analista político, cuando intentaba explicar la idiosincrasia de nuestros vecinos, los salvadoreños (“gente urgida por salir adelante”) y resumía en una frase a El Salvador: “Una locomotora en Centroamérica.”
Locomotora puede resultar un término demasiado halagador para un país que viaja un par de vagones adelante que nosotros, casi en la cola del tren de desarrollo humano. Que también tiene un pobre crecimiento económico y maneja altos índices de pobreza, desempleo y violencia.
Eso es por un lado. Pero si se corre el telón completo, El Salvador, uno de los tres centroamericanos que junto con Guatemala y Costa Rica ocupa los mejores puestos en la región (¿o debería llamárseles “menos peores”?), está dando de qué hablar y ¿por qué negarlo?, de envidiar.
Modernización
Ambiciosos y visionarios proyectos como la construcción de La Unión (o Cutuco), un colosal puerto en el Pacífico de 117 hectáreas de extensión y un costo de 90 millones de dólares, que en 2008 será el tercero más grande y moderno de América Latina.
La modernización de su aeropuerto, que ya es categoría uno y funciona como centro de conexión para C.A. Y la próxima construcción de un parque tecnológico industrial de primer mundo que le permitirá producir a gran escala e importar libre de impuestos, son muestras de que este pequeño le apunta a lo grande.
“Yo diría que pretende convertirse en el abanderado centroamericano”, opina Alex Segovia, economista que recién publicó un estudio sobre la integración de C.A. en el que identifica a los grupos económicos salvadoreños y guatemaltecos como los más poderosos de la región.
Desde hace 15 años, señala Segovia, El Salvador ha estado armando la plataforma para convertirse en una plaza financiera y de servicios regional, dolarizó su economía, fue el primer país de C.A. que aprobó el TLC con EE.UU. y quiere ponerlo en marcha antes que todos.
Con su cadena de restaurantes Bagel Factory en la región, los hermanos Diego y Bernal Badillo detectan un ingrediente que no figuraba en su receta guatemalteca, ni se reflejaba en los análisis ni indicadores. “Los salvadoreños son tenaces”, los describe Diego.
“Uno los oye hablar y aunque sean pequeños, en verdad hablan como grandes: ya tienen la mira puesta en cómo acoplarse al TLC y qué nuevo negocio traer. Es gente que no está tirando pedradas, sino que ya está viendo cómo pararse ante Estados Unidos y Europa”, (El Periódico).
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