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Presos de un mal que sobrevive en el tiempo

Lepra en el país. Vivir con este padecimiento milenario es, aún hoy, causa de rechazo social. Dos afectados relatan cómo el Mal de Hansen cambió su vida.

Publicada 20 de febrero 2006, El Diario de Hoy

Las vidas marcadas
Las secuelas originadas por el padecimiento no se pueden borrar con la medicina.

1) Rodeado por la dolencia
Emiliano Murcia tiene la enfermedad, al igual que sus padres y tíos.

2) Prueba
Cada seis meses, se realiza un examen para determinar si el bacilo desapareció.

3) Las huellas
En general, a los afectados se les deforman las manos y los pies.

Yamileth Cáceres
El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com

Tiene 56 años y casi la mitad de ese tiempo lo ha pasado en una lucha constante contra una enfermedad que poco a poco le ha deformado las manos y los pies. Además, le ha quitado buena parte de la movilidad de los miembros superiores.

Con las piernas cubiertas con un pants y tratando de esconder sus manos bajo las mangas de un suéter, María García habla de cómo la lepra ha cambiado su vida.

Aparenta más edad y dice que ha perdido peso, pero a ella lo que más le duele es que la enfermedad acabó con la mujer independiente que era.

“Ya no puedo ayudar a mi familia en el trabajo, ya no puedo salir a ninguna parte”, comentó esta mujer que estaba a cargo del hogar y ordeñaba las vacas a la par de su marido.

Todo inició cuando los brazos se le empezaron a “dormir”, de ahí empezó a ver cambios en sus dedos hasta que se le deformaron.

Dice ya no puede sujetar ni una tasa. “Yo me sobaba las manos, pensaba que se me iban a deshacer las pelotas pero no fue así”.

Sus piernas también fueron afectadas con úlceras (llagas), las cuales debe de estárselas lavando diariamente y colocando una crema que le alivia el dolor y le refresca la piel.

Vecina de La Palma, en Chalatenango, este departamento es, según el Ministerio de Salud, donde se concentran casi la tercera parte de los casos desde 1996 y registrados en el Programa Nacional de Lepra.

Rolando Ramírez, director de la Unidad de Salud de La Palma, explicó que son siete los pacientes en control, tres mujeres y cuatro hombres.

Temores

Como en otros tiempos, los que padecen de lepra tienen baja autoestima y tienden a ocultarse por el temor al rechazo.

Éste es el caso de García, quien habita en el Cantón Cumbres de Las Granadillas, en La Palma.

“Me da pena mostrar mis manos, pero qué va hacer uno”, comentó resignada. Emiliano Murcia, de 54 años, es otras de las siete personas de la zona que comparte el mismo sufrimiento. Tuvo que abandonar su trabajo en el campo. “Desde que tengo esta enfermedad no, puedo usar las manos para trabajar”.

Murcia asegura que su enfermedad es hereditaria, porque otros familiares también han padecido el mal.

Se lamenta que sus padres no lo hayan puesto en control desde pequeño. “Ellos no se proponían por uno, si me hubieran puesto en tratamiento, tal vez no me hubiera quedado así”.

Dice que las noches se le hacen eternas al pensar que no puede laborar. “Tengo todas jodidas mis manos”, concluye.


La enfermedad con apellidos definidos

La lepra no es una enfermedad hereditaria, a pesar de que se asocia a grupos familiares. En La Palma, Chalatenango, los apellidos Murcia y Landaverde están marcados.

Rolando Ramírez, director de la Unidad de Salud de ese municipio, dijo que se ha hecho una investigación y la mayoría de los casos están vinculados a esa familia.

Gladis de Bonilla, jefa de la Unidad de vigilancia de la Lepra, del Ministerio de Salud, expresó que lo que se hereda es la predisposición a contraer la enfermedad.

Ella asegura que en este caso, el sistema inmunológico de esas personas no desarrolla las defensas necesarias para evitar el contagio.

Sin embargo, manifestó que ningún apellido se puede “casar” con la enfermedad, aunque reconoce que hay ciertos grupos de familia a nivel nacional que están en la línea de poder contraer el mal.

La lepra se transmite a través del contacto prolongado con la persona que tiene el bacilo.
“Como todas las enfermedades existe en el ambiente, se adquiere a través de las secreciones nasales”, agregó.

En El Salvador, el año pasado se detectaron cinco nuevos casos y la mayor incidencia se registra en las personas de más de 15 años.

Un tratamiento oportuno puede parar el mal, pero no revertir el daño que causó. Entre las secuelas se encuentran llagas en el cuerpo, manos deformadas y la pérdida de la visión.

Las personas pueden consultar en cualquier establecimiento para que les hagan un chequeo y detectar si tiene el bacilo, añadió de Bonilla.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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