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De las escuelas al olvido

En El Congo. Un grupo de damnificados del volcán fueron llevados a un plantel municipal, en el que están hacinados. Piden que el gobierno les ayude a buscar un terreno donde poder vivir.

Publicada 20 de febrero 2006, El Diario de Hoy

Aseo diario. Una madre ayuda a uno de sus hijos a bañarse. La mayoría de personas trata de optimizar el agua en todas las actividades. Foto EDH

Susana Joma
El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com

Rostros cansados y ánimos caídos es el común entre las familias afectadas por la erupción del Ilamatepec.

Transcurridos casi cinco meses desde la evacuación, aún están como albergadas, esta vez en un plantel de la alcaldía de El Congo, en Santa Ana, donde antes funcionó el rastro y luego fue modificado para bodega.

Los albergados, en su mayoría del cantón Planes de La Laguna, en el sector de el lago de Coatepeque, afirman que desde que fueron trasladados a ese sitio, provenientes del Centro Escolar Salvador Mendieta, no han recibido ningún aviso relacionado con la entrega de viviendas, tal como el gobierno promueve.

“La situación es grave porque el invierno se acerca. Además, con estos fríos y vientos fuertes que se ponen de repente, los plásticos no nos dan protección”, afirma Reina Esther Ramírez.

La mujer de 34 años, secundada por otros afectados, dijo que la única ayuda que tienen es la del alcalde del Congo, quien les ha permitido estar unos días en el plantel. El funcionario ha dejado claro que su compromiso no va más allá.

Ramírez lamentó la poca atención que tienen de parte de la comuna de Santa Ana, bajo cuya jurisdicción asegura que está el lugar donde residían.

En espera. Los frijoles y el arroz predominan en la dieta. Foto EDH

“Ya no tenemos esperanza de que algo vaya a salir (la vivienda de parte del Gobierno). Lo peor es que ya no aguantamos la columna de tanto dormir en estos suelos duros y helados”, expresó otras de las mujeres, quien junto a sus niños permanece en el lugar, mientras los hombres salen en busca de algún trabajo en las fincas cercanas.

Por el momento, los damnificados alivian el hambre con la dotación de granos básicos que les entregó Cáritas, una organización de la iglesia católica, pero eso - aseguran- pronto se agotará, lo que podría incidir más en los niños que ya muestran un descenso de peso y el impacto de las continuas gripes, catarros y calenturas.

Sostienen que con gusto volverían a la zona afectada, pero no hay garantías de que no terminarán en el fondo del lago.

“Una tareita”

En busca de solución, un grupo de estos afectados visitó el ministerio de Obras Públicas hace diez días para conocer cómo estaba el proceso del censo. “Ellos nada más dijeron que todo tiene que ser evaluado”.

Piden que, mientras la situación del volcán no se defina y el Gobierno no les de un techo, se les permita instalarse temporalmente en un terreno municipal que está contiguo a la escuela Mendieta. Consideran que su propuesta es viable porque el alcalde actual es del partido ARENA y eso facilitaría el trámite.

No es para menos, el agobio que provoca el hacinamiento se ve cada día más entre los albergados, que sólo tienen disponibilidad de un baño y un sanitario.

Eso es evidente entre los mayores como María Martínez, quien a sus 60 años no se le había cruzado por la mente que vería despertar el volcán y tendría que huir de su casa sólo con lo que tenía puesto y $0.50 centavos en la bolsa del delantal.

“Todavía sueño con el momento en que empezó a echar humo y cenizas y la gente corriendo. Veníamos en el camión y no dejaba de verlo. No me quisiera acordar”, subraya Martínez, al tiempo que observa como un grupo de niños se prepara para ir a la escuela del Congo, donde los docentes los han acogido para que los infantes no se atrasen en los estudios.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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