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| Aseo diario. Una madre ayuda a uno de sus
hijos a bañarse. La mayoría de personas trata de optimizar
el agua en todas las actividades. Foto EDH
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Susana Joma
El Diario de
Hoy
nacional@elsalvador.com
Rostros cansados y ánimos caídos es el común entre
las familias afectadas por la erupción del Ilamatepec.
Transcurridos casi cinco meses desde la evacuación, aún
están como albergadas, esta vez en un plantel de la alcaldía
de El Congo, en Santa Ana, donde antes funcionó el rastro y luego
fue modificado para bodega.
Los albergados, en su mayoría del cantón Planes de La Laguna,
en el sector de el lago de Coatepeque, afirman que desde que fueron trasladados
a ese sitio, provenientes del Centro Escolar Salvador Mendieta, no han
recibido ningún aviso relacionado con la entrega de viviendas,
tal como el gobierno promueve.
“La situación es grave porque el invierno se acerca. Además,
con estos fríos y vientos fuertes que se ponen de repente, los
plásticos no nos dan protección”, afirma Reina Esther
Ramírez.
La mujer de 34 años, secundada por otros afectados, dijo que la
única ayuda que tienen es la del alcalde del Congo, quien les
ha permitido estar unos días en el plantel. El funcionario ha dejado
claro que su compromiso no va más allá.
Ramírez lamentó la poca atención que tienen de parte
de la comuna de Santa Ana, bajo cuya jurisdicción asegura que está
el lugar donde residían.
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| En espera. Los frijoles y el arroz predominan
en la dieta. Foto EDH |
“Ya no tenemos esperanza de que algo vaya a salir (la vivienda
de parte del Gobierno). Lo peor es que ya no aguantamos la columna de
tanto dormir en estos suelos duros y helados”, expresó otras
de las mujeres, quien junto a sus niños permanece en el lugar,
mientras los hombres salen en busca de algún trabajo en las fincas
cercanas.
Por el momento, los damnificados alivian el hambre con la dotación
de granos básicos que les entregó Cáritas, una organización
de la iglesia católica, pero eso - aseguran- pronto se agotará,
lo que podría incidir más en los niños que ya muestran
un descenso de peso y el impacto de las continuas gripes, catarros y calenturas.
Sostienen que con gusto volverían a la zona afectada, pero no hay
garantías de que no terminarán en el fondo del lago.
“Una tareita”
En busca de solución, un grupo de estos afectados visitó
el ministerio de Obras Públicas hace diez días para conocer
cómo estaba el proceso del censo. “Ellos nada más
dijeron que todo tiene que ser evaluado”.
Piden que, mientras la situación del volcán no se defina
y el Gobierno no les de un techo, se les permita instalarse temporalmente
en un terreno municipal que está contiguo a la escuela Mendieta.
Consideran que su propuesta es viable porque el alcalde actual es del
partido ARENA y eso facilitaría el trámite.
No es para menos, el agobio que provoca el hacinamiento se ve cada día
más entre los albergados, que sólo tienen disponibilidad
de un baño y un sanitario.
Eso es evidente entre los mayores como María Martínez, quien
a sus 60 años no se le había cruzado por la mente que vería
despertar el volcán y tendría que huir de su casa sólo
con lo que tenía puesto y $0.50 centavos en la bolsa del delantal.
“Todavía sueño con el momento en que empezó
a echar humo y cenizas y la gente corriendo. Veníamos en el camión
y no dejaba de verlo. No me quisiera acordar”, subraya Martínez,
al tiempo que observa como un grupo de niños se prepara para ir
a la escuela del Congo, donde los docentes los han acogido para que los
infantes no se atrasen en los estudios.

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