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Libertad de expresión versus
Sensibilidad religiosa

Diario jordano: ¿Qué causa más prejuicios contra el Islam?, estas caricaturas o las fotos de secuestradores cortando el cuello de su víctima frente a las cámaras o un suicida que se hace estallar en la fiesta de una boda?”


Publicada 20 de febrero de 2006, El Diario de Hoy

El Diario de Hoy
internacionales@elsalvador.com

La ola de violencia islámica que se ha producido en los últimos días en diversos países y la encendida polémica sobre libertad de expresión y respeto a las religiones desatada en Europa, constituyen la evidencia más reciente de que la tensión cultural entre Occidente y Medio Oriente no va en descenso, sino al contrario.

Las caricaturas del profeta Mahoma han tocado el nervio vivo del mundo democrático así como la sensibilidad religiosa de los musulmanes.

Las dibujos de Mahoma, una practica -en apariencia- prohibida estrictamente por el islamismo, habían pasado desapercibidas en Dinamarca.

Sin embargo, un grupo de musulmanes azuzados por su dirigente moral, exacerbaron el odio contra Occidente, lo cual degeneró en protestas, incendio de embajadas, destrucción y muerte, en fin, en la internalización del problema.

Desde el 11-S
u Las tensiones culturales entre el Occidente y el Medio Oriente, si bien han estado latentes, se han acrecentado desde los ataques del 11 de septiembre de 2001 contra los lugares emblemáticos del poder estadounidense, incluidos los atentados en contra del transporte público en Madrid, en 2004, y en Londres, en 2005. Todos han sido adjudicados a radicales islámicos.
- Mientras, musulmanes observan las guerras en Iraq y Afganistán, aunado a las operaciones israelíes en los territorios palestinos, y muchos ven lo que consideran una cruzada occidental en contra del Islam, no un combate al terrorismo.

El Primer Ministro de Dinamarca, Anders Fogh Rasmussen, fijó una postura desafiante al decir que no pedirá disculpas a nadie puesto que el periódico que publicó los dibujos actuó enmarcado en la legalidad y que a su Gobierno no le cabe censurar a los medios de comunicación.

Esto último es lo difícil de entender en la mayoría de los países islámicos donde los medios gozan de libertades muy limitadas. Una excepción fue el periódico jordano Al Shihan que con admirable coraje reprodujo algunas de las caricaturas argumentado que la gente, por lo menos, debía saber contra que protestaba.

En un editorial titulado “Mundo musulmán se razonable” sostuvo: “¿Qué causa más prejuicios contra el Islam?, estas caricaturas o las fotos de secuestradores cortando el cuello de su víctima frente a las cámaras o un suicida que se hace estallar en la fiesta de una boda en Amman (la capital de Jordania)?”

Dos lecciones

Para el analista español Otto Granados Roldán, los medios de comunicación deben respetar la ley, la elegancia intelectual, el apego a la verdad, los consensos sociales y el buen juicio. Pero ninguna de esas obligaciones puede ser impuesta por grupo o religión alguna. Esta es, a criterio de Roldán, la primera lección del problema.

La segunda lección tiene que ver con la naturaleza de las migraciones y la forma en que los inmigrantes se incorporan a los países receptores, en especial occidentales: “Lo razonable, afirma, es que las poblaciones que han dejado sus países asuman que, como ciudadanos, deben suscribir el contrato social básicamente en el respeto al orden normativo preexistente y al conjunto de los valores aceptados por todos.

Ningún Estado puede entrometerse en en los hábitos ordinarios de las familias, ni en las camas de las personas ni en los confesionarios de los creyentes. Pero éstos tienen el deber de observar con propiedad las reglas que soportan a una sociedad de consensos”.

La libertad de expresión y la sensibilidad religiosa son un dilema profundo, en donde lo que está en juego es lo sagrado. Para los musulmanes la imagen de su profeta es sagrada, y no debería ser usada en chistes o caricaturas. Para otros lo sagrado no es el profeta, sino la libertad de expresión. Sin embargo, pese a todo, frente a las libertades, no hay nada más sagrado.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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