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El Zompopero
Una amenaza para las comunidades

La cárcava tiene más de 70 años de existir. Es la más grande de Centroamérica. Las autoridades no han obtenido fondos para detener el problema

Publicada 20 de febrero 2006, El Diario de Hoy

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Salomón Aayala
El Diario de Hoy
elpais@elsalvador.com

Hace más de 70 años se inició un problema ecológico que, al menos desde hace una década, pone en peligro la vida de millares de personas e importantes infraestructuras.

Es una cárcava (zanja) que prácticamente parte el cerro Miramundo, localizado en Chalatenango y fronterizo con Honduras.

La conocen como El Zompopero y en el año 2002 ya era considerada como la más grande de Centroamérica, con 550 metros de extensión y 500 de profundidad.

La naturaleza pasa factura
La deforestación y el mal manejo de la tierra provocan desgracias
- El ingeniero José Fajardo, quien forma parte del Proyecto Desarrollo Sostenible en las Zonas de Fragilidad Ecológica de El Trifinio, define una cárcava como: un desprendimiento masivo de tierra. Representa el grado máximo de erosión causada por la lluvia.
-Éstas pueden ser causadas por fuertes tormentas, sismos y acciones humanas.
- El Zompopero se originó en 1934, tras varios días de lluvia.
- Otras estructuras se formaron luego, específicamente en 1986, 2001 y 2005, según registros.

Los terremotos al igual que los huracanes Mitch y Stan favorecieron la formación de otras estructuras de este tipo, pero de menor dimensión.

Ahora ya suman 45 cárcavas en la zona, cuya superficie varía entre 700 y siete mil metros cuadrados.

Riesgos

A la pérdida de áreas boscosas y terrenos cultivables se une la amenaza que representan los deslizamientos de tierra, especialmente cuando llueve.

Lo anterior provoca que miles de metros cúbicos de terreno lleguen hasta el río La Palma y otros aledaños.

Un estudio del Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales, MARN, efectuado en 2002 determinó que anualmente se desprenden cerca de 14 mil metros cúbicos de suelo.

Con el tiempo, esto podría obstruir el paso de los caudales dejando anegadas ciudades cercanas como La Palma, San Ignacio y Citalá; además de varios caseríos y comunidades.

Deterioro. La lluvia copiosa contribuye en la erosión. Foto EDH

Se estima que al menos 40 mil personas se encuentran en peligro. Pues durante los inviernos copiosos ya han sido víctimas de inundaciones.

Muchos de los pobladores recuerdan los derrumbes que se registraron en 1996 y que obstruyeron un tramo de medio kilómetro de la carretera hacia Miramundo.

Los problemas aumentan considerablemente si se toma en cuenta que gran parte de esa tierra llega a la presa hidroeléctrica del Cerrón Grande, donde el azolvamiento (formación de sedimento en el fondo) va reduciendo la capacidad de generación de energía que ésta tiene.

En 1999 una empresa israelita estudió la situación y estableció que cada año llegan hasta esa presa siete millones de metros cúbicos de tierra, provenientes del Alto Citalá, que incluye El Zompopero y las otras cárcavas existente en el sector.

Especies. En la zona hay ciprés, roble, encino y pino. Foto EDH

Cada año se erosionan 29 millones de metros cúbicos de sedimento y durante 21 años que tiene de existencia la presa se han acumulado ya 138 millones.

En el mismo análisis se estableció que del total de material que entra, el 93% se queda en el interior. El resto se filtra, yendo a parar a la presa 15 de Septiembre.

Los daños causados por la cárcava son graves. Por ello urgen las obras de mitigación, dicen los lugareños.

 

La pérdida de vegetación es continua en todo el sector

Dos factores deben ser tomados en cuenta. El primero es que cada invierno los riesgos de una catástrofe en la zona son mayores. El otro es que entre más tiempo transcurra para efectuar obras definitivas, las necesidades de recursos y los daños serán mayores.

Peligro. Si no se hace algo pronto, los expertos prevén una catástrofe natural para la región. Foto EDH

Cuando se formó la cárcava El Zompopero en 1934, debido a las fuertes lluvias, tenía seis metros de superficie. No se hizo nada y hoy es una enorme sima difícil de recuperar.

Hay medidas claras que se deben aplicar. Hace una década la Dirección General de Recursos Naturales Renovables propuso el manejo de la zona boscosa para disminuirle peso a la elevación.

Dio algunos resultados, pero no definitivos. Al llover, la degradación del suelo continua.
Cerca está el bosque El Cipresal, llamado así por el tipo de vegetación.

Es otro problema debido al tipo de sistema radicular en estos árboles que es de tendencia horizontal y no rompe el suelo para dar fijeza.

Cada año se pierden cerca de 1,200 árboles en esa área, debido al deslizamientos de suelo.

Otro problema es la carretera al cerro Miramundo que fue construida sin los sistemas de drenaje adecuados. Posteriormente las municipalidades los han edificado, pero los daños ya son graves, aunque de no haber hecho obras de drenaje serían mayores.

Técnicos consideran que el manejo de recursos naturales en la zona debe ser minuciosamente controlado debido al tipo de suelo existente y a las fuertes precipitaciones.

La educación de los agricultores es un factor fundamental para evitar dificultades similares en otras áreas cercanas a los bosques a lo largo y ancho del departamento.

 

Se necesitan más de $2 millones

No hay fondos para impulsar un programa de recuperación de la envergadura de El Zompopero. Esa fue la respuesta dada por el Ministerio del Medio Ambiente en 2001, luego de que se efectuarán diferentes estudios técnicos.

Amenaza. Los ríos también resultan afectados por la tierra. Foto EDH

A la fecha, la situación no cambia. Se necesitan cerca de tres millones de dólares para llevar a cabo un programa integral y efectivo en la región.

Durante mucho tiempo se pretendió que las municipalidades y comunidades cercanas se involucraran en los proyectos con recursos propios. Sin embargo, esto no es posible ya que los municipios afectados no disponen de fondos.

Desde que iniciaron los estudios del terreno, a la fecha, la cárcava ha crecido considerablemente y se han formado muchas otras.

“No necesitamos más estudios, sino que empiecen a trabajar ya”, piensa un por el tiempo transcurrido desde que hicieron los últimos análisis, los daños ahora son mayores.

Por eso se teme una catástrofe, sobre todo durante la estación lluviosa, cuando las precipitaciones aumentan las correntadas de aguas lluvias.

 

 

 

 

 


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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