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Rodolfo Chang Peña*
El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com
Desde hace más de medio siglo los habitantes de San Salvador y
del resto del país se han beneficiado en alguna forma de los hospitales
de referencia Rosales, Maternidad y Bloom, aunque algunos agregan el de
los Planes de Renderos y el de Soyapango, pese a que nunca se han desempeñado
en forma integrada y debidamente articulados en las importantes tareas
de asistencia, formación de personal, investigación científica
y proyección a la comunidad. Y desde hace menos tiempo, de los
correspondientes al Instituto Salvadoreño del Seguro Social, que
ha estructurado un todo un tanto amorfo, diverso e intrincado.
Más preocupante que la zona en donde se encuentran ubicados los
anteriores, caracterizada por el ruido, humo del transporte, anillos de
taxis, cordones de comercio informal de comida, densa circulación
vehicular y peatonal, es que ya no constituyen respuesta a las necesidades
originales que les dieron origen en el pasado.
Las áreas de influencia y los volúmenes de población
bajo responsabilidad se han modificado tanto con el paso de las décadas,
que los objetivos se han vuelto imprecisos, lejanos y brumosos. Más
ostensible con el Ministerio y menos con el ISSS ha sido tradicional la
impermeabilidad crónica a la incorporación de nueva tecnología.
El expediente clínico virtual que tiene más de veinte años
de usarse en otros países, aquí es desconocido y hasta objeto
de desconfianza.
Por su lado, cuando un médico del ISSS indica un examen de laboratorio
en la consulta, el asegurado tiene que desplazarse hacia esta dependencia
para pedir cita para la toma de la muestra, una vez entregada le indican
cuándo tiene que regresar por los resultados, cuando estos últimos
llegan a sus manos regresa de nuevo al consultorio, para pedir la cita
subsecuente o control por los exámenes. ¿Por qué
los resultados no se incorporan electrónicamente al expediente
de una sola vez, para evitarle al enfermo el martirio de la viajadera?
Los nosocomios al principio citados forman parte de un grupo de aproximadamente
diecisiete, entre públicos y privados, concentrados en menos de
un kilómetro cuadrado, situación inconveniente desde varios
puntos de vista. Probable-mente el más importante es que una metrópoli
con fallas tectónicas en el subsuelo y sismicidad frecuente, tiene
que proteger su infraestructura hospitalaria mediante la dispersión
geográfica, ya que de esa manera se evita que un cataclimismo de
gran magnitud en un solo movimiento descabece al sistema de bienes tan
preciados y costosos, como lo son las camas hospitalarias especializadas,
en el entendido que si uno o varios colapsan, los otros pueden continuar
funcionando.
No pocos han sido tantas veces reparados, remodelados y ampliados que
probablemente hubiera salido más barato construirlos de nuevo por
otro lado. El Hospital de Maternidad por ejemplo, que es un importante
componente del sistema del Ministerio, quedó tan dañado
por los últimos terrenos, que se habló en un principio de
construirlo al poniente de la urbe, sin embargo al poco tiempo ya no se
escuchó más sobre el asunto. Lo último que se sabe
es que se levantará en el mismo sitio donde ha estado siempre.
No cabe duda que si queremos mejorar la calidad de los servicios, además
de abordar otros aspectos críticos, también es indispensable
analizar mejor la ubicación de los establecimientos de salud, para
enfrentar en mejores condiciones los retos de salud de los próximos
cincuenta años. Es prioritario también darle pensamiento
a qué es lo que conviene más: ¿Hospitales aislados
o complejos hospitalarios del tipo centros médicos?
A mi manera de ver, me inclino por lo segundo, en parte para darle continuidad
al modelo asistencial en boga, que por cierto es bastante bueno y porque
permitirá que los nosocomios puedan articularse con complementaridad
en una amplia interacción positiva, lo que facilitará el
desarrollo de los servicios asistenciales especializados.
La selección de los lugares idóneos para levantar los futuros
centros médicos debe hacerse en forma cuidadosa, al respecto conviene
recordar que los hospitales no se construyen todos los años sino
al menos cada 40 o 60 años.
Al contrario de lo que opinan algunos apreciables colegas, también
preocupados por los aspectos antes expuestos, en San Salvador todavía
existen sitios donde podrían asentarse estos complejos asistenciales.
Varios de esos lugares podrían ser: por el rumbo norte la zona
de la Carretera de Oro; al oriente, los terrenos de la ex Guardia Nacional;
al sur, el área muy bien conservada de la ex Casa Presiden-cial;
finalmente, al poniente, varios excelentes predios localizados en San
Tecla.
*Dr. en Medicina.
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