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Luis Fernández
Cuervo*
El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com
(segunda parte)
El francés Robert Schuman, el creador visionario de la actual Unión
Europea, describió muy bien dónde radica la esencia y buena
salud de la democracia. En 1963, se publica el testamento político
de Schuman: “Pour L’Europe” (Edit. Ángel, Genève,
1963). Trascribo literalmente algunas de sus ideas fundamentales:
“La democracia debe su existencia al cristianismo. Nació
el día en que el hombre fue llamado a realizar en su vida temporal
la dignidad de la persona humana, en su libertad individual, en el respeto
de los derechos de cada cual y por la práctica del amor fraterno
con respecto a todos. Nunca, antes de Cristo, estas ideas habían
sido formuladas.
La democracia está así unida al cristianismo doctrinalmente
y cronológicamente. Tomó cuerpo con él por etapas,
a través de largos titubeos, a veces al precio de errores y recaídas
en la barbarie.” (...) “El cristianismo ha enseñado
la igualdad de naturaleza de todos los hombres, hijos de un mismo Dios,
rescatados por el mismo Cristo, sin distinción de raza, de color,
de clase y de profesión. Ha hecho que se reconozca la dignidad
del trabajo y la obligación de todos de someterse a él.
Ha reconocido la primacía de los valores interiores, los únicos
que ennoblecen al hombre.” (...)
“Si encontramos rasgos profundos de la idea cristiana en la vida
política contemporánea, el cristianismo no por ello está
ni debe estar enfeudado en un régimen político, ni ser identificado
con ninguna forma cualquiera de gobierno, aunque sea democrática.
En este punto, igual que en otros, hay que distinguir el terreno del César
y el de Dios. Estos dos poderes tienen cada uno responsabilidades propias.
La Iglesia debe velar por el respeto de la ley natural y de las verdades
reveladas. La tarea del hombre político responsable consiste en
conciliar, en una síntesis a veces delicada pero necesaria, estos
dos órdenes de consideración, el espiritual y el profano...
No existe conflicto que no tenga solución entre los dos imperativos.”(...)
“La teocracia desconoce el principio de la separación de
los dos ámbitos. Endosa a la idea religiosa responsabilidades que
no son suyas. Bajo ese régimen, las divergencias de orden político
corren el riesgo de degenerar en fanatismo religioso”(...) “Desde
el primer momento, Cristo estuvo en el extremo opuesto del fanatismo;
aceptó ser su víctima más augusta. Esto significa
que la civilización cristiana no debía ser el producto de
una revolución violenta e inmediata, sino una transformación
progresiva, bajo la acción de los grandes principios de caridad,
de sacrificio y de humildad, que están en la base de la sociedad
nueva.” (...)
“La democracia no se improvisa; Europa ha tardado más de
un milenio de cristianismo en darle forma (...) “Concluyo, con Bergson,
que <la democracia es de esencia evangélica, porque tiene por
motor el amor>. La democracia será cristiana o no será
democracia. Una democracia anticristiana será una caricatura que
naufragará en la tiranía o en la anarquía”.
La UE fue hecha según esas ideas, lejos de los dos extremos nocivos
del clericalismo y del laicismo, por ello fue creciendo pacíficamente,
aceptando dentro de ella gente de muy diversas ideas y costumbres. Nadie
pudo acusar a Schuman y a los otros gestores de esa nueva Europa, de excluyentes.
En cambio ahora, la UE, en manos de laicistas antirreligiosos, tuvo su
primer conflicto al redactar el Prólogo de su Constitución,
negando todo el origen cristiano de la civilización europea. Después
vino la injusticia de obligar al candidato italiano, Rocco Butiglione,
a renunciar a su candidatura para Comisario europeo de Justicia por declarar
que condenaba la discriminación de los homosexuales pero que en
su opinión, de acuerdo con la doctrina católica, la tendencia
homosexual es un defecto y su práctica algo inmoral.
Sobre esto, el filósofo alemán Robert Spaemann ha comentado
que, según ese criterio excluyente, “un católico cuyas
convicciones coincidan con la doctrina moral de la Iglesia Católica,
sólo por ese motivo, no está cualificado para ocupar un
puesto de dirección en la Comunidad Europea. Hay que añadir
que se trata de la doctrina moral de toda la tradición cristiana,
e igualmente de la tradición filosófica de Europa, incluida
la época de la Ilustración.
Y hay que añadir que según los criterios aplicados en el
caso de Buttiglione, los padres fundadores de la nueva Europa, tras la
Segunda Guerra Mundial no podrían ocupar ningún puesto de
dirección en esta Europa. Robert Schuman, Alcide de Gasperi, Konrad
Adenauer era, los tres, católicos ortodoxos”.
*Dr. en Medicina y columnista de El Diario de Hoy
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