elsalvador.com WWW
Portada Nacional El País Deportes Metro Negocios Editorial RUZ Vida Internacionales Por el mundo

Breve análisis
Democracia, laicismo, religión

La UE fue hecha según esas ideas, lejos de los dos extremos nocivos del clericalismo y del laicismo, por ello fue creciendo pacíficamente, aceptando dentro de ella gente de muy diversas ideas y costumbres.

Publicada 20 de febreo 2006 , El Diario de Hoy

Luis Fernández Cuervo*
El Diario de Hoy

editorial@ elsalvador.com

(segunda parte)
El francés Robert Schuman, el creador visionario de la actual Unión Europea, describió muy bien dónde radica la esencia y buena salud de la democracia. En 1963, se publica el testamento político de Schuman: “Pour L’Europe” (Edit. Ángel, Genève, 1963). Trascribo literalmente algunas de sus ideas fundamentales:

“La democracia debe su existencia al cristianismo. Nació el día en que el hombre fue llamado a realizar en su vida temporal la dignidad de la persona humana, en su libertad individual, en el respeto de los derechos de cada cual y por la práctica del amor fraterno con respecto a todos. Nunca, antes de Cristo, estas ideas habían sido formuladas.

La democracia está así unida al cristianismo doctrinalmente y cronológicamente. Tomó cuerpo con él por etapas, a través de largos titubeos, a veces al precio de errores y recaídas en la barbarie.” (...) “El cristianismo ha enseñado la igualdad de naturaleza de todos los hombres, hijos de un mismo Dios, rescatados por el mismo Cristo, sin distinción de raza, de color, de clase y de profesión. Ha hecho que se reconozca la dignidad del trabajo y la obligación de todos de someterse a él. Ha reconocido la primacía de los valores interiores, los únicos que ennoblecen al hombre.” (...)

“Si encontramos rasgos profundos de la idea cristiana en la vida política contemporánea, el cristianismo no por ello está ni debe estar enfeudado en un régimen político, ni ser identificado con ninguna forma cualquiera de gobierno, aunque sea democrática. En este punto, igual que en otros, hay que distinguir el terreno del César y el de Dios. Estos dos poderes tienen cada uno responsabilidades propias. La Iglesia debe velar por el respeto de la ley natural y de las verdades reveladas. La tarea del hombre político responsable consiste en conciliar, en una síntesis a veces delicada pero necesaria, estos dos órdenes de consideración, el espiritual y el profano... No existe conflicto que no tenga solución entre los dos imperativos.”(...)

“La teocracia desconoce el principio de la separación de los dos ámbitos. Endosa a la idea religiosa responsabilidades que no son suyas. Bajo ese régimen, las divergencias de orden político corren el riesgo de degenerar en fanatismo religioso”(...) “Desde el primer momento, Cristo estuvo en el extremo opuesto del fanatismo; aceptó ser su víctima más augusta. Esto significa que la civilización cristiana no debía ser el producto de una revolución violenta e inmediata, sino una transformación progresiva, bajo la acción de los grandes principios de caridad, de sacrificio y de humildad, que están en la base de la sociedad nueva.” (...)

“La democracia no se improvisa; Europa ha tardado más de un milenio de cristianismo en darle forma (...) “Concluyo, con Bergson, que <la democracia es de esencia evangélica, porque tiene por motor el amor>. La democracia será cristiana o no será democracia. Una democracia anticristiana será una caricatura que naufragará en la tiranía o en la anarquía”.

La UE fue hecha según esas ideas, lejos de los dos extremos nocivos del clericalismo y del laicismo, por ello fue creciendo pacíficamente, aceptando dentro de ella gente de muy diversas ideas y costumbres. Nadie pudo acusar a Schuman y a los otros gestores de esa nueva Europa, de excluyentes.

En cambio ahora, la UE, en manos de laicistas antirreligiosos, tuvo su primer conflicto al redactar el Prólogo de su Constitución, negando todo el origen cristiano de la civilización europea. Después vino la injusticia de obligar al candidato italiano, Rocco Butiglione, a renunciar a su candidatura para Comisario europeo de Justicia por declarar que condenaba la discriminación de los homosexuales pero que en su opinión, de acuerdo con la doctrina católica, la tendencia homosexual es un defecto y su práctica algo inmoral.

Sobre esto, el filósofo alemán Robert Spaemann ha comentado que, según ese criterio excluyente, “un católico cuyas convicciones coincidan con la doctrina moral de la Iglesia Católica, sólo por ese motivo, no está cualificado para ocupar un puesto de dirección en la Comunidad Europea. Hay que añadir que se trata de la doctrina moral de toda la tradición cristiana, e igualmente de la tradición filosófica de Europa, incluida la época de la Ilustración.

Y hay que añadir que según los criterios aplicados en el caso de Buttiglione, los padres fundadores de la nueva Europa, tras la Segunda Guerra Mundial no podrían ocupar ningún puesto de dirección en esta Europa. Robert Schuman, Alcide de Gasperi, Konrad Adenauer era, los tres, católicos ortodoxos”.

*Dr. en Medicina y columnista de El Diario de Hoy

 

elsalvador.com WWW