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Rodrigo de Rato*
El Diario de Hoy
editorial@
elsalvador.com
Al inicio de cada año, igual que la gente, las instituciones y los gobiernos, hacen propósitos audaces. Pero, para las millones de personas que se enfrentan a la carga aplastante de la pobreza, las meras declaraciones de que la ayuda está en camino no son suficientes para crear empleos o fomentar el desarrollo. Este año, la comunidad internacional debe avanzar de manera decisiva de las promesas a la acción en el esfuerzo por reducir la pobreza. ¿Qué requerirá eso?
En 2005, la comunidad internacional renovó sus compromisos de ayudar a los países más pobres a que alcancen los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) de las Naciones Unidas, cuyo propósito es disminuir a la mitad la pobreza para el año 2015. Estos compromisos incluyen aumentos significativos en el alivio de la carga de la deuda y en la asistencia. Aunque se han registrado avances en la aplicación de las medidas de reducción de la deuda, la comunidad internacional debe cumplir la otra parte de sus promesas, proporcionando mayor asistencia y promoviendo un uso mejor de ella.
Los prestamistas multilaterales han entendido desde hace mucho la importancia de la reducción de la deuda para la disminución de la pobreza. En efecto, la iniciativa conjunta del FMI y el Banco Mundial para los países pobres muy endeudados (PPME), se lanzó en 1996 para coordinar los esfuerzos de las organizaciones multilaterales y de los gobiernos, a fin de reducir a niveles sostenibles la carga de la deuda de los países pobres. Hasta ahora, los resultados son alentadores.
Antes de la Iniciativa PPME, los países elegibles gastaban, en promedio, poco más en el servicio de la deuda que en la educación y la salud combinadas. Ahora, la deuda de 28 países para los que se ha aprobado el alivio ha disminuido en un promedio de dos terceras partes, mientras que sus gastos en salud, educación y otros servicios sociales han incrementado a casi cuatro veces el monto del servicio de la deuda.
En 2005, la comunidad internacional fue más lejos al aprobar la
Iniciativa Multilateral para el Alivio de la Deuda (IMAD), que va a cancelar
en un 100% la deuda de muchos países pobres con el FMI, el Banco
Mundial y el Banco Africano de Desarrollo. Como resultado, el pasado diciembre,
el FMI aprobó el alivio total e inmediato para 19 países
--13 de África, 4 de América Latina y dos de Asia-- de todas
las deuda pendientes con el FMI, desembolsadas antes del 1 de enero de
2005. Hay otros países elegibles, y el FMI les está ayudando
a avanzar rápidamente para poder ser beneficiarios y se espera
que el alivio de deuda total sea de más de 5 mil millones de dólares.
Desde hace tiempo el FMI ha pedido a los países donadores que cumplan las metas de asistencia para el desarrollo del 0.7% del PIB. Algunos países ya lo han prometido, aunque sólo con el paso del tiempo; otros no están listos para ir tan lejos, pero han prometido más asistencia de la que en la actualidad otorgan. La comunidad internacional debe mostrar que cumplirá estas promesas. Los donadores deben otorgar la ayuda que los países en desarrollo necesitan con urgencia.
Al mismo tiempo, debemos asegurarnos de que los países en desarrollo utilicen eficientemente el alivio de la deuda y la asistencia. Una prioridad es asegurarse de que las aportaciones importantes de asistencia no produzcan resultados diferentes a los previstos, como una rápida apreciación de las divisas o una inflación, lo que podría hacer que las exportaciones de los países receptores fueran menos competitivas.
Pero los países receptores deben complementar los esfuerzos de los países donadores, y seguir haciendo su parte también, a través de reformas y políticas macroeconómicas sólidas, y con el mejor uso posible de los mayores niveles de asistencia. Los esfuerzos externos pueden ayudar a reducir la pobreza, pero, en última instancia, el impacto más importante en la reducción de la pobreza provendrá de los propios esfuerzos de los países de bajos ingresos para mantener un buen desempeño económico, una mejor administración, y desarrollar instituciones efectivas y estables.
Si cumplimos nuestras promesas, el 2006 puede ser un año de esperanza para aquéllos que no tienen nada más que el sueño de una vida mejor.
Copyright: Project Syndicate. *Director Ejecutivo
del FMI.
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