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Óscar Rodríguez Blanco s.d.b.*
El Diario de Hoy
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elsalvador.com
Los tiempos que estamos viviendo exigen grandes cambios a las personas, a las instituciones, a las estructuras de Gobierno, a las empresas, etc. Hay que ponerse al día utilizando todos los medios que la ciencia y la técnica proporcionan. Se nos pide tener una visión global de lo que sucede en el mundo y una mentalidad crítica ante la realidad que vivimos.
Todo se mueve con rapidez, el que no aprovecha se queda atrás, no triunfa, y como dice el refrán: “Camarón que se duerme, se lo lleva la corriente”. En esta euforia de cambios rápidos, necesitamos reorientar nuestra vida, dar calidad a nuestras opciones cristianas, y si es el caso, cambiar nuestra forma de pensar y de actuar. La cuaresma, que pronto vamos a inaugurar, es la ocasión propicia para este cambio.
El 1 de marzo será Miércoles de ceniza, escucharemos una vez más las palabras del profeta Joel: “Rasgad vuestro corazón, no vuestras vestiduras, volved al Señor vuestro Dios” (Joel,2,13). El rito tradicional de la imposición de la ceniza sobre nuestra frente con la exhortación “Acuér-date que eres polvo y al polvo has de volver”, o con la llamada a la conversión, “conviértete y cree en el evangelio”, nos recordará la caducidad de nuestra existencia humana, somos seres limitados y algún día tendremos que morir y dar cuentas a Dios de nuestras acciones.
La ceniza no es un rito mágico que borra los pecados, es un gesto austero que nos invita a asumir nuestros deberes cristianos y a ponernos en camino de conversión para pasar de la esclavitud del pecado a la libertad de los hijos de Dios, nos hace pensar en el origen de la acción creadora de Dios: “El Señor Dios tomó polvo del suelo y con él formó al hombre” (Gn. 2,7).
La palabra clave en tiempo de cuaresma es la “Conversión”. Se concretiza por un cambio de mentalidad para ser hombres nuevos y cambiar los esquemas con los que valorizamos a las personas ajustándolos a los criterios de Cristo, se caracteriza por la reconciliación con Dios y con los hermanos. El tiempo cuaresmal nos invita a dejarnos guiar por la Palabra de Dios, haciendo nuestras las prácticas características de este tiempo que son el ayuno, la limosna y la oración como medios que nos ayudan en el proceso de permanente conversión.
El recordado Papa Juan Pablo II, en una de sus catequesis cuaresmales, nos decía que “maduramos espiritualmente convirtiéndonos a Dios, y la conversión se realiza mediante la oración, como también mediante el ayuno y la limosna, entendidos adecuadamente”.
La oración nos enseña a volvernos a Dios, a mirarle y contemplarle. Cristo nos enseñó a orar con el ejemplo, oraba en la noche y oraba en el día. Antes de morir fue al monte de los Olivos y animó a sus discípulos orando de rodillas, y cuando éstos le dijeron, “Señor, enséñanos a orar”, les enseñó una oración sencilla y profunda a la vez, el Padre Nuestro.
El ayuno no es sólo privarnos de algunos alimentos, es sobre todo, privarnos de hacer el mal, ayunar de gastos innecesarios, de lujos superfluos, purificar nuestro vocabulario y dejar lecturas o programas dañinos para la salud espiritual. El ayuno, es sobre todo, solidaridad para con el pobre, el hambriento, el desnudo etc. La limosna nos hace mirar hacia las necesidades del prójimo, es el fruto del ayuno y de las privaciones que conlleva. Lo que ahorramos en tiempo de cuaresma pertenece a los pobres, a los que viven en situaciones infrahumanas, a los que sufren en el cuerpo, a los que te tienden una mano porque no tienen qué comer. Oración, ayuno y limosna deben ser signos de una realidad interior más profunda, que es la nueva actitud de volvernos hacia Dios.
Para nosotros los cristianos, la cuaresma es un tiempo de verdadero cambio, para poner en orden nuestra vida y salir de las confusiones que nos hacen vacilar en nuestra fe, para entablar relaciones auténticas, para restablecer diálogos rotos, para gozar de la paz y la armonía que sólo Dios puede dar. La presencia de Dios en el secreto de nuestro corazón será la verdadera alegría y la única recompensa que podemos esperar en esta cuaresma.
*Sacerdote salesiano.
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