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Almas gemelas

Johnny & June, pasión y locura, uno de los estrenos de hoy, cuenta la tormentosa vida del músico Jhonny Cash y su esposa. Tiene cinco nominaciones para el Oscar

Publicada 17 de febrero 2006, El Diario de Hoy

RItmo. Joaquín Phoenix y Reese Witherspoon son los personajes principales de la película. Foto EDH

Claudio Martínez
El Diario de Hoy
vida
@elsalvador.com

No le quedaron dudas. Mientras veía Gladiador, Johnny Cash se convenció de que si algún día iban a hacer una película sobre su vida, el actor más idóneo para encarnar su persona era Joaquín Phoenix, quien en esa cinta interpretaba al cruel emperador Commodus y por la que recibió una nominación al Oscar en el año 2000.

Cash, que fue una leyenda del rock y la música country de Estados Unidos, aunque nunca tuvo el despegue internacional de sus contemporáneos Jerry Lee Lewis o Elvis Presley, jamás pudo conocer en persona a Phoenix y mucho menos ver la obra finalizada: murió en 2003, cuando el proyecto cinematográfico estaba estancado por diversos motivos. Sin embargo, se cumplió su voluntad.

El resultado es Johnny & June, pasión y locura, una película que recibió una gran respuesta del público, excelentes críticas y ha sido nominada para cinco Oscars. Algo que nadie imaginó cuando el director James Mangold decidió embarcarse en esta aventura de bajo presupuesto. Pero más allá de lo que ocurra el 5 de marzo, día en que se entregan las estatuillas, el nombre Johnny Cash está en boca de todos, como en sus mejores años. Además, todavía está fresco el recuerdo de Ray, la película sobre otro músico, Ray Charles, que le dio el Oscar a Jamie Foxx por su interpretación.

Apuesta de riesgo

La apasionante y turbulenta vida de Cash era digna de ser filmada. Y si nadie se había atrevido a dar antes el primer paso es simplemente porque cuando Hollywood se ocupa de las leyendas, prefiere que éstas ya estén bajo tierra. Johnny se crió en los campos de algodón de Arkansas, con un padre alcohólico, una madre devota por la música y la muerte de un hermano que lo marcaron a fuego.

Dejó su casa, se enroló en el ejército y fue enviado a una base militar en Alemania durante la Guerra de Corea. En Europa, en su época de soldado, compró su primera guitarra, aprendió a tocarla sin necesidad de maestros y empezó a componer. Al volver se radicó en Memphis, donde se ganaba la vida como vendedor ambulante hasta que firmó contrato con la famosa disquera Sun Records, la misma que le dio la primera oportunidad a un tal Elvis Presley, nacido en esa ciudad.

La película, cuyo título original es Walk the line en homenaje a una de sus canciones más famosas, le dedica buena parte de sus 136 minutos a la relación con la cantante June Carter (Reese Witherspoon, famosa por Legalmente Rubia), por años su amante hasta que luego se convierte en su esposa y guía; pero también se ocupa de su vida descontrolada, especialmente por su adicción a las drogas.

Mangold no se ha caracterizado por hacer películas brillantes -en su filmografía están las olvidables Tierra de Policías e Inocencia Interrumpida, entre otras-, pero todos coinciden en que es un excelente director de actores. Y hay dos ejemplos que lo avalan: hizo un verdadero milagro al lograr que Sylvester Stallone (Tierra de Policías) actúe bien y le hizo ganar un Oscar a Angelina Jolie (Inocencia Interrumpida). Joaquín Phoenix y Reese Witherspoon, quienes aquí trabajaron bajo sus órdenes, no dejan de agradecerle: ambos están nominados para la edición de este año.

Ninguno de los dos actores quería cantar ni confiaban en sus propios atributos, pero Mangold los convenció y el resultado superó todas las expectativas. “Negarles a Joaquín y a Reese su propia voz en las canciones hubiera sido la antítesis del realismo que queríamos conseguir”, se justifica el director.

El gran reto de Phoenix fue captar cada uno de los particulares movimientos de Cash, sobre todo el modo de tomar la guitarra. “El que haga mi parte -le pidió el músico a Mangold en las pláticas previas- tiene que saber cómo sostenerla.

No debe hacerlo con miedo, como si tuviera un bebé y que cree que se le puede caer, la tiene que tomar como quien agarra a alguien por el cuello”. Phoenix hizo los deberes. “Me tuve que familiarizar con la guitarra porque me di cuenta de que era como una extensión del cuerpo de él”, explicó.

Más que un tributo al músico, la película es el vehículo ideal para que un ícono norteamericano de consumo interno como Johnny Cash finalmente extienda sus fronteras hacia el mundo globalizado.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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