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Desde Washington
Nuevo papel del Banco Mundial
Si el Banco Mundial termina poniendo en práctica ideas menos
ortodoxas, los estados asumirán mayores responsabilidades pero
también enfrentarán nuevas condiciones.
Publicada 17 de febreo 2006 , El Diario de Hoy
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Marcela Sánchez*
El Diario de Hoy
editorial@
elsalvador.com
El Banco Mundial anunció esta semana que América Latina
necesita reducir la pobreza para fomentar el crecimiento. Para algunos
esa declaración sólo puede significar que la institución
internacional de préstamo acaba de descubrir el agua tibia. Pero
la verdad es que para el Banco representa un gran cambio.
Por más de 15 años, el Banco Mundial ha ofrecido préstamos
a países que prometan suprimir barreras comerciales, liberalizar
y privatizar la industria y adoptar planes de austeridad, que detengan
el déficit presupuestal y reduzcan la inflación. Estas reformas,
que llegaron a conocerse como el Consenso de Washington, debían
desatar el potencial económico de países en desarrollo y
estimular el crecimiento.
Muchos países latinoamericanos aceptaron los préstamos y
adoptaron las reformas. Pero éstas no produjeron las consecuencias
deseadas. El desempeño de América Latina ha sido decepcionante
particularmente en comparación con el dinámico crecimiento
económico de los países asiáticos. La región
tiene ahora “las más elevada tasa de desigualdad en el mundo”,
con un cuarto de la población que vive con menos de $2 dólares
al día, de acuerdo con el Banco Mundial.
Los autores del informe del Banco Mundial, “Reducción de
la pobreza y crecimiento: Círculos virtuosos y círculos
viciosos,“ reconocen que ningún país puede crecer
lo suficiente como para salir de esa situación y que la pobreza
puede ser una inmensa carga en la economía y por consiguiente en
el crecimiento. Regiones pobres que carecen de infraestructura no son
capaces de atraer inversiones. Familias pobres, que afrontan la doble
desventaja de una mediocre calidad escolar y altos costos, no invierten
lo suficiente en la educación de sus hijos.
Y, como ha quedado particularmente claro en los últimos años,
países incapaces de reducir las disparidades en los ingresos, enfrentan
el agravamiento de las tensiones sociales que a su vez hacen peligrar
los negocios. Tal como los autores lo cuantifican, si los niveles de pobreza
aumentan en un 10 por ciento, la tasa de crecimiento cae en un 1 por ciento
y las inversiones se reducen hasta en un 8 por ciento del PIB.
Que el crecimiento no es la panacea y que la inequidad debe ser atendida
directamente son dos de las conclusiones del informe. La tercera es que
el Estado debe asumir mayor responsabilidad. “Transformar el Estado
en un agente que promueva la igualdad de oportunidades y practique la
redistribución eficaz es quizás el desafío más
urgente que enfrenta América Latina, a la hora de poner en marcha
mejores políticas que estimulen el crecimiento y al mismo tiempo
reduzcan la desigualdad y la pobreza”, indica el informe.
Al promover mayor responsabilidad del Estado particularmente en la redistribución
de la riqueza, el Banco Mundial parece coincidir con otras instituciones
multilaterales y líderes en la región. José Antonio
Ocampo, secretario general adjunto de las Nacionales Unidas para Asuntos
Económicos y Sociales, dijo en una entrevista después de
un evento auspiciado por Naciones Unidas a principios de mes que “hoy
la mayoría (de líderes en América Latina) reconoce
que el Estado tiene una función cada vez más importante
para enfrentar el tema de la desigualdad.”
El giro hacia la izquierda en recientes elecciones latinoamericanas puede
entenderse bajo esta luz. Incluso en Chile, el gran éxito económico
en la región, la Presidenta electa de la izquierda, Michelle Bachelet,
enfatizó la necesidad de no tener que escoger otra vez entre crecimiento
y equidad. (Para ser justos, su rival conservador no estaba en desacuerdo;
de hecho prometía hacer la reducción de la desigualdad económica
por medio de subsidios estatales su principal objetivo).
Los autores del informe del Banco Mundial destacan que ya existen programas
de “intervención” en lugares como Brasil, Colombia
y México que logran ser “tanto pro-pobres como pro-crecimiento”.
Estos programas proporcionan dinero a familias muy pobres bajo la condición
de que sus hijos permanezcan en la escuela y que reciban un mejor cuidado
de salud. En vez de generar dependencia o aumentar la tasa de nacimientos,
como temían algunos críticos, los programas han “aumentado
el capital humano” en regiones de alta pobreza.
Está todavía por verse si el Banco termina poniendo en práctica
estas nuevas ideas. Después de todo el informe no es un repudio
al Consenso de Washington sino la admisión de que ha sido insuficiente.
La organización World Development Movement encontró en un
análisis publicado en el otoño que de las 450 condiciones
que el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional impusieron en
sus acuerdos con 50 países, sólo 11 no estaban basadas en
la fórmula ortodoxa del Consenso de Washington.
Si el Banco Mundial termina poniendo en práctica ideas menos ortodoxas,
los estados asumirán mayores responsabilidades pero también
enfrentarán nuevas condiciones.
*Columnista del Washington Post.
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