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| El problema. Muchos de los cargamentos de
este cultivo van a parar a manos de narcotraficantes. Foto
The New York Times |
Juan Forero
BOLIVIA.- /The New York Times
El Diario de Hoy
internacionales@elsalvador.com
Apenas unas cuantas semanas atrás, tropas del Ejército
de Bolivia descendieron a toda velocidad sobre la granja de Severino Marquina
y, uno a uno, arrancaron de la tierra los arbustos de coca.
"El comandante dijo: "Corten esto", y así lo
hicieron", relató Marquina, de 54 años, desde su pequeño
trozo del Chapare, región cocalera del tamaño del estado
de Nueva Jersey, localizado en el centro de Bolivia. Pero, después
de la toma de posesión del presidente Evo Morales, el 22 de enero,
las tropas destacadas para la erradicación de hoja de coca, como
parte del combate a las drogas financiado por Estados Unidos, más
bien pasaron sus días relajándose en aisladas bases.
"Esperamos las órdenes del Presidente", dijo el capitán
César Cautín, el comandante de un grupo de 60 soldados.
Morales, indígena aymará, no ha suministrado muchos detalles
acerca de su estrategia, a no ser por asegurar que su gobierno "despenalizará"
el cultivo de coca, pero aplicará una política de tolerancia
cero hacia el narcotráfico: en otras palabras, "sí
a la coca, no a la cocaína".
Él se ha opuesto desde hace mucho tiempo a los esfuerzos de erradicación
por parte de Estados Unidos y ha defendido la hoja de la coca, misma que,
sin el considerable procesamiento de la cocaína, no tiene efectos
que alteren la mente y se masca aquí para mitigar el hambre e incrementar
el vigor.
Él ha jurado que pugnará por la apertura de mercados en
gobiernos extranjeros para los muchos productos legales que se pueden
fabricar a partir de la coca, como jabón, champú, pasta
de dientes y harina. Asimismo, él quiere abrir mercados para el
té de coca, mismo que es legal y popular en los Andes.
Todas las formas de coca, que tiene un leve efecto estimulante, han sido
incluidas en una lista negra que lleva la Organización de Naciones
Unidas desde 1961.
Morales está a la espera de los resultados de un estudio financiado
por la Unión Europea para precisar justamente cuánta coca
necesitan los bolivianos para aplicaciones tradicionales y legales, antes
de decidir si el cultivo de la coca pudiese aumentar.
El principal objetivo
Pero, con el fin de mantener buenas relaciones internacionales y atraer
inversionistas, Morales debe encontrar una forma de brindarles tranquilidad
a gobiernos e inversionistas extranjeros en cuanto a que Bolivia controlará
el narcotráfico -- en particular, a vecinos como Brasil, que es,
después de Estados Unidos, el segundo mayor consumidor de cocaína,
y al mismo Estados Unidos, que invierte hasta 1,000 millones de dólares
al año en el combate de la cocaína en los Andes. Como una
forma de empezar, Morales nombró a Felipe Cáceres, uno de
los ex alcaldes del Chapare y pequeño agricultor cocalero, para
el nuevo puesto de viceministro de coca, para que supervise el combate
al narcotráfico, nombramiento que Washington respaldó.
El Gobierno estadounidense, que desde hace varias administraciones ha
argüido que solamente decisivos programas de erradicación
e intercepción controlarán el tráfico, desdeña
la postura de Morales en cuanto a "sí a la coca, no a la
cocaína".
"Resulta difícil ver cómo podría funcionar
esta idea, en cuanto a que él va a ir detrás de los narcotraficantes
pero va a permitir que la coca florezca", notó un prominente
asesor del Congreso en Washington, el cual contribuye con la formación
de la política antidrogas y habló bajo la condición
de mantenerse en el anonimato, ya que no tiene autorización para
efectuar declaraciones. "Es un enfoque soñador e ingenuo,
permitir que la flor prospere y prohibir el aroma".
Algunos legisladores estadounidenses temen que el progreso logrado en
contra de la coca en Colombia -donde el cultivo se ha reducido de manera
considerable- pudiera verse alterado por un estallido del cultivo en Bolivia,
aunado a un repunte en el tráfico ilegal.
Según estimados, actualmente se cultivan 26,467 hectáreas
de coca en Bolivia, de las cuales solamente la mitad se realiza de manera
legal, para los usos tradicionales.

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