
El
Diario de Hoy
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En Managua el acuerdo se antoja imposible. Así lo están
demostrando los acontecimientos: el paro de transporte suma la segunda
semana, y el de médicos ya perdió la cuenta.
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| Con imaginación. En bicicleta o a
caballo. A falta de autobuses, aquellos usuarios del transporte
público que no pueden permitirse un taxi se las ingenian
para llegar a tiempo a sus trabajos. |
Hace más de tres meses que los pacientes que acuden a los hospitales
del Ministerio de Salud se encuentran con que sólo se atienden
emergencias. Los especialistas no pasan consultas y las cirugías
concertadas no tienen lugar.
Desde el lunes 6 de febrero, los transportistas ponen como condición
un subsidio de 20 millones de córdobas mensuales, el equivalente
a 1.1 millones de dólares, para volver a poner las unidades en
funcionamiento. O piden, como alternativa, el aumento del pasaje, de 2.50
córdobas que cuesta en la actualidad, a 3.50 (15 a 20 centavos
de dólar).
Por su parte, los médicos exigen el aumento del 30% de su salario,
y un incremento proporcional al año, “hasta igualar sus salarios
con los de los colegas centroamericanos”, explica Lester Espinosa,
vocero de la Federación de Médicos Pro-Salario.
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| Incomodidad. Al término de la jornada
laboral, 6 p.m., todo se complica. |
Ambos gremios coincidieron a la hora de escoger el método reivindicativo:
la huelga.
Así, los autobuses hacen tiempo parqueados en las diferentes salidas
de la ciudad, y sus conductores y propietarios aumentan eventualmente
la tensión con aisladas quemas de llantas.
Los galenos, desalojados del edificio Concepción Palacios del Ministerio
de Salud que habían ocupado el viernes, permanecen hoy fuera de
las instalaciones. Cinco de ellos, además, se preparan para la
huelga de hambre que comenzarán entre mañana y el viernes.
Mientras, de los despachos de aquellos que toman las decisiones que pueden
terminar con las huelgas, o prolongarlas, no sale una respuesta unánime.
Y cada día nuevas propuestas vienen a sumarse a las que ya se están
debatiendo en la que han denominado mesa de diálogo nacional, entre
la Alcaldía, el Ejecutivo, representantes de la Asamblea Legislativa,
y los gremios interesados.
Fragmentos
Son muchas las imágenes que ilustran dos paros que tienen en
ascuas al país vecino. Bajo estas líneas, tres de los
momentos que en los últimos días se han vuelto habituales
en Managua: los ánimos caldeados de los médicos y la
espera de los buseros. |
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- Alboroto
El viernes, unos 300 médicos Pro Salario ocuparon el Ministerio
de Salud a gritos de “esto no es política, queremos
salario”. El domingo fueron desalojados.
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- Descanso
En hamacas colgadas en el interior de los autobuses les está
tocando dormir a los motoristas. Otros hacen turnos para soportar
los ya nueve días de guardia.
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- Inactivos
La segunda semana sin cobrar centavo alguno desespera más
que el ocio a los conductores de los buses capitalinos. Les queda
hacer tiempo mientras llegue el acuerdo.
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Para los médicos se mantiene la oferta de aumentar el sueldo en
un 13.75%, suma que los galenos que decidieron no cesar su actividad ya
están cobrando.
Y la última en materia de transporte es completar el subsidio con
parte de los 2 millones de dólares que el Gobierno nicaragüense
percibe por el arrendamiento de Petronic (petrolera nacional que alquila
una empresa mexicana), y con el excedente de ganancias que le quedan del
impuesto que pagan las petroleras internacionales. Se baraja tam bién
establecer pasajes diferenciados: de 2.50, 4 y 5 córdobas.
Con ello, la mañana del domingo quedó rechazada la alternativa
que parecía la más viable; la propuesta del alcalde de la
capital, el sandinista Dionisio Marenco.
El edil, con el respaldo del Concejo Municipal, apostaba por aplicarle
un impuesto del 5% al precio del combustible que consumen los particulares,
para subsidiar a los transportistas. “Creo que es una medida de
equidad hacer que 100 mil carros (número de vehículos en
todo el país) subsidien a 850 mil pasajeros (usuarios del transporte
público en la capital)”, respondía Marenco a El Diario
de Hoy, al preguntársele sobre lo justo de hacer que el país
entero sustente a la capital.
Minutos antes, en rueda informativa, se había aferrado de que “no
se puede trasladar ese costo a los ciudadanos”, para justificar
su rechazo al aumento del pasaje. Una medida a todas luces antipopular
en un contexto pre electoral.
Mientras, el presidente Enrique Bolaños resumía su postura:
“el transporte es responsabilidad de la Alcaldía. Yo me meto
como Jefe de Estado solamente”.
Todo por la gasolina
Las seis de la tarde solía ser la hora en la que los buseros de
Managua hacían la caja del día. Hoy es la novena jornada
en la que se acuestan en hamacas colgadas en el interior de los buses
parqueados sin embolsarse ni un cinco; desde el seis de febrero, cuando
se comenzó a escribir el último capítulo de una intermitente
huelga de transporte público, motivada por el alza internacional
del precio del petróleo.
Con el paro tampoco se benefician los taxis, porque “hay sobre oferta”.
Así lo explica Francisco Mendoza, taxista capitalino. Los conductores
de los 8,000 taxis que abastecen Managua están haciendo doble turno
desde que comenzó la huelga. “Antes trabajaba ocho horas
y sacaba 150 córdobas, hoy consigo lo mismo en doce horas”,
se queja.
Hoy los que ganan son las camionetas “pirata”. Destartalados
pick up con matrícula particular apretujan en sus camas a todos
aquellos usuarios que no se pueden permitir la comodidad de un taxi para
ir y regresar de sus trabajos. Ganan, según el conductor de un
roñoso Toyota, entre 300 y 400 córdobas diarios. Directos
al bolsillo, sin impuestos.
Mientras, pierden los de siempre. Cientos de usuarios se ven obligados
a pagar el doble –cinco córdobas– por el pasaje.
Transporte público
Este es el perfil del servicio actual.
- El paro del transporte afecta solamente a Managua. Los buses interurbanos
siguen circulando.
- Desde que se nacionalizó, el servicio de transporte público
está en manos de 33 cooperativas, conformadas por 30-40 socios,
propietarios de un par de autobuses cada uno.
- Unas mil 200 unidades permanecen inactivas.
- Los autobuses son de segunda mano. La mayoría fue fabricada en
la década de los 80.
Ya no atienden ni a las embarazadas
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| Reclamos. El 75% de los médicos no
acepta el aumento propuesto. |
A Marta Mendoza se le rompió la fuente el viernes por la noche,
aunque todavía le faltan dos meses para terminar su embarazo. El
sábado al mediodía aún no había sido atendida
en la unidad de emergencias del hospital capitalino Bertha Calderón.
“Estoy asustada, porque siento que ya no se me mueve el niño”,
mostraba su preocupación.
Ella, como las otras tres jóvenes embarazadas que esperaban su
turno a las puertas de la unidad, cumplen con el perfil del paciente de
la “ruta crítica”, única actividad que se mantiene
en los hospitales públicos desde que los médicos Pro Salario
endurecieran las medidas.
Estos, inconformes con el aumento del 13.75% que les ofrece la Ministra
de Salud, Margarita Gurdián, se autoproclamó de “brazos
caídos”. Conforman el 75% de la fuerza laboral.
El 14 de noviembre, cuando inició el paro, estos dejaron de atender
consultas externas. Después suspendieron las cirugías concertadas.
Hoy, en cada uno de los once hospitales de Managua se dejan de recibir
400 pacientes al día, y se quedan entre 20 y 30 cirugías
sin realizar.
Y el 25% de los médicos que se mantienen activos no dan abasto
para atender con eficacia a los pacientes urgentes como Marta.
“En el Minsa estamos preocupados de que se desatienda la ruta crítica
por andar en manifestaciones”, achacaba el Secretario General del
Ministerio de Salud, Enrique Alvarado, a los médicos que ocuparon
las instalaciones. A la ministra “se la había tragado la
tierra”.
“Nos empujan a tomar estas medidas, porque se están burlando
de nosotros”, le contestó Elio Artola, principal dirigente
de los Pro Salario. Se refería a que el ministerio no paga su sueldo
a los cerca de 1,000 galenos que se están en huelga. “Estamos
amparados (por la Corte Suprema de Justicia), es ilegal que no nos paguen”,
añadía.
La primera huelga fue en 1998, a raíz de la cual los médicos
consiguieron un acuerdo con el Gobierno. Éste se comprometía
a aumentar 100% el salario el primer año y 50% el siguiente. No
se cumplió.

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