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Economía para todos
PIB, ¿exactitud?..., y Stones

Ese tipo de mediciones funcionaba relativamente bien en economías no tan competitivas, para contabilizar producciones tradicionales, tales como toneladas de acero, quintales de azúcar, cajas de crema dental

Publicada 14 de febreo 2006 , El Diario de Hoy

Alejandro Alle*
El Diario de Hoy

editorial@ elsalvador.com

En la última edición de The Economist aparece un artículo acerca de los cada vez más inconducentes resultados que producen en las economías actuales los cálculos utilizados para determinar el PIB, o “producto interno bruto”, denominación con la cual se hace referencia a la actividad económica de un país.

Esos cálculos deberían, supuestamente…, brindarnos exactas respuestas (¡cómo no!, dirán algunos, si son numéricas…) acerca de la riqueza generada en dicho país, y del bienestar alcanzado por su población. ¿Será? Mmh…

El mencionado artículo se titula “Grossly distorted picture”, que es algo así como “fotografía groseramente distorsionada”, lo cual es un ingenioso juego de palabras debido a que sus iniciales en inglés no casualmente coinciden con las de “Gross domestic product”…, que es justamente PIB en ese idioma.

Su acertado mensaje es que el PIB muestra una fotografía muy borrosa de la realidad económica que pretende medir, siendo destacable que no se refiere a ningún país en particular (los latinoamericanos solemos padecer de ombliguismo, y creemos que siempre hablan sobre nosotros…), sino a todos los países en general.

Es que así como el escándalo contable de Enron originó muy justificadamente que en el mundo corporativo se produjera una explosión similar al Big Bang con que comenzaron los tiempos del universo…, existen también muy sólidos cuestionamientos en todo el planeta a otra contabilidad que brinda resultados cada vez más falsos…, como es el caso de “las cuentas nacionales”.

¿Qué son las cuentas nacionales? Son herramientas de cálculo cuya utilización por parte de los gobiernos de todo el mundo se masificó luego de la Segunda Guerra Mundial, siendo el PIB un ejemplo clásico.

¿Cómo se calcula el PIB? Sumando anualmente todo lo que se consume en un país, más todo lo que se invierte dentro de sus fronteras, más todo lo que se exporta (porque aunque lo consumirá John, de New Jersey, fue producido por Juan, de Santa Ana…), y restándole todo lo que se importa (porque aunque lo consumirá José, de San Miguel, fue producido por Giuseppe, de Roma…) ¿Siamo pronti?

Ese tipo de mediciones funcionaba relativamente bien en economías no tan competitivas, para contabilizar producciones tradicionales, tales como toneladas de acero, quintales de azúcar, cajas de crema dental, e inclusive cortes de pelo. Pero hoy las cosas de mayor valor ya no se miden en toneladas…

La razón por la cual los cálculos numéricos del PIB muestran cada vez mayor incapacidad para reflejar adecuadamente la realidad, es que quienes los elaboran no tienen forma de considerar las innumerables y permanentes mejoras en la calidad, así como en la variedad, de los bienes y servicios que se ofrecen en una economía moderna.

A los efectos de esos cálculos todo carro es, digamos, un “Toyota azul”, no importando que ahora tenga frenos antibloqueo y air bags. ¿Resultado? Aumento del bienestar, no cuantificado.

Tampoco consideran dichos cálculos la constante adaptación de las empresas a los crecientes requerimientos de sus clientes. ¿Ejemplo? Super-mercados abiertos los domingos, entregas de medicamentos a domicilio, o seguimiento electrónico de envíos.

¿Resultado? Aumen-to del bienestar, tampoco cuantificado.
Asimismo, esos cálculos ignoran completamente ciertas variables cualitativas, aunque de gran incidencia en el bienestar de las personas, pues el PIB no mide, por ejemplo, variaciones en el nivel de delincuencia ni de contaminación ambiental.

Esta discusión no es nueva, al punto que fue el tema central del reporte anual de 1996 del Banco de Dallas de la Reserva Federal, escrito por su vicepresidente W. Michael Cox, con quien varios colaboradores de este diario tuvimos oportunidad de conversar hace pocos meses, durante su visita a El Salvador.

¡Por favor!, no confundir con Michael Fox…, el de “Volver al futuro”, si bien es cierto que ambos se caracterizan por leer bien el porvenir.

Es por ello sorprendente ver tanta discusión (¡con precisión decimal!...) sobre un indicador que “indica” cada vez menos cosas. ¿Numerología esotérica de los tiempos modernos? (¡oops!).

También en las contabilidades nacionales debería producirse un Big Bang, pero más grande que el de Enron. Digamos, un “Bigger Bang”, como el último disco de los Rolling Stones, pues independientemente del valor numérico que les ¿inventen?, con estos indicadores obsoletos, “I can get no satisfaction”.
Hasta la próxima.

*Ingeniero. Máster en Economía (ESEADE, Buenos Aires). Columnista de El Diario de Hoy. alejandro_alle@yahoo.com

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