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PALABRAS
EL LABERINTO DEL DESTINO
Cada día nos estresa el laberinto de esta civilización
absurda y maravillosa, amorosa y cruel, sabia e insensata, libre y prisionera.
Publicada 13 de febreo 2006 , El Diario de Hoy
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Carlos Balaguer
El Diario de Hoy
editorial@
elsalvador.com
Y --como el urbanita de todos los días-- tendremos que atravesar
eternamente el laberinto mágico de nuestra felicidad.
Y no sabremos qué camino tomar, si el de la ciudad sensata o insensata;
si el sendero de la urbe amorosa o el de la cruel; si los pasadizos luminosos
de su libertad o sus sombríos calabozos de su prisión existencial.
A diario nos perdemos en ese laberinto trágico de nuestra felicidad.
La misma maraña de pasiones, el mismo mercado del amor que a diario
cambia el precio. Nos confunden las consignas del mercado: compra esto
o aquello si quieres ser dichoso. Y aprendemos a amar mercancías,
metales, ídolos y bisutería.
Y el mismo embrollo nos lleva a los vendedores de la fe: nos dicen tantos
nombres de Dios y nos venden la idea. Pero al final, hasta el camino al
Padre perdemos en el laberinto del destino. Y en la misma maraña
urbana nos confundimos entre los otros buscadores del paraíso.
Al final sólo aquellos que salgan del laberinto podrán ser
felices.
Entre tanto, debemos resolver el enigma. Encontrar la salida del enredo
y de la confusión para llegar al ideal.
(palabrasbalaguer@gmail.com)
Día a Día
PRECIOS DEL MERCADO
Así como nos maravillamos de la uniformidad de precios en un territorio,
hay que asombrarse de otra realidad: cómo cada mañana, sin
que nadie los ponga de acuerdo o lo planifique, centenares de miles de
personas van a ofrecer sus servicios y productos a los mercados sin que
sobre mucho o falte mucho.
Esto es posible precisamente gracias a los precios, que son la única
señal o mandato infalible en una economía, lo que dice a
toda la gente lo que quiere la gente.
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