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Orientando
La importancia de la formación

La formación es necesaria para actualizarse. Debe formar parte de nuestra vida y para que sea una inversión, debe ser práctica, útil y rentable y, además, requiere de tiempo, concentración y participación

Publicada 12 de febreo 2006 , El Diario de Hoy

Pedro Roque*
El Diario de Hoy

editorial@ elsalvador.com

La formación debiera ser una parte de nuestra vida empresarial y profesional. Quiero decir, que cada uno debiéramos prever un determinado tiempo del día, la semana, el mes y el año para formarnos más y mejor. Tendría que ser obligatorio “planificar” el tiempo y la inversión para actualizar nuestros conocimientos y aprender nuevas materias o profundizar en las que ya sabemos.

En el congreso “A las puertas del TLC”, que se celebró recientemente, escuché las ponencias del Lic. René Salazar y del Lic. Luis Alberto Gutierrez, así también, dos presentaciones de las empresas Droguería Hermel y Panadería Santa Eduvigis, explicadas por el Ing. Alejandro Montalvo y don Pablo Durán. Pues si tuviéramos una escala para medir lo que normalmente debe saber un empresario o un profesional, para desempeñarse en nuestro entorno salvadoreño y lo que tiene que aprender, para realizar en el mercado mundializado, el salto cualitativo es relativamente grande.

Por la relación de temas y asuntos, que yo sé por mi propia experiencia en consultoría, y los que entendí vienen ligados al comercio internacional, un empresario que desee exportar, debe aprender sobre los nuevos sistemas para la gestión de la calidad, los asuntos contables con las normas internacionales de contabilidad, las leyes y reglamentos que regulan los tratados de libre comercio, las nuevas leyes y reglamentos aduanales y fiscales, los sistemas, las técnicas y las herramientas para mejorar la rentabilidad, manejar los programas básicos de procesamiento de textos y hojas de cálculo, aprender a hablar inglés por lo menos a nivel básico, los adelantos en la fabricación de sus productos o prestación de servicios en la Internet, las normas nacionales o internacionales que regulan la fabricación de productos, lo relacionado con sus productos y la gestión medioambiental.

Estos temas, digamos de forma generalizada, pero además, también deben conocer una serie de asuntos más específicos, relacionados son los productos o servicios a los que se dedican. Pues sumándolo y traduciéndolo a horas, cálculo que cada empresario debe prever entre seiscientas y mil horas de formación en los próximos dos años. Esto significa --respire profundo para asimilarlo-- por lo menos una cuarta parte del tiempo que dedica a su trabajo normal.

¿Cuál es el problema para conseguirlo? Varios. El primero, el tiempo. ¿De dónde obtenerlo? La respuesta es sencilla: Me lo aclararon en Alemania hace muchos años, cuando una vez se me ocurrió decir que no tenía tiempo. Sencillamente me respondieron: “Tu tiempo es tu responsabilidad, tú eres el único responsable de cómo manejas tu tiempo y en qué lo inviertes”. La solución: hay que distinguir entre las cosas que tiene que hacer uno y las que se pueden delegar.

El segundo problema es la inversión. En relación con este punto, se está produciendo un fenómeno complicado en nuestro país. Muchos siguen confundidos, creyendo que la formación es gasto. Gran error, la formación es una de las mejores inversiones que uno puede hacer. Toda mi formación, después de la universidad, me la he pagado de mi bolsillo y estoy seguro que ha sido una de las mejores inversiones que he hecho en toda mi vida.
La tercera confusión, es que la tiene que pagar el INSAFORP. Hombre, si lo que necesito saber o aprender, está contemplado dentro de sus programas y aún llego a tiempo con los plazos, es razonable solicitar los apoyos posibles, pero supeditarla a que si no la paga el INSAFORP no se hace, puede ser muy arriesgado.

Me comentan consultores que trabajan en formación, que la primera pregunta que hacen los participantes potenciales cuando se interesan por un curso es: “Si lo paga el INSAFORP”. Si la respuesta es “SI”, la conversación sobre el contenido del seminario continúa. Pero si la respuesta es “NO”, se termina la conversación con un “entonces no me interesa”. ¿Qué les parece? Como si quien se beneficia ra fuera el INSAFORP.

La cuarta confusión, es que un seminario debe ir acompañado de una gran comida. ¿Cómo fue el seminario? La comida estuvo bien, responden. Evidentemente, la comida debe ser buena, pero también lo debe ser la enseñanza.

Concluyendo, la formación es necesaria para actualizarse. Debe formar parte de nuestra vida y para que sea una inversión, debe ser práctica, útil y rentable y, además, requiere de tiempo, concentración y participación.

¿Hace cuánto tiempo hizo algo por su formación? Según el tiempo, así su preocupación por usted mismo y su nivel de actualización.

*Ingeniero y columnista de El Diario de Hoy.

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